La ciudad de Armilla acogía esta mañana de domingo la primera prueba del GPF 2007 de Diputación, como viene siendo habitual. Esta prueba, tal vez por ser la primera del Circuito aglutina un espectacular número de corredores, algo que es más común en carreras de ciudades más grandes pero no tanto en poblaciones como la de Armilla que no supera los 20.000 habitantes. Es también atractivo el recorrido llano de esta prueba, así como las buenas comunicaciones por carretera que existen para llegar a esta próspera ciudad, escorada junto a Granada hasta el punto que no es factible reconocer cuando estamos en un término municipal o en otro. De hecho, será esta población la que albergará en el futuro uno de los centros comerciales más importantes de Andalucía. Tanta ha sido la importancia de este centro, de nombre Nevada, que la ansiedad de poder, gloría y dinero parece ser que han eclosionado con esa balanza simétrica que sostiene una dama con los ojos vendados y que llaman Justicia, esa diva que en ocasiones, muy raras ocasiones, suele mostrar su semblante más serio y formal ante tanta estulticia que brota a su alrededor en el asunto del ladrillo. Esa dama idealizó durante muchos años mi inquietud intelectual y por ella era citado a diario, en la Plaza de la Universidad de Granada, pero con el paso de los años se demostró que sus postulados a veces eran engullidos por esas poltronas que propiciamos con nuestro voto cada cuatro años y otras veces eran sus postulados tan enrevesados que se ahogaban por sí solos. Por eso, cuando esta mañana pasaba junto al engendro del futuro parque Comercial Nevada, abrigaba la posibilidad de que esta buena dama vuelva por sus fueros y no olvide más sus citas.
Vista aérea del futuro Centro Comercial Nevada, en construcción.
Por tanto, si tuve tiempo para pensar en todo eso mientras conducía significaba que iba relajado y con tiempo suficiente, una vez aprendida muy bien la lección del pasado domingo en Almería pero, claro, no eran los mismos kilómetros y tampoco la climatología era la misma. Por eso cuando estaba en los aledaños de la Ciudad Deportiva de Diputación y aún veía a los operarios colocando las vallas para sellar el recorrido pensé que iba con bastante margen, situación muy distinta a la del domingo pasado ya que en los aledaños del Estadio de los Juegos del Mediterráneo de Almería lo que podía contemplar era voluntarios y protección civil, así como Policía Local, apostados en sus lugares de referