XIX PRUEBA DE FONDO LA INDUSTRIAL (4/02/2007)

La ciudad de Armilla acogía esta mañana de domingo la primera prueba del GPF 2007 de Diputación, como viene siendo habitual. Esta prueba, tal vez por ser la primera del Circuito aglutina un espectacular número de corredores, algo que es más común en carreras de ciudades más grandes pero no tanto en poblaciones como la de Armilla que no supera los 20.000 habitantes. Es también atractivo el recorrido llano de esta prueba, así como las buenas comunicaciones por carretera que existen para llegar a esta próspera ciudad, escorada junto a Granada hasta el punto que no es factible reconocer cuando estamos en un término municipal o en otro. De hecho, será esta población la que albergará en el futuro uno de los centros comerciales más importantes de Andalucía. Tanta ha sido la importancia de este centro, de nombre Nevada, que la ansiedad de poder, gloría y dinero parece ser que han eclosionado con esa balanza simétrica que sostiene una dama con los ojos vendados y que llaman Justicia, esa diva que en ocasiones, muy raras ocasiones, suele mostrar su semblante más serio y formal ante tanta estulticia que brota a su alrededor en el asunto del ladrillo. Esa dama idealizó durante muchos años mi inquietud intelectual y por ella era citado a diario, en la Plaza de la Universidad de Granada, pero con el paso de los años se demostró que sus postulados a veces eran engullidos por esas poltronas que propiciamos con nuestro voto cada cuatro años y otras veces eran sus postulados tan enrevesados que se ahogaban por sí solos. Por eso, cuando esta mañana pasaba junto al engendro del futuro parque Comercial Nevada, abrigaba la posibilidad de que esta buena dama vuelva por sus fueros y no olvide más sus citas.

Vista aérea del futuro Centro Comercial Nevada, en construcción.

     Por tanto, si tuve tiempo para pensar en todo eso mientras conducía significaba que iba relajado y con tiempo suficiente, una vez aprendida muy bien la lección del pasado domingo en Almería pero, claro, no eran los mismos kilómetros y tampoco la climatología era la misma. Por eso cuando estaba en los aledaños de la Ciudad Deportiva de Diputación y aún veía a los operarios colocando las vallas para sellar el recorrido pensé que iba con bastante margen, situación muy distinta a la del domingo pasado ya que en los aledaños del Estadio de los Juegos del Mediterráneo de Almería lo que podía contemplar era voluntarios y protección civil, así como Policía Local, apostados en sus lugares de referencia, situación que denotaba la inminencia del comienzo de la prueba. En Armilla no es difícil aparcar, pero el premio obtenido por llegar temprano consistió en un aparcamiento muy cercano al enorme globo de Cruzcampo que actúa de salida y llegada. Por tanto pensé: hoy te está saliendo todo bien, ya sólo falta que tengas buenas sensaciones en la carrera, pero como en la vida casi nada es perfecto, esas buenas sensaciones brillaron por su ausencia, debido a la falta de entrenamiento de los últimos meses, desde mi mudanza, más que al ritmo de competición, ya que en los últimos tres meses han sido tres los medios maratones recorridos y varias carreras cortas más.

     En los alrededores de la línea de salida ya había un ambiente excelente de carrera y todo indicaba que sería muy importante el número de participantes, calculo que sobre los 700 u 800. Pronto vi a Alejandro Casares, muy diligente él, entregando los dorsales a los miembros del Club Esquí Caja Rural que hoy parece ha hecho pleno, o casi. Observé que mi dorsal, como sabía, no sería el 96 como la edición anterior, sino el 165. Pues muy bien, me dije, ese será el número que me acompañará todo el año y el que sufrirá cientos de pinchonazos de los imperdibles. Ahora tocaba ir a por el chip, que será el sistema de medición este año, mucho más preciso que la pistola de códigos.

     Llegar pronto da para mucho. Jose (Oliver) y quien esto suscribe fuimos a ver si podíamos tomar un café, buen metabolizador de grasas dicen, pero el bar de la Ciudad Deportiva a esas horas estaba bastante lleno, así que comprendiendo que nos servirían tarde desistimos.   Por tanto, tocaba calentar un poco, algo muy necesario en carreras cortas, para posteriormente dirigirse al coche y despojarse de las ropas de calentamiento.

      Al poco se dio el pistoletazo de salida. La salida ha sido tumultuosa, recordando un poco a la de S.Antón, en Jaén, sin llegar a esos niveles; no había reparado en ello pero pronto observé que había salido bastante atrás, así que ahora tocaba la ardua tarea de remonte algo que no me gusta demasiado porque es complicado ese ejercicio de sortear: subes a una acera y bajas; penetras por algún pasillo; chocas, en fin, toda una odisea. No obstante, lo importante es ir buscando un hueco vital que permita buscar tu ritmo y si es posible agruparte con corredores de ritmo similar al tuyo, si bien eso tampoco es nada fácil. Los primeros tres kilómetros casi se van con esa idea en la cabeza, son kilómetros especulativos, pero a partir de ahí ya comienzas a posicionarte y obtienes más espacios vitales ya que la serpiente multicolor va perdiendo densidad poco a poco.

     El circuito consta de dos vueltas, de aproximadamente cinco kilómetros cada uno. En la primera vuelta, cerca de nuevo de la ciudad deportiva, observo que el ritmo que lleva el grupo en el que me integro es bastante vivo, probablemente en torno a los 4,20 el kilómetro. Existe cierta simetría porque ya parece que todos los corredores ya han encontrado su ritmo adecuado, exceptuando a quienes por algunas causas u otras descienden el mismo de manera dramática en los últimos kilómetros debido a alguna lesión, pájara o bien porque la psicología, que cuenta mucho en el mundo del correr, no rige adecuadamente; por su parte también están los corredores que suelen dividir la carrera en dos partes: la primera más suave, para explotar en la segunda parte. Algunos de estos últimos corredores también observo. Son corredores que andan en torno a los 4 o 4,10 el kilómetro. A esas alturas de carrera ya sé positivamente que me costará mantener ese ritmo de 4,20, aproximadamente, pudiendo ser muy probable que pudiera disminuir esa media porque no encontraba el ritmo adecuado, encontrándome como agarrotado y con alguna molestia en el soleo izquierdo, a pesar de que la noche anterior me administré gel frío.

      Honestamente hablando, la sensación que tenía entre el kilómetro seis y diez es que mi ritmo había decaído algo, si bien la media final desmentía ese dato. Al paso por el kilómetro siete ya tenía bastante gana de llegar y he de decir que no iba disfrutando de las sensaciones que en ese momento experimentaba. Decisivamente no iba bien. Por tanto, movido por ese pensamiento, quizá de forma inconsciente me pareció que bajaba algo el ritmo, costándome seguir el ritmo del pequeño grupo con el que marchaba. De ahí que pensara que sería mejor dejarme ir a la espera que volvieran de nuevo las fuerzas. Entonces fue cuando el compañero del club, José Antonio Salazar, algo lesionado, entre el público, me animó diciéndome que iba muy bien.

     Estábamos ya a unos dos kilómetros, una vez pasado el kilómetro ocho, ya que al parecer se recorre sobre medio kilómetro por encima de los 10 kilómetros oficiales. Cuando recobro algo las fuerzas también se recupera algo el optimismo y vuelven las buenas sensaciones. Para entonces ya estábamos en el kilómetro nueve y lo que distaba era mucho más llevadero gracias a la leve bajada anterior a la línea de meta.

      Finalmente el crono particular se detuvo en 45,26, siendo el oficial dos segundos más. Ahora bien, y ha sido motivo de conversaciones grupales en la zona de refresco, hay que decir que aunque la distancia oficial a recorrer son 10 kilómetros y esa es la media que ofrece la organización, en realidad se recorren entre 10 kilómetros y quinientos o seiscientos metros, siendo la media, por tanto, un poco distinta. En el caso de quien esto suscribe, la organización me atribuye una media de 4 minutos y 33 segundos el kilómetro, basada esa media en 10 kilómetros justos, si bien siendo los kilómetros recorridos 10 kilómetro y 500 metros, la media estaría en 4,20 mucho más acorde, parecer que es compartido por todos los corredores con los que pude hablar.

 LA ORGANIZACIÓN

    La organización de esta carrera siempre es correcta y adecuada al tipo de carrera que es, a pesar de que el pasar por las calles a veces el corredor se encuentre con personas que atraviesen la calle, sin que haya habido hasta ahora incidente alguno que se sepa. El avituallamiento es el correcto y compruebo que poco usado, toda vez que al existir uno sólo, en el kilómetro cinco, la mayoría de los corredores aún van suficientemente hidratados y ya no habrá más tiempo de avituallar.

     Algo que sí es un poco lento en esta prueba es la entrega de la bolsa del corredor, a lo que hay que añadir este año la entrega de chip. La bolsa del corredor es modesta: la sempiterna camiseta de manga larga (al parecer la misma en los últimos años), que se administra en tallas demasiado grandes para opinión de algunos corredores, una naranja, un yogur y agua. En cuanto a los refrescos, hay que decir que se ofrecen suficientemente, existiendo un puesto de Cruzcampo y otro de Coca-Cola.

 EL LADO MÁS SOCIAL

     En eventos de este tipo existe la posibilidad de saludar a bastantes conocidos y a otros amigos corredores que poco a poco vamos conociendo, en muchas ocasiones gracias a la presencia de este blog en la red. Entre estos amigos, hasta ahora virtuales, pero ya desde hoy físicos se encuentra Juanjo, al que saludo desde aquí y felicito por su estreno en este loco mundo. Juanjo me saludó antes de la salida y pudimos conversar algunos minutos, comentándome este nuevo corredor que había estado inquieto la noche anterior a la carrera. Es normal, le dije. Nos ha pasado a todos; es más, nos sigue pasando en ocasiones. También conversé con un paisano: Mario (resonao) y una chica – perdón por no preguntar el nombre- que hablaba con Jose y manifestaba que seguía este blog. Gracias, por tanto. También ha sido posible charlar con Rafa Botella y con casi la mayoría de los compañeros del club: Alejandro, Ángel Luis, Manu, Fernando, Bernando, Luís, Eduardo, Antonio, y otros muchos cuyo nombre no conozco o no recuerdo. Por cierto, suerte a Manu y Fernando en la Maratón de Sevilla.

     La próxima cita la tenemos en Albolote, el día 25 de este mes, siendo una prueba muy similar a esta de Armilla.

SE ABRE EL TELÓN

     Aunque algunos estamos especialmente activos, tanto a final de año como a principios ( Media de Córdoba y Media de Almería), en realidad estamos contentos por el comienzo del GPF de 2007, a pesar que intereses confesables o inconfesables, o sencillamente decisiones tomadas por gente ajena a este mundo, han dejado algo vacio de contenido el Circuito con la no inclusión de la Media de Granada. Craso error de personas que ostentando una función pública confunden intereses partidistas con cuestiones en las que no deberían de medrar. Por tanto, me alegro que muchos de vosotros opinéis, igual que quien esto suscribe, que determinados asuntos deben de estar al margen de intereses partidistas. 

      Pero, en fín, eses asunto no es obstáculo alguno para que iniciemos con ilusión esta gran idea que es el Circuito. Comenzamos mañana, como siempre, en Armilla. La ya clásica Industrial iniciará un ciclo de 15 pruebas a lo largo y ancho de la provincia granadina. Y habrá para todos los gustos, condiciones físicas y preferencias, desde las pruebas de 10 kilómetros hasta las dos medias maratones programadas – Baza y Motril- pasando por casi una media maratón en Guadix y otras carreras que van desde los 10 kilómetros a los 21 de las medias, y en relación con el kilometraje sí sería deseable que algunas de las pruebas fueran más precisas en cuanto al número de kilómetros a recorrer, algo que es vital para el corredor que planifica su carrera en función de los kilómetros exactos. Hoy día la medición no debe ser un problema toda vez que cualquier aparato con GPS nos dará unas referencias muy exactas.

     Para nosotros, los corredores populares, iniciar  el Circuito es vital de cara a cómo vamos a configurar nuestros domingos – y algún sábado – del año 2007. Tendremos que alterar nuestros hábitos y, probablemente, alterará algo los hábitos de familia y amigos, por tanto, es muy conveniente que vayamos comunicando a los más allegados a qué nos vamos a dedicar, practicamente, un domingo sí y otro no, además de los necesarios entrenos que tendremos que llevar a cabo entre semana. Por otra parte, para la mayoría de nosotros correr el Circuito  - y correr en general – obedecerá más a una idea de dar rienda suelta a nuestra afición y competir con nosotros mismos; formar parte de un colectivo que mira en una dirección común y comprobar que esa gente rara que se enfunda un atuendo adecuado y corre por calles, plazas, parques, carreteras y caminos cada vez es menos minoría y que todos hemos sido tocados por esa rara enfermedad que nos hace trotar y trotar. 

     Pero también habrá razones intrinsecas para participar en las carreras populares. Para algunos será el estar presente en un deporte; para otros será buscar una armonía física y psiquica que pocos deportes ofrecen; para otros – por qué no- será el eliminar esos kilos de más que esta sociedad cómoda y sobrealimentada povoca; para otros será una magnífica oportunidad de conocer gente sana y virtuosa; para otros poder entrenar zapatillas y ropa técnica. Pero está claro que para todos, sin excepción, el móvil que nos hace correr será sentirnos distintos y hacer algo distinto. En eso seguro que estamos todos de acuerdo. 

     En algunas de todas esas cosas que ahora escribo pensaba mientras corría esta mediodía, a eso de las una y cuarto, por el camino de Vega que une Granada con Atarfe y con seria amenaza de lluvía encima de mi cabeza. No lo había podido hacer desde la Media maratón de Almería y necesitaba apremiantemente gozar de ese espacio vital que me permite desconectar del exterior, además del ”suicidio” que representa presentarte a una competiión sin haber hecho alguna sesión durante la semana. Así que no queriendo cargar demasiado las piernas, opté por correr 45 minutos en un entrenamiento que forma parte de mi cosecha propia y que es una mezcla de farltek, trote suave, técnica de carrera, series, en definitiva, todo lo que hubiera necesitado hacer a lo largo de la semana pero que no hice por unos motivos u otros que vampirizan el tiempo  hasta la extenuación. 

      Pues nada, esperemos que no nos caíga sobre nuestras cabezas demasida inclemencia metereológica como vaticinaba Ángel Luis y que podamos darnos un buen festín de 10 kilómetros por las calles de Armilla. Allís nos vemos dentro de unas horas.           

GPF DIPUTACIÓN 2007

       Aunque aún resuenan lejanos los huecos del Medio Maratón de Almería y este corredor ya ha tomado buena nota de cómo no se ha de planificar una carrera, estamos en puertas de una nueva edición del GPF de Diputación de Granada 2007, y algo habrá que comentar sobre este evento de carácter anual. Ruego a los numerosos amigos y amigas corredores que siguen esta voluntariosa bitácolra dedicada al mundo del correr, y en ocasiones a algunas cosas más que tienen relación con el alma y la inteligencia humana, que sepan disculpad que este post tenga un carácter localista, pero no exento de interés para toda la galaxia runner.

       Me lo comentó por primera vez Alejandro, al que yo denomino “mentor” de nuestro club, y posteriormente también me comentó algo Javier, asunto que volvimos a comentar en Almería el pasado domingo. El asunto no ha pasado desapercibido para casi nadie: el Medio Maratón de Granada no está incluído en la relación de pruebas que integran el GPF, cuyo calendario podéis consultar pinchando aquí. Y claro, sobre este asunto tengo una opinión. No se trata de una opinión contrastada en absoluto; no tengo noticias veraces, ni tan siquiera oficiosas sobre el por qué y el cómo de lo ocurrido con el buque insignia del calendario del GPF, pero opino que existe un trasfondo político. Como sabéis la Diputación tiene un signo totalmente contrario al consistorio granadino. En aquella gobierna el PSOE y en éste el PP. Es sostenible pensar que si existiera en ambas instituciones locales un mismo signo político el divorcio no hubiera sido tal, de ahí que deduzca que el motivo de éste sea el político. Pero si es cierta mi intuición – y algo de este mundo conozco por mi experiencia anterior -, hay que decir que es lamentable que la vorágine política, ese leviatán en manos de unos pocos pero, en teoría, al alcance de todos porque así lo asegura la democracia, acabe devorando asuntos que no deberían tener jamás un trasfondo político. Ojalá mi aseveración no sea cierta pero no tengo motivos – o al menos nadie nos los ha dado – para pensar lo contrario. Me gustaría mucho que vertieráis vuestra opinión sobre este asunto y, sobre todo, nos comuniquéis si existen otros motivos más prosaicos, porque es evidente que esta excelente idea denominada GPF se debilita enormemente sin la presencia de la prueba más simbólica del Circuito. En su lugar se ha programado la I Prueba de “La Hispanidad”, que curiosamente se celebrará  en noviembre que es un mes que nada tiene que ver con esta efeméride vinculada a Santa Fé. Por su parte hay que decir que esta prueba entra en el Circuito por méritos propios toda vez que la experiencia piloto de marzo del pasado año fue satisfactoria tanto a nivel de organización como de circuito. Por tanto, bienvenida sea aunque no suplirá en absoluto la desaparición del Medio Maratón de Granada, que seguirá celebrándose en la misma fecha, si bien organizado individualmente por el Patronato Municipal de Deportes del Ayuntamiento de Granada.

     Con relación igualmente al Circuito, permitid que este blog acoga una nota de aviso de “régimen interior” de Alejandro Casares a los miembros del club, que en previsión de que el correo electrónico enviado a todos los miembros no llegara, hacemos aquí una reseña textual del mismo: 

             ” Hola amigos, Ya tengo en mi poder los dorsales para esta temporada 2007. Son números distintos a los que teníamos asignados la temporada pasada.

     Si alguien quiere retirarlos antes del domingo, ya sabéis donde encontrarme. De cualquier manera, el próximo domingo, desde 1 antes a la celebración de XIX edición de la prueba de fondo “La Industrial”, (11:00  horas del 4/02/02007, en Armilla), os lo podré entrega personalmente.”

    

X MEDIA MARATON DE ALMERIA (28/01/2007)

Cuando Almería perteneció al influyente Reino de Granada, su original Alcazaba era la sede de “reyerzuelos”, que normalmente eran caciques trápalas y poco aguerridos al servicio de los distintos monarcas granadinos a los que se les revelaban a veces cuando tenían ataques de grandeza en noches de luna llena y alcohol a raudales.. De hecho, uno de éstos – pero reyerzuelo de otro rincón de aquél maltrecho Al-Andalus-, el señor de Arjona consiguió crear una dinastía, la nazarí. Hoy día la ciudad del oriente andaluz que mira al Mediterráneo es moderna y dotada de importantes infraestructuras, además de estar bien comunicada por tierra, mar y aire. Asimismo, cuenta con un magnífico estadio denominado “Estadio de los Juegos del Mediterráneo”, construido en 2005, precisamente para albergar estos juegos celebrados en esta ciudad y algunos pueblos de su provincia, en 2005,  y que está ubicado en un enorme espacio ganado a la ciudad, resultando ser el área de mayor expansión residencial, deportiva y comercial de Almería. Y era desde ese suntuoso estadio desde donde se decretaría la salida y la llegada de la joven pero ya prestigiosa Medio Maratón Internacional “Ciudad de Almería”. Era su X edición.

            Y hasta allí fuimos, a pesar de los consejos dados por doquier por autoridades y medios de comunicación de que no se viajara hacía esa zona de Andalucía a no ser que fuera imprescindible. Así me lo comentó un amigo por teléfono, pero le contesté que debía de viajar porque la consigna dada por las autoridades era clara: “que no fuera imprescindible”. Pero lo era. Se trataba de correr una medio maratón y ante eso la climatología se convierte en secundaria. Pero, eso sí, había que llegar la ciudad y había que llegar a tiempo, saliendo el domingo de madrugada – cuando en realidad lo correcto hubiera sido haber pernoctado allí la noche antes -.

            A las nueve de la noche del sábado ya tenía el bolso preparado. Contenía éste todo lo que estimaba necesario para correr una carrera que prometía ser fría y, probablemente, lluviosa como en años anteriores. Y fue, entonces, cuando anunciaron en televisión que no se viajara para esa zona.

            Antes de salir, de madrugada, consulté Internet y llamé a tráfico que, por cierto, sólo dispone de un mecanismo automático de consulta del estado de las carreteras igual que el posee Orange, Movistar u otra entidad comercial. Pero a pesar de la inseguridad que produce la información “enlatada” que te ofrece, una voz advertía que el lugar de paso más habitual para ir desde Granada a Almería, el Puerto de la Mora, podría necesitar cadenas. Así que existían dos opciones para ir en coche: o evitar el Puerto, accediendo por la localidad de Iználloz, o bien, aventurarse a hacer más una odisea que un viaje a través de la costa de Granada, único lugar de la costa andaluza que aún no posee Autovía, a pesar de miles de promesas electorales. Opté por la ruta de Iználloz, no sin antes preguntar a la Guardia Civil, más fiable que la voz enlatada de la DGT, sobre el estado de esa vía. Su respuesta fue satisfactoria, así que avancé por esas sinuosas carreteras locales que presentaban a esa hora de la mañana un aspecto estepario. El claroscuro de la madrugada,  aún no completamente amanecido el día, unido al destellante blanco de la nieve que rodeaba la carretera, ofrecía una estampa insólita más propia de la estepa rusa que de la provincia de Granada. Al pasar por pequeños pueblos, completamente cubiertos de nieve, pensé en estampas medievales que cualquier director de cine podría estar buscando para su última epopeya medieval. Al poco, una vez pasado Darro, me adentraba en la A-92, faltando tan sólo 12 kilómetros para llegar a Guadix que, igualmente, estaba totalmente cubierta de nieve.

            Hasta la población de Fiñana, ya en la provincial almeriense, aún persistía la nieve a ambos lados de la autovía, y un poco antes mis retinas captaron la bella imagen del Castillo de La Calahorra, de siglo XV que orgulloso y nevado, presidía todo el terruño, ahora nevado. Así que pensé en la película de Vicente Aranda, Tirante “el Blanco”, que tuvo como escenario este sin par castillo y que encarnó la figura del caballero medieval valenciano – héroe imaginario de nuestro D. Alonso Quijano -, a pesar de lo fallido de la película.

            En esos pensamientos estaba, mientras escuchaba Folktergueits, uno de los mejores directos de Mago de Oz, cuando comprobé que no tenía el horario de mi parte: tenía que llegar a Almería, encontrar la zona de salida y procurar no perderme. Pero me perdí. En una rotonda de entrada a la ciudad no opté por la mejor dirección donde rezaba “Avenida del Mediterráneo” y fuí justamente en dirección contraría, hacia el centro de la localidad. Un señor mayor, de las pocas personas que a esa hora y en esa mañana desabrida paseaba por la ciudad, me advirtió que estaba justo en la otra punta de la ciudad “a unos ocho o nueve kilómetros”. Eran las 9,35 horas. Así que admití la posibilidad de no llegar a tiempo cuando recapitulé que debía aparcar, cambiarme las zapatillas y lo que es peor, ponerme los calcetines guante que suelo utilizar para correr largas distancias, ponerme la camiseta de competición y recoger dorsal y chip. No llegar a tiempo era una posibilidad muy sólida, a no ser que aquí primara la impuntualidad, entonces, sentí algún alivio; me dije, “bueno estamos en Andalucía, no en Inglaterra”. Pero no, la carrera fue bastante puntual. Para colmo también tenía pendiente, como me suele ocurrir siempre antes de una carrera, algún asunto fisiológico, de la familia de lo escatológico, que tenía que solucionar. Así que cuando me preguntó esta mañana Jose si había tenido tiempo para calentar le dije que no había sido necesario, ya que desde que llegué al estadio no había hecho otra cosa que correr antes de la salida.     

            Lógicamente, al pasar por la zona de prueba de chips, ese lugar que más pareciera una olla de grillos que otra cosa, mi chip no pitó porque iba en mi mano, introducido aún en su bolsa de papel. Estaba claro para aquel voluntario que se ofreció a instalarme en la zapatilla el chip pensó, sin duda, que aquel corredor que tenía enfrente tenía los papeles perdidos, así que no dudó en instalarlo. ” Pero átate tú la zapatilla a tu gusto, me dijo”, mientras ambos sonreíamos. El pistoletazo de salida me cogió detrás de un vehículo atendiendo las necesidades fisiológicas más mínimas, ya que las máximas no procedían por tiempo y lugar. De esa guisa, con el dorsal aún en la mano, pinchándome la piel con el imperdible, este atolondrado corredor comenzó su primer Medio Maratón de Almería, en último lugar acompañado por unos cuantos legionarios exuberantes de felicidad, sospeché más que por correr la carrera por librarse de la guardia que les tocaba esa mañana fría y por un colectivo de no sé qué que portaban una  pancarta reivindicativa. Así  que intenté acelerar, algo que no suelo hacer al principio de una carrera larga, para intentar situarme en algún lugar confortable, dada la estrechez de la vía de salida.

            Como en todas las carreras de larga distancia, las salidas son siempre especulativas y cada corredor busca su objetivo concreto. Se observan miembros de clubs aglutinados, amigos que intentan ir juntos, al menos, al principio, bromas de unos con otros, y en esta carrera, se denota la presencia de muchos legionarios de Viator, con estandarte incluido. A medida que la carrera se adentra en el centro de la ciudad, la masificación se va difuminando, entre otras cosas debido a las amplias avenidas por donde pasa la carrera (Avda.. Rambla Federico García Lorca, Avda. del Mediterráneo, etc…). No obstante, la presencia de corredores es amplia y es difícil y no recomendable, ir sólo durante la carrera. Al paso por la Estación de RENFE, se observan diversos grupúsculos e intento acomodar mi ritmo a alguno de ellos y evitar que sea el grupo el que determine mi ritmo, ya que para eso habrá tiempo y la carrera marcará sus reglas inexorables en su momento. En ese momento, asumidos los primeros cinco kilómetros y el primer avituallamiento, voy cómodo pero observó que a un ritmo algo alto para lo acostumbrado para una prueba de estas características, en torno a 4 minutos y 25 segundos el kilómetro. Esa comodidad, que siempre es relativa en una carrera larga, esperaba no se viera enturbiada por la necesidad fisiológica menor que experimento en todo momento, probablemente motivada por el frío. Así que se me plantea un serio dilema: si bebo demasiada agua en cada avituallamiento pronto tendré que parar para  llevar a cabo esa necesidad; ahora bien, si me modero en la ingesta de agua, probablemente pueda aguantar toda la carrera. Sé que tengo a mi favor que la necesidad de agua en esta carrera no es muy alta, dado el intenso frió, pero hay que considerar que existe un 75% de humedad y es una zona de costa. 

            El primer control está situado en el kilómetro 9 y, según los resultados notificados por correo electrónico, mi tiempo es de 40 minutos y 35 segundos, es decir a una media de 4 minutos y 31 segundos. Comprendo que me sería posible hacer esa media, aproximadamente, siempre y cuando no desfallezca en algún momento de la carrera. No obstante, en la ligera subida de la Rambla Federico García Lorca, experimento una bajada en mi ritmo debido a la ligera ascensión. Por tanto,  considero que es posible que no me encuentre tan bien como creía minutos antes. Esa sensación psicológica provoca que baje un poco el ritmo, algo que observo cuando algunos corredores que había dejado atrás kilómetros antes, ahora llegan a mi altura e incluso me rebasan algunos de ellos. En la bajada por esa misma Avenida, en dirección a la del Cabo de Gata, vuelvo a llegar a la altura, sin demasiados problemas, de esos corredores que un poco antes me habían rebasado. Por tanto, hay algo que ya sé: si existieran más  ligeras subidas no contribuirían a hacer un buen promedio en esta carrera. No obstante, si algo caracteriza a esta carrera no es otra cosa que su casi total llanura.

            En la Avenida del Cabo de Gata, vemos los primeros corredores que vuelven de dar su primer giro. Son cuatro tres atletas africanos, tres de color y otro magrebí.  Entre estos y el quinto y sucesivos clasificados hay un trecho importante. En la segunda vuelta, también en la misma Avenida, ya sólo van juntos los tres africanos de color y aproximadamente a un par de minutos el atleta magrebí. A partir de ahí se observa un continuo goteo constante de corredores y algunos grupos no demasiado grandes  y posteriormente un amplio grupo, en cuyo cuerpo central se encuentra este corredor que escribe.

            Cuando estaba casi en la parte final de la larga Avenida del Cabo de Gata, me cruzo con dos compañeros del club: Antonio Castilla, al que saludo verbalmente y a pocos metros Ángel Luis, a cuya dirección acudo y palmeo su mano dándole ánimos. Unos minutos antes nos saludamos Javier y yo ( por cierto, enhorabuena a Javier y a Ángel Luis, ya que ambos han hecho marca personal).

            La nueva subida a la Rambla Federico García Lorca, la percibí con un ritmo algo más lento, pero con buenas sensaciones, incluso mejores que las experimentadas en la primera vuelta, tal vez por llevar una velocidad más adecuada. Sin embargo, es muy palpable aún el frío, en las partes más descubiertas del cuerpo sobre todo, es decir, brazos y piernas; las manos las llevaba protegidas por guantes y en el cuello portaba un buff de microfibra.

            El segundo control estaba situado en el kilómetro 17 y mi promedio ahora estaba en 4 minutos y 33 segundos por kilómetro, es decir dos segundos por encima del controlado en el kilómetro ocho. Probablemente el viento, casi racheado de algunos tramos pudieran haber motivado esa pequeña bajada de ritmo.

            Si para algo tengo habilidad es para ir sólo en bastantes tramos. Tal vez sea porque no suelo adaptarme a grupo alguno, en todo caso, voy bastante cómodo en ocasiones con algún corredor en concreto, pero no tanto en grupos amplios y quizá eso provoque que busque la soledad en más ocasiones de las recomendables. Para mí ir sólo no es mala idea, pero reconozco que el grupo en las carreras hace que la carrera sea más llevadera.

            En los pasos más francos y vulnerables al viento, sobre todo en los lugares más cercanos a la costa, busco protegerme del fuerte aire que en ocasiones nos sorprende lateralmente. Algunos corredores de menor envergadura buscan refugiarse en otros de más. Es algo  muy palpable.

            Se observa, principalmente por las calles principales, que existe bastante gente si consideramos la mañana tan desapacible que presenta Almería. Muchos de los espectadores esperan que pase algún familiar o amigo y cuando éste o ésta asoman el jolgorio es unánime, pero también anima a los demás corredores. No tiene el ambiente de la Carrera de S.Antón lógicamente, pero valoran el esfuerzo de “esa gente que corre con tanto frío y viento”.

            Cuando entramos en el kilómetro 18 ya estamos en la Avenida del Mediterráneo y en puertas del Estadio. Observo en mis piernas que existe una ligera subida que se acusa ya después de tantos kilómetros corridos. Además, al ser una avenida muy amplia y, por tanto, poco protegida por edificios el viento del norte empuja con fuerza lateralmente, produciendo un obstáculo natural que es notorio. Y vuelven a ser esos tres últimos kilómetros los más duros para este corredor. Observo que se me agarrotan las piernas y bajo sensiblemente el ritmo, hasta el punto que en estos últimos kilómetros provocan que el promedio total de la carrera haya sido 4,36 el kilómetro, cuando al comienzo de ese 18 estaba en torno a 4,33. Y digo que vuelven a tomar protagonismo esos últimos tres kilómetros como lo tomaron antes en Córdoba y Granada. Por tanto, en los entrenamientos habrá que hacer rodajes más largos, ya que, en realidad, en rara ocasión paso de los 18 y eso es algo que luego se observa nítidamente en la competición.

            La llegada al espectacular Estadio Mediterráneo exige una vuelta a la pista, algo que este corredor odia, seguramente porque uno casi abraza la meta y ve a corredores que ya están llegando, mientras que tu aún tienes una vuelta pendiente. Al final, el tiempo final cronometrado, como arriba indico, según la organización, es de 1 hora y 37 minutos, si bien siempre el cronómetro individual apunta entre quince y veinte segundos menos.

           

LA ORGANIZACIÓN 

            Se ha notado mucho la amplia presencia de voluntarios, protección civil y policía local, no existiendo ningún problema de intromisión de vehículos a nuestro paso. Los avituallamientos han sido totalmente correctos y totalmente suficientes. De hecho, era muy notable la presencia en los avituallamientos de esponjas, agua y naranja, toda vez que al ser una carrera con temperatura desapacible no ha exigido demasiada hidratación.

            El Estadio es totalmente adecuado para una carrera de estas características, pero tengo que decir que la carpa donde se entrega la bolsa del corredor y el agua es tal vez demasiado exigua para la enormidad del estado. Es preferible la solución al aire libre que se ofrece en Granada, si bien es cierto que la posibilidad de lluvia en enero es mayor y de ahí, quizá la existencia de esa carpa. Sin embargo, la zona de calentamiento  y acceso a vestuarios y  guardarropa y masaje, cumple las condiciones perfectamente, dada su amplitud y preservación. Además, el número de camillas de masaje y la presencia masajistas son elevados.

            La bolsa del corredor es generosa: chubasquero conmemorativo, mochila conmemorativa, bufanda y felpa, monedero para muñeca o tobillo y radio portátil, que seguro no funcionará. No hubo trofeo pero el Diploma se podrá imprimir en breve desde Internet. 

              Un detalle a  valorar e inédito para este corredor: el hecho de que en el dórsal se especifique tu nombre y la fecha de nacimiento.

 

 

EL LADO MÁS SOCIAL 

            Mi azarosa llegada impidió que tuviera contacto con algún corredor amigo. Jose no acudió por una ligera lesión y Eduardo nos cuenta en su blog que un pequeño esguince lo dejó sin su media. En carrera  -como apuntaba-  y posteriormente saludé a Ángel Luis y Antonio Castilla, Luis – los tres del club – y Javier, buen amigo de este blog. No hubo tiempo para mucho más ya que había que salir para Granada y el tiempo aún era incierto.

            En Guadix, mientras tomaba una cerveza, llamó Jose y me comentó que además de “sentir envidia sana” por haber hecho la carrera, se mostraba contento por la victoria en el campeonato de España veteranos de Maratón de Francis Tovar, celebrada esa misma mañana en Badajoz, noticia transmitida por el propio corredor al que mandamos desde aquí las más sinceras felicitaciones por haber obtenido tan importante victoria que es toda una recompensa a su trayectoria y dedicación.

            Curiosamente, mientras ojeaba el  periódico en Guadix conocí de la publicación de mi artículo “El bien es frágil” en Ideal, cuyo enlace del mismo os adjunto pinchando aquí por si os place echarle un vistazo y no pudisteis leerlo en la edición impresa.  

     Horas después de enviarme un SMS informándome del tiempo de carrera,  un correo electrónico específica: 

   Su Tiempo es:
Puesto:285 P.Cat: 41 Dorsal: 351 Atleta:  FLORES VERA, JOSE ANTONIO
Club: CLUB ESQUI ATLETISMO CAJA RURAL P.1 Paso: 286  T.1 Paso 00:40:35.65
P.1 Paso:0:04:31 P.2º Paso:274 P.2º Paso: 0:04:33 T.2º Paso:
01:18:05.70  T. Oficial: 1:37:00 Promedio: 0:04:36
El P.M.D. como organizador de la X Medio Marathón ‘Ciudad de Almería’,
le agradece su participación:

Resultados por Ges&Con-Chip
www.gescon-chip.com
Líder mundial

           

  

CORRIENDO ENTRE COPOS

    HABÍA pensado otro título para este post mientras corría hoy, pero mientras contestaba a un comentario del administrador de Pinchando en Hueso, Jesús Lens, en el que me decía que había salido a correr bajor la nieve, de pronto me vino a la mente este título: corriendo entre copos. Porque así ha sido, como ahora describiré. Resulta que ayer jueves tenía previsto correr antes del almuerzo, justo después de terminar mi jornada laboral, es decir, correr a una hora no habitual para este corredor: las tres y media de la tarde. El plan estaba bien pensado ya que, posteriormente, podría asumir una obligación que tenía a las seis y media, y fue entonces cuando comenzó a caer esa nevada impresionante que nos sorprendió a todos tanto en Granada como en muchos lugares de Andalucía. 

    Asomado a la terraza observaba la virulencia de los copos de nieve mientras pensaba que la cosa podría ir a más y que, por tanto, el camino de tierra por el que planeaba correr estaría hecho unos zorros. De manera que mitad amedrantado, mitad indeciso, decidí no correr. Pero resulta que esta mañana, Jose, en el Oliver me comentaba lo siguiente: Jose ¿ corriste ayer?. No, no me atreví, le contestaba. Pero él sí había corrido y había disfrutado corriendo bajo la nieve: “tuve una sensación como si flotara”, me comentó mi amigo, e inmediatamente maldecí mi cobardía la tarde anterior: yo tenía que haber experimentado también esa sensación, porque vaya usted a saber cuando volvería a nevar de nuevo en el sur de esta España cada vez más seca. Así que, cuando a eso de las dos del mediodía observé el cielo granadino y lo ví altamente encapotado que estaba y el frio tan intenso que hacia, que me dije: “pollo, hoy corres”. Y pensé que la mejor posibilidad sería correr por algún lugar asfaltado, por tanto, la mejor opción era coger el coche, adentrarme en la autovía que conduce a Jaén, coger el desvío para el Pantano del Cubillas, atravesar ese mastodóntico campo de golf que está llevando a cabo el megalómano alcalde de Atarfe y llegar hasta mi adorada Caparecena y hacer la ruta entre esta aldea y Pinos Puente y viceversa, toda ella asfaltada, pero al mismo totalmente en consonancia con el alto volumen de naturaleza que es posible contemplar y respirar en este magno lugar.

   Alguna vez he hablado aquí de Caparacena, una de mis rutas para correr. Cuando necesito hacer algún recorrido con más dureza allí acudo y porque la conexión emocional que me une con este lugar es sólido, no tanto por mis vivencias directas sino por las viejas historias que me contaba mi abuela materna acerca del ritmo vital de una aldea de principios de siglo, posteriormente muy castigada por la cruenta Guerra Civil que se ensañó particularmente con aquel lugar ya que cuenta con sinuosas sierras donde poder controlar al enemigo sin ser controlado. Así que si el correr obtiene su máxima compensación por ser una actividad adorable, habría que sumar la conexión emocional que supone correr por lugares queridos e idelizados. 

    Por tanto, a eso de las cuatro y cuarto ya estaba enfundado en vaporosa ropa de invierno para tratar de protegerme del grado sobre cero que en ese momento levitaba en esas azarosas sierras integrantes del mini-sistema de Sierra Elvira y no lejos del Pantano de Cubillas.

   En dirección Pinos Puente fuí acompañado por un tenue sol de invierno y con el viento del norte a mi espalda por lo que la sensación de frio no era demasiada en ese momento, si bien la luz diáfana del campo nevado que impregnaba de anhelo mi mirada presagiaba que los copos podrían caer de un momento a otro. Y así fue. Comenzó a caer la nieve de manera distraida, y mientras corría observaba delante de mí que los copos imitiban el movimiento de los volanicos del estío dado el poco grosor de su materia sólida. No obstante, cuando llegaba a la altura de la Fuente del Portichuelo, mientras subía la pequeña pero dura cuesta anterior a la larga recta que pronto conducirá a Pinos Puente comenzó a nevar con mayor intensidad. Pero fuen en ese momento, mientras bajaba,  cuando la nieve ya fue más persistente hasta el punto que la suave levitación de los copos unos minutos antes ahora ya se había convertido en una caída más vertical. Pensé imaginadamente que esos copos eran los anteriores pero más evolucionados. 

    Al llegar la gran cuesta, no demasiado larga pero sí muy dura, que los lugareños denominan “La de los muertos”, los copos habían cambiado su verticalidad anterior y ahora rebotaban directamente en mi cara, penentrando entre mis ojos. Fue entonces cuando pensé denominar a este post: la nieve ciega tus ojos. Así que una vez subida la cuesta ya tuve a la vista los primeros barrios, los más altos, de Pinos Puente. A la izquierda podía contemplar blanco y hermoso el denominado barrio de Las cuevas, mientras que a la derecha destacaba el cementerio viejo y al fondo el Pabellón Cubierto Municipal, viniéndome a la mente viejos recuerdos de los años en que me tocó gestionarlo y casi inaugurarlo. Una vez llegado a ese punto tocaba dar la vuelta y fue cuando percibí de veras el atroz frio que en ese momento reinaba en los campos nevados, aunque ya no nevaba, si acaso algunos copos dibujaban en el aire una especie de baile díscolo e improvisado. Comprendí de pronto que tenía delante de mí el viento del norte y me acordé de la excelente película  “Chocolat”. 

    Bajando la “Cuesta de los Muertos” volvió de nuevo a incrementarse la nevada, mientras que por la recta, observaba los olivos nevados a mi izquierda y la pequeña Vega vecina del rio Cubillas a mi derecha también nevada. A lo lejos se aproximaba un pequeño vehículos que casí paró a mi altura. Entonces me pareció que el conductor, un hombre bastante mayor, me hacia gestos nerviosos inquieto por mi ”arrojo” de correr en esas condiciones climatológicas, pero nada dije y seguí mi ruta, con un frío cada vez más intenso. Era muy dificil entrar en calor. Seguí corriendo con la imagen del hombre mayor en la cabeza por lo que no pude evitar preguntarme si los corredores somos unos seres raros o si, por el contrario, tanta fijación tenemos en nuestra actividad que no poseemos la suficiente capacidad de comprender, como cualquier mortal, que en determinadas ocasiones correr es azaroso. Pero ¿sería preocupante que mientras pensaba en eso, experimentada una enorme satisfacción por hacer lo que estaba haciendo en esas circunstancias climatológicas ? De hecho, cuando salí de casa, sin decir nada, también me pareció ver en el gesto de Mati alguna incomprensión. 

    A falta de unos cuantos kilómetros de los ocho y medio llevados a cabo, pensaba sí sería correcto avanzar unos cuantos kilómetros más una vez llegado a Caparecena, o por si el contrario debería de pensar en dar descanso a mis piernas para la Media Maratón del domingo. Sin embargo, el viento reinante que me frenaba y la baja temperatura me convencieron que debería de parar al llegar a la aldea, estirar y darme una buena ducha. Además aún no había almozado. 

    A la vuelta, en el coche pensaba que hay cosas que no se pueden dejar de hacer y una de ellas es correr entre copos.                            

BABEL

  No está demostrado que el aleteo de una mariposa en la Isla de Granada pueda provocar en el futuro un huracán en la de Manhattan, si bien la suma de muchos pocos puede ser mucho y los actos concatenados – ¿la mayoría?- son actos mientras no se tengan constancia que dejen de serlos.

  Lo más impactante de la película Babel no es la existencia de rudeza que, en mi opinión, no posee un ápice de ella; ni siquiera su alta dosis de crudeza que, opino, tiene la justa. Lo más impactante es su coherencia narrativa y la honestidad que contiene y que se convierte en una de sus mejores armas.

  Para quien esto suscribe, el cine tiene que tener algunos elementos esenciales para entenderlo como tal, con independencia del género de que se trate. Particularmente, por ejemplo, me fascina el buen cine de ciencia-ficción, pero poder saborear este género debo de conocer de antemano que la película cuenta con los ingredientes básicos que lo cataloguen como tal. Tiene que existir una coherencia dentro de su género y unos efectos especiales que encajen a la perfección con el ritmo narrativo de la película y que exista ausencia de infantilidad y sí mucha imaginación e interpretación de una realidad concreta. De hecho me fascina la trilogía de El Señor de los Anillos porque sé lo que voy a ver; sé que esa imaginación poética que en su día escribía Tolkien y luego capto a la perfección Peter Jackson, está basada en una forma de interpretar el mundo y ese mundo está dotado de elementos mágicos que como sé que no están en el presente uno quiere apreciar en el imaginado, y es cuando en realidad una película imaginativa e inteligente cumple su papel a la perfección. Ocurre igual con Blade Runner. Hablamos de un mundo imaginado pero que cada día se comprueba más que es una consecuencia creativa honesta que está a punto de parecerse a la realidad a poco que nos descuidemos y que además está contado con la elegancia que posee la buena poesía.

  Por ejemplo el cine negro. Para mí es vital que la mafia cumpla su misión en la tierra, es decir, tiene que ser corrupta y tiene que ser violenta, es su forma de interpretar el mundo. Pero también necesito saber que la poli buena tiene que ser coherente, perspicaz y honrada, en contraposición a la poli mala que debe ser corrupta como la mafia pero debe de aparentar que es honrada como la poli buena. Es por eso por lo que me gustan películas del tipo LA Confidential.

  Lo que puede ser vomitivo en el cine, en general, es que una película tenga unos perfiles tan sinuosos y débiles que acaba comenzando por ser una película social y degenere en ciencia-ficción barata, pasando por imaginación poética de feria. Eso es insoportable.

  Volviendo a Babel, decía que lo fascinante de ésta es su coherencia. Lo que ocurre con la vida de sus protagonistas no le ocurre a unos seres imaginados o irreales, sino que son hechos o circunstancias que pueden estar en la agenda de cualquier mortal, sin que exista elección para ello (¿ el azar austeriano? ). Esa es la esencia, en mi opinión, de esta película a la que ha hay que agradecer su alta dosis de coherencia narrativa, algo difícil cuando se cuentan historias paralelas. Pero no hay que obviar los demás elementos que nos transmite la película: la alta dosis de comunicación / incomunicación, la irresponsabilidad de las personas adultas,  la soledad del individuo, la apariencia que provocan los prejuicios en una sociedad cosmopolitalizada y globalizada (no en vano fue la Torre de Babel el símbolo remoto de la globalización, pero mucho mejor entendida) en la que la supuesta amenaza de una raza, condición social o económica distinta pueden ser los mejores aliados, mientras que los “Inter. Pares” pueden ser los peores compañeros de viaje; además está la honestidad de algunos de sus personajes. Que un poli de una mega ciudad deshumanizada y tecnológicamente asfixiante, por ejemplo en Japón – si bien es misterioso que si se trata de una ciudad de Japón se conduzca en lado derecho del coche. Por tanto estamos hablando tal vez de Hong-Kong, aunque desconozco en que parte del coche se conduce en esa colonia antiguamente inglesa-   pueda ser una persona honesta mientras que un indocumentado niño de un lugar remoto de Marruecos sea un auténtico hijo de puta es algo que está también en nuestro mundo globalizado y nada tiene de ciencia-ficción, por cierto.

   

   De producción norteamericana, pero con guión de Guillermo Arriaga y dirección de Alejandro González Iñárritu, ambos mexicanos, esta película dará que hablar en la entrega próxima de los Oscar como ya lo fue en los Globos de Oro. De lo mejor que he visto en los últimos meses, junto a la excelente Crash ambas, por cierto, de atmósfera interior similar y con sentido ontológico coincidente.  

CIRCUITOS URBANOS

  No sé si lo habré comentado en alguna ocasión, pero no soy amigo de los circuitos urbanos. Para mí el correr es hacerlo en lugares abiertos, ya sean caminos o carreteras, pero necesito tener la certeza, o al menos, la intuición de que mis piernas se enfrentan a una especie de camino sin retorno, libre de otros elementos que no sean el propio camino y yo. Es entonces cuando experimento algunas de esas sensaciones entremezcladas de sufrimiento y placer que solemos tener los corredores. Necesito mirar al frente y ver que el camino, o la carretera serpentea de forma casi infinita sin que necesite doblar esquina alguna o cortar por alguna calle para retornar. Quizá sea por eso por lo que soy tan amigo de trotar por la Vega, o bien, por carreteras pequeñas que me llevan a pequeñas aldeas como son Búcor o Caparacena. Ahora bien, tampoco me he negado nunca a entrenar por circuitos urbanos, si eso ha sido necesario y, bien por no haber tenido suficiente tiempo o haber dejado de clarear el día, si no he tenido más remedio que correr por algún circuito urbano lo he hecho, pero he intentando evitarlo en la medida de la posible.

     Ahora bien, desde que opté por correr carreras populares de distintas distancias, he mirado con otros ojos esos circuitos urbanos; de hecho, la práctica mayoría de estas carreras transcurren a lo largo y ancho de alguna ciudad o pueblo, aunque el matiz que adquiere esa carrera es otra toda vez que el tráfico suele estar cortado y el protagonista es el corredor.

    Ahora que he cambiado de barrio, sabía que más tarde o más temprano en alguna ocasión debería de correr por las calles que circundan a mi vivienda. Conocía ya circuitos diversos en Bola de Oro, lugar en el que vivía antes, pero no por la zona del Parque Almunía, que es por donde vivo ahora, si bien intuía que no sería muy díficil correr por este lugar, ya que en ocasiones veía a corredores nocturnos trotar por estas amplías calles y avenidas. Esta zona que menciono será familiar para los corredores y amigos granadinos que leen este blog, pero bastará decir para quienes no conozcan esta zona de la ciudad de la Alhambra, que se trata de un barrio en formación todavía y que como es típico de este tipo de barrios modernos, suelen contar con suficiente espacio libre y espacios verdes y abiertos, de acuerdo con los nuevos cánones urbanísticos (claro, siempre que no existan ediles dispuestos a recalificar compulsivamente).  Así, me dije, que mejor ocasión que correr que la tarde del lunes, aprovechando la circunstancia que tenía que hacerlo y no lo había podido hacer en toda la tarde. Por tanto, a eso de las ocho y media de la tarde, con un frío groelandés, me enfundé por vez primera este invierno la malla técnica Nike, la camiseta primera capa Adidas y el chubasquero técnico Joluvi, todo bien aderezado por guantes técnicos adidas, buff de microfibra y gorro ”Nike” comprado a un vendedor africano, y me fuí a trotar con mucho ánimo. Pues nada, me dije, a hacer una visita turística a mi nuevo barrio.

    Fueron alrededor de siete kilómetros y medio u ocho a un ritmo bastante vivo, concretados en dos vueltas, resumidas de la siguiente forma: salida por la larga avenida cercana a mi domicilio (de nombre para mí aún desconocido), rotonda de Parque Almunía, que es exactamente el kilómetro doce de la Media Maratón de Granada, giro a la derecha en dirección Facultad de Informática, callejeo hasta llegar a la Escuela de Gerencia, justo en el borde la de la Circunvalación de Granada, reentrada a Parque Almunía por la Autopista de Badajoz, frente a La Chana, giro a la izquierda para volver a entrar en el punto kilométrico 12, rotación a la amplia rotonda, y vuelta a coger la Avenida que conduce a mi domicilio. Es un circuito bastante completo, plagado de posibilidades para el corredor ya que en él es posible encontrar recorrido llano así como alguna subida y alguna bajada; además, lo más importante, no existe apenas intrusión de vehículos ni aglomeración de personas que dificulten el correr.

    No sé si el descubrimiento de este circuito urbano cambiará en el futuro mi visión acerca de entrenar por la ciudad, pero al menos contaré con una alternativa bastante viable.   

SIN DESCANSO

   Cuando aún está vigente el rumor de la sin par Carrera de San Antón, no hay lugar para la tregua. Pasan los días raudos y sin huella en el asunto del correr y el tintineo de los brindis por haber hecho una carrera más aún suena en nuestros oídos, pero no hay descanso posible. Es por eso por lo que hay que realizar una programación mínima que nos permita encontrar huecos para correr de entre los días cargados de hostiles actos rutinarios y otras cuestiones mayores o menores. Y es conveniente hacérselo saber a quien rodea al corredor para que nada se intente obtener de él durante ese rato de trote que nos hemos ganado a pulso. 

    Y no hay descanso, porque pronto tendremos citas importantes. Para muchos de nosotros (para Eduardo, para Juan, para Ángel Luis, para Jose, al que por cierto deseo que su esguince se haya quedado en un susto, y un largo etcétera), la próxima semana ya estaremos correteando por las calles de Almería, y como siempre suele ocurrir en estas citas de recorrido largo, uno no puede ir con lo puesto. Así que de hoy no podía pasar hacer una buena tirada. Podría ser por la mañana ó podría ser por la tarde. En mi caso, normalmente, siempre he preferido correr por la tarde, si bien el inconveniente en estas fechas es la poca duración del día. Salir a correr a las cinco y media, si lo que pretendemos hacer es una tirada larga se convierte en un problema de visibilidad importante, a no ser que el circuito sea urbano, que no es el más adecuado para grandes tiradas. Por lo tanto, la opción es salir por la mañana, o bien, salir por la tarde temprano, controlando los tiempos de digestión.

    Así que hoy la salida la tenía programada a eso de las cuatro y media de la tarde por la Vega de Pinos Puente. El trato ya estaba hecho de antemano: serían alrededor de 18 kilómetros y la comida efectuada no sería otra que pasta, que no suele necesitar tanto tiempo de digestión largo dada su capacidad de pasar al flujo sanguíneo rápidamente, además de ofrecer el glucógeno necesario para esa larga distancia. 

   Con el cambio de residencia he obtenido un plus añadido: estoy más cerca de la Vega de Pinos Puente posibilitando que pueda comenzar a correr antes; de ahí que la planificación horaria suela ser muy certera y los kilómetros programados sean cumplidos, algo que llena de satisfacción a este corredor cuando comprueba que en apenas quince minutos ya se encuentra trotando por esa idealizada Vega.

   El entrenamiento de hoy ha sido el típico de trote suave propio de una distancia kilométrica elevada. El ritmo ha estado en torno a los 4,45 o 4,50 el kilómetro, si bien hay que decir que ha habido dos tipos de medias: los primeros siete kilómetros han sido mucho más tranquilos que los once restantes, si bien no por una cuestión de planificación sino por haber corrido por sensaciones, sin proposiciones previas. Curiosamente, me he ido sintiendo mejor a medida que desfilaban los kilómetros, hasta el punto que el paso por Fuente Vaqueros ha sido percibido por este corredor como casi un entrenamiento de calidad. Sencillamente las piernas querían más rapidez y la mente no ofrecía resistencia, a pesar de haber sufrido con el reencuentro de las plantillas  adaptadas, perdidas algunas semanas por mor de la mudanza.

   Cuando, tras la carrera, tomaba unas cervezas con Emilio y Paco, les comentaba que tenía la sensación con el entrenamiento de hoy que me encontraba en condiciones idóneas para correr la media maratón de Almería, incluso aunque no hiciera mucho más en toda la semana, pero en el mundo del correr lo que hoy percibes como grandioso mañana se convierte en penoso y mísero, por lo que no es conveniente descuídarse y llevar a cabo tres o cuatro entrenamientos la semana próxima, procurando que alguno sea de calidad. Lo demás será dicho en la carrera que, como siempre, será la que nos pondrá en nuestro sitio. 

               

XXIV CARRERA INTERNACIONAL DE SAN ANTON (JAÉN, 16 DE ENERO DE 2007)

            Advierto que no será fácil hacer la crónica de esta carrera por varios motivos que, en absoluto, son “numerus clausus”: su grandiosidad, su participación, el plantel de la élite invitada, el ambiente, en fin, tantas virtudes y apenas ningún defecto que para hacer esta crónica, este corredor deberá de afilar su pluma en su expresión más prosaica de manera que al menos pueda intentar transmitir esas sensaciones vividas. Si consigo, aunque sea mínimamente, ese monumental fin, me podré dar por satisfecho.

            Supongo que para quienes no habitamos en Jaén no podremos contar con el privilegio que supone vivir la magia que impregna esta carrera los días previos, pero la magia siempre es contagiosa, particularmente cuando al llegar a la ciudad compruebas inmediatamente que muchos asuntos cotidianos propios de cualquier ciudad giran en torno a la celebración de este evento, que transcendiendo lo deportivo, está inmerso en el ámbito social ya que “toda Jaén”, participa con su presencia en las calles.

            Extraño también el día para correr en competición. Si habitualmente el panorama urbano que sueles contemplar antes y después de una carrera en domingo, consiste en sabor a prensa dominical y ningún tránsito rutinario en las calles, la carrera del martes 16 se caracteriza por situar al corredor fuera de un contexto de fin de semana, de manera que tras su actividad laboral, no sólo tendrá que comer rápido y ligero, sino que tendrá que desplazarse a otra ciudad. Pero, sin duda, todo forma parte de este apasionante mundo del correr. De esa guisa,  Jose y yo salimos de Granada sobre las cinco y media, temprana hora toda vez que por lo que conocemos y por lo que nos advirtieron nunca es fácil aparcar cuando se celebra esta carrera. Además, existe el inconveniente de situar el coche demasiado lejos del lugar de salida porque lo habitual es calentar con una ropa más abrigada que la que luego utilizarás para correr. No obstante, a eso de las seis y cuarto ya estábamos en la ciudad de la famosa carrera internacional, donde no fue demasiado difícil aparcar.

            La experiencia te dice que siempre es conveniente hacer una visita visual al centro neurálgico de la carrera, es decir, al lugar de salida y alrededores, para evitar sorpresas y despistes de última hora. Además, Jose debía recoger el dorsal. El mío lo tenía a buen recaudo Jesús Garrido, el administrador del blog corredor perezoso. Con él había hablado esa misma mañana por teléfono y me comentó que haríamos una especie de “quedada” bloguera en un lugar con una referencia concreta, así que después de tomar un café, buen metabolizador de grasas, al lugar indicado nos dirigimos, sin que existiera en mi retina la más remota imagen que me permitiera  reconocer algún rostro familiar de corredores que ya eran amigos gracias al privilegio de la red:  “te ví en el programa de televisión de Canal Sur y creo que recuerdo tus rasgos”, me había comentado Jesús horas antes por teléfono. Y así fue: al llegar una mano en alto me avisaba la presencia de Jesús. En seguida fui presentado a los administradores de populares blog de corredores de los muchos que pululan por Internet: Nekerum, Radiohead, Santi Palillo… También acudió a la cita un buen amigo de este blog, Eduardo, que acabo de comprobar ya posee un original blog de corredor del que hablaré en alguna ocasión, y buen conocedor de este mundo. Así que departimos un buen rato y nos hicimos bastantes fotos que sería material gráfico de primera hora. Normalmente esos ratos anteriores a las carreras suelen ser tan intensos y ricos socialmente que el tiempo pasa raudo. La salida de la carrera era a las 20,30 horas, justo después de la carrera A dedicada a los corredores más jóvenes. Así que a eso de las 20 horas, nos dirigimos Jose y yo de nuevo al coche y tras cambiarnos y dudar si correríamos en manga larga o corta, o con pantalón de competición o malla corta, comenzamos a calentar a buen trote, algo primordial cuando se trata de carreras cortas y con climatología adversa.

            Y llegó la hora de salida.

            Todo en esta carrera está bien organizado; todo suele ser brillante y no existen apenas sombras. Por tanto, la salida está estructurada en tres niveles: atletas de élite invitados, atletas federados y resto de atletas inscritos. Pero, por su importancia y trascendencia hay que hacer un comentario  obligado con relación a los atletas de élite invitados, que suelen ser presentados como se merecen deportistas de tanto prestigio: una luz intensa y un espacio alfombrado, junto a una megafonía y la presencia de éstos cuando son nombrados, integran los componentes épicos necesarios para que cualquier aficionado, aunque no les conociera (lamentablemente en este país parece ser conocido sólo el cerebro gris Beckham del que cuentan que existe la sospecha que haya podido leer algún libro), comprenda sin lugar a dudas de que se trata de primeros ases del fondo internacional. La presencia de Alberto García, José Luis Blanco, Marta Domínguez, Jesús España, José Ríos, Tadesse, entre otros grandes nombres, me pareció impresionante, y más o menos conocía que correrían en Jaén ya que casi todos los citados ya han corrido en alguna ocasión. Pero no esperaba que estuviera entre ellos mi admirado Paul Tergat, el etiope que destrozó, en 2004 la marca mundial de Maratón.

            Una vez presentados se procede a dar la salida, abriéndose segundos antes la valla que separa a los federados de los no federados. Y es ahí, en ese momento, en el que hay que hacer alguna crítica ya que la avalancha que viene de atrás (no olvidemos que corrimos casi 2000 personas) hace que se produzca como una especie de horda salvaje que hace muy difícil y peligrosa la salida, dado que muchos corredores intentan abrirse paso por medios no demasiados ortodoxos. A pesar de que el denominado Gran Eje  es ancho, la acumulación de corredores y la presencia de los espectadores a ambos lados de la calle, provoca un embudo que a poco de descuidarte podrías morder el polvo, cupo que ya espero haber cubierto con la caída del pasado día 6 de enero y confieso que no es nada agradable. Así que motivado por salir de ese embudo, todo el mundo intenta acelerar el ritmo, motivado por ese embudo y gracias a la ligera pendiente que ocupa quinientos metros de la carrera. Por tanto, opté también por apretar el ritmo, buscando igualmente  encontrar algún hueco que me permitiera diseñar “mi carrera”, algo que pronto se soluciona debido a la corta pero empinada cuesta que gira a la derecha del Gran Eje. Ese ritmo, creo, que ya no lo dejé en toda la carrera; de ahí que la sensación que advertí en toda la carrera es de velocidad y ausencia de tregua, algo habitual en una carrera corta, pero que en esta ocasión, además, vas muy llevado tanto por los corredores como por el palpitar humano que puebla todos los lugares de paso. Pero, a pesar de la rapidez de esta carrera, no será fácil ir sólo – aunque tampoco es aconsejable en ninguna carrera – en esta prueba, aunque que duda cabe que la carrera va poniendo en su sitio al corredor. Como bien dice Jose, no hay carreras más duras  o menos duras, sino que la dureza la impone el corredor. Esta máxima podría ser válida y servir de titular para esta corta pero dura carrera de San Antón, toda vez que algunas de las largas y empinadas cuestas que caracterizan a la ciudad son visitadas por los corredores.

            Los primeros cuatro kilómetros son básicamente de subida continuada, con algunos falsos llanos y altimetrías difusas, hasta llegar a una de las partes más altas de la ciudad, en los alrededores de la catedral, por lo que es lógica la apertura de huecos que ya se vislumbran dada la rudeza del recorrido, desfilando casi en filan india los corredores en algunas calles más estrechas que a la luz de las antorchas pareciera que se estuviera cumpliendo alguna suerte de ritual medieval, algo muy palpable en las calles del Jaén más antiguo.

            La vorágine rápida de la salida no desfallece en este corredor a pesar que la exigencia de subidas tales como la larga avenida (que creo se conoce como la de Los Escuderos, según me comentó Jesús Garrido), provocan que sienta las piernas muy cansadas, si bien de un cansancio más relacionado con la subida concreta que un cansancio generalizado. De hecho, ese cansancio desaparece cuando bajo o llaneo. Hasta ese momento, alrededor del kilómetro cuatro, no podría afirmar que me fuera posible mantener el ritmo inicial, rodando en esos momentos en torno a los cuatro minutos el kilómetro y asaltándome continuos pensamientos de debilidad mental que podrían torpedear el ritmo alegre hasta ese momento conseguido. No obstante, observas el ambiente y enseguida adquieres una buena pócima de optimismo. Esa es una de las grandezas de esta prueba. 

            Intento devorar kilómetros y recuperar el ritmo perdido en las subidas cuando se presenta alguna bajada, si bien no es fácil adquirir velocidad dado que existen curvas que se presentan muy cerradas y acabas por desear algún tipo de terreno normal que permita a las piernas una lucha más objetiva contra los elementos, si bien ese terreno no es el más propio para esa misión. En ese afán te encuentras cuando miras una pancarta que indica que estamos en el kilómetro seis. Si no has corrido antes aquí, como es mi caso, no sabes si esos dos kilómetros y medio o tres que aún quedan serán más o menos de cuesta, pero pasas por la Catedral y sabes que estás en una de las partes más altas de la ciudad, por tanto, si la llegada es de nuevo en el Gran Eje, no cabe otra cosa que bajar, si tu mente a estas alturas aún recuerda algo las calles de Jaén, andadas cuando voy a algún curso o asunto profesional. Así que busco ir a tope, confiado en que la parte más dura ya está superada. Estás en esos pensamientos cuando una pancarta te señala que quedan tres kilómetros, y automáticamente piensas que te quedan unos trece kilómetros de carrera y, como ocurre siempre que vas tocado en alguna prueba, comienzo a sacar la máquina mental de calcular, diciéndome: si vas regular, pollo, no aprietes; déjate llevar y a lo sumo perderás algún  que otro minuto. Pues nada, a vivir de las rentas. No obstante, el empuje sigue vivo y cada minuto que pasa es un minuto menos de carrera. Callejeas un poco y vuelves a reencontrarte con el Gran Eje, que para sorpresa de muchos corredores se hace bastante duro. No se trata de una cuesta del tipo de las anteriores unos kilómetros atrás, pero que duda cabe de que se trata de una subida continúa y cansina que unida al gasto acumulado y el esfuerzo de la carrera se convierte en dura.

          Observo como me pasan algunos corredores pero no me preocupa en absoluto. Cuando corres comprendes – más te vale – que aquí cada uno va con las fuerzas que buenamente tiene, así que continúo a ritmo alegre por esta avenida. pero claramente más bajo que el mantenido durante la carrera. El trazado final parece interminable. El calor del público sigue siendo impresionante, existiendo tramos un poco antes de la meta en los que apenas si cabe un corredor. Sin duda la gente te lleva hasta el final.

            Cuando llegas, obtienes la recompensa que sueles obtener en todas las carreras que acabas: una satisfacción enorme y la convicción que lo que haces lo haces genuinamente.

            Todos considerábamos que la distancia estaba en 8 kilómetros y medio, pero los resultados oficiales consultados en la página web de Idea Informática ofrece el dato de que han sido 9000 metros exactos los recorridos, indicando que mi media ha estado en 4 minutos y diecinueve segundos el kilómetro que considero un comienzo prometedor para la temporada que comienza; cruzando la meta con alrededor de 14 minutos más que los empleados por Tadesse y alrededor de treinta y seis minutos mienos de los empleados por Diego alberto Pérez,  corredor en atravesar la linea de meta, es decir, entre el cielo y el infierno, en un cómodo lugar que bien podría estar muy cercano al limbo, del cual ha dicho la Iglesía oficial que no existe, echando arrojando de esa manera a la basura miles y miles de postulados doctrinales.  En la cabeza, los magníficos corredores invitados han tenido un dura pugna, imponiéndose el favorito, Tadesse, que está demostrando estar muy fuerte en las últimas temporadas. En segundo lugar ha llegado el “keniata” de Vallecas, Alberto García, demostrando que está en un momento excelente de forma.

            Ya decía al principio que esta carrera también ha sido muy social y, además, de los amigos corredores citados, se han dado cita multitud de granadinos. Allí estaban, entre los conocidos, Rafa Botella, Fernando Gálvez, Fernando Medina y Manu del club y, aunque, no tuve oportunidad de verle sé que corrió también Juan Martín, también de nuestro club, que la mañana posterior a la carrera me llamó por teléfono y comentamos esta original prueba.

            La bolsa del corredor consistió en camiseta conmemorativa, medalla, una pequeña muestra de aceite de Torredonjimeno y un botellín de agua, pero lo importante no era en esta ocasión la bolsa, sino la posibilidad de poder correr en una prueba  que sitúa a este deporte en lo más alto.

            La vuelta fue corta y agradable, optando Jose y quien esto escribe tomar un par de cervezas en Granada en vez de quedarnos en Jaén, toda vez que el siguiente día es plenamente laboral y nuestra afición tiene que dejar paso a nuestras obligaciones laborales. Pero llegamos a Granada con un magnífico sabor de boca y la omnipresente sensación de ser testigos de un deporte que nos tiene totalmente enganchados, algo que no es difícil si de vez en cuando se celebran carreras como la vivida esta noche, la noche de San Antón.                                                           

 

UNA PINTORESCA VISITA

     Ojalá tuviera media maratón Pinos Genil. Lo digo por mi error involuntario – no mayestático- de intentar atribuirle a esta bonita población granadina una carrera de estas características, si bien no sería nada dificil organizarla si consideramos que la ida y la vuelta desde Puente Verde de Granada, por el camino de la Fuente de la Bicha, más o menos, es esa distancia, como bien sabe Juanjo, Ángel Luis, Hueso, Jose y los cientos de corredores que por allí se esfuerzan. En fín, el asunto venia a cuento en relación con la media maratón de PUENTE GENIL, que nuestro amigo Paco Montoro correrá el 28 de enero; y es que, en realidad, existe un cincuenta por ciento de coincidencia nominativa entre ambas poblaciones homenajeadoras de nuestro rio, afluente del Guadalquivir.

    La caida del otro día, además del sustillo que siempre provoca, ha postrado a este corredor unos cuantos días, debido, principalmente, a la dificultad de articular la rodilla debida a la herida del castañazo. Pero todo se va solucionando y ojalá las lesiones futuras, que seguro tendré, consistan tan sólo en eso. Así que lo hemos dedicado a otros asuntos más prosaicos. Por ejemplo, ayer hicímos una bonita visita a un pueblo jienense dotado con uno de los castillos califales más interesantes de Al-Andalus. Me refiero a Baños de la Encina, muy cerca de Linares. La bitácora del viaje reza de esta manera: 

     Hoy tocaba visitar Baños de la Encina, con su proverbial castillo árabe del año 968, obra del califa de Córdoba Al-Hakan II y denominado Castillo de Burgalimar. Llegar a esta población es facil si nos adentramos en la Autovía que conduce a Madrid. De hecho, esta bonita población no dista más de seis kilómetros desde la salida que da acceso a la carretera local desde esta autovia y que comparte con una de las entradas a la ciudad de Linares. Es decir, estamos cerca tanto si vamos por autovía como si accedemos desde Linares. Para quienes opten vistar esta población desde otras Comunidades, decir que no ofrece dificultad una vez se atraviesa el desfiladero del parque natural de Despeñaperros. La carretara que conduce hacia esta población de origen árabe y que no cuenta con más de tres o cuatro mil almas, es cómoda y poco transitada.

     El pueblo lo encontramos a eso de las tres menos algo de la tarde, plácido y silencioso y nos sorprende su centro neurálgico, es decir, la plaza del Ayuntamiento, la Iglesia y el Castillo, todo a tiro de piedra. Nos sorprende, digo, su estructura empedrada, recordando más a un pueblo de la Castilla más septentrional que a un pueblo de Andalucía, si bien muy al norte de Andalucía. Es un pueblo claramente dotado para el invierno, por sus aspecto medieval y antiguo, dotado de casas palaciegas, una iglesia dedicada a S. Mateo y, como decía, un portentoso castillo de catorce almenas cuadradas y huecas y una espectacular torre del homenaje de construcción posterior, en cuya parte más alta ondea la única – junto al castillo de Florencia, reza un cartel- bandera otorgada por el Consejo de Europa; lógicamente, además de la bandera española y andaluza.

     Mi compañero de trabajo y amigo Antonio Membrilla me mencionó un lugar idóneo y de calidad para comer. Dimos una vuelta y tan sólo encontramos un lugar denominado la Hospedería Rural “Palacio de Los Guzmanes”. Pensé que serían los primos del inefable Conde-Duque de Olivares, amos y señores otrora de aquella maltrecha Andalucía. Enseguida comprendimos que no podía, en absoluto, ser el lugar que mencionaba mi amigo, así que lo mejor sería preguntar, y a quien mejor que un Policía Local de la localidad. En un andaluz extraño, quizá, castellano, no sé, nos dijo del lugar que buscábamos “de buen comer y económico”. Nos indicó el lugar y resultó que estábamos a tiro de piedra. “Antes dejen el coche en la izquierda, en el aparcamiento”. Dicho y hecho. El lugar en sí se denomina Restaurante Mirasierra porque, efectivamente, es a la sierra donde mira. El Policía Local no obtendrá jamás el premio a la simpatía, porque dentro de sus divisas no ocupa un lugar preponderante esa virtud, algo muy natural en la zona, pero fue efectivo y sobrio como casi un “buen castellano”.

     El lugar en sí, no era demasiado grande. Contaba con una amplia barra de zinc y unas cuentas mesas en un comedor improvisado, separado del resto por unas cuantas celosías baratas. En su interior estaban comiendo cuatro grupos de personas, que ocupaban cuatro de las seis o siete mesas de que constaba. En una mesa se encontraba un hombre joven y en otra también almorzaba otro hombre de más edad. Al fondo había cuatro personas jóvenes, tres chicas y un chico; a su izquierda, en una mesa con vistas al ventanal se encontraba una pareja cuarentona que no paraba de fumar; “ya estamos”, me dije. Nos sentamos en la mesa más cercana al televisor que no estaba demasiado alto, pudiendo charlar sin tener que alzar la voz. Enseguida nos anotó el camarero los platos del menú que nos indicó. Se trataba de un hombre más cercano a los sesenta que a los cincuenta años, bien uniformado y atento y con aspecto de llevar más de media vida dedicado a la hostelería. Su acento me recordó al del Policía Local, es decir, difícil de entender. Nos dijo – y me confundí, como casi siempre- que el primer plato era sopa de picadillo o gazpacho y que el segundo era un solomillo al jerez “muy bueno”. También hizo alusión a algo de ensalada y de ahí mi  confusión. Pero no, la ensalada – por cierto, fresquísima y bien condimentada- era algo que se servía con independencia de los platos que se pidieran. Así que esos dos platos, se convertían en tres.

     Siempre que comes fuera existen dos opciones claras y diferenciadas: si pides menú, haz de mentalizarte acerca de modestia de los platos, interpretando los buenos manjares de ese menú como algo extraordinario y añadido; si pides a la carta, se ha de pensar en todo lo contrario: no debería de haber sorpresas, es decir, la modestia culinaria debería estar desterrada y ser excepcional. Pero claro, optamos por el menú, no tanto por nuestra posición inamovible, sino porque parecía la sugerencia de la casa. Y no hubo modestia culinaria, todo lo contrario, hubo una  sorpresa agradabilísima. Ya digo que la ensalada era fresquísima y bien condimentada, pero el primer plato consistente en sopa de picadillo no le iba a la zaga ya que contaba con los mejores ingredientes y sabores. Sin embargo, la bomba culinaria llegó de la mano del segundo plato: solomillo al jerez, perfectamente cocinado y de una calidad inusitada para un menú. Pero ahí no estaba todo porque vinieron después los postres caseros que, faltaría a la verdad no decirlo: de lo mejor de lo probado hasta ahora, incluyendo lo pedido a la carta. Consistían éstos en una suerte de bizcocho bañado en crema y nata y denominado con un nombre muy gráfico y que hacía honor a su esencia: sabebien: El otro postre era una magnifica tarta de queso casera, bañada con salsa de caramelo también casera. Qué decir ante tanta magnificencia culinaria. Tanto es así que no pude evitar llamar a Antonio Membrilla y agradecerle su consejo. Y todo ello a un precio que no diré para que no se me acusé de exagerado.

     Tras ese elixir de sabores andamos por los alrededores del Castillo, descubriendo que no existía en el pueblo árabe improvisación alguna, señalando con precisión sus marcas de frontera califal, en el camino existente entre sus dos grandes reinos: Córdoba y Toledo. Un castillo, incluso anterior al de nuestra admirada Alhambra, manteniéndose aún majuestuoso toda vez que ampliado y mejorado en la época bereber. 

     Posteriormente visitamos la Plaza del pueblo que, como decía, era una suerte de conjunto de aspecto medieval empedrado. Todos sus edificios sugieren una historia antigua, condimentada con la proliferación de casas blasonadas de época posterior (Siglos XVII y XVIII) que ofrecen al viajero una oportunidad visual destacada. No pudimos acceder al interior de la Iglesia a S.Mateo, pero su exterior parecía pugnar en cuanto a magnificencia con el castillo, siendo éste, sin embargo, el monumento más espectácular de todos los contenidos en esos pocos metros cuadrados, siendo justa la declaración de Conjunto histórico-artístico con que cuenta la población desde 1969, si bien el Castillo en sí es Monumento Nacional desde aquel glorioso 1931.     

    

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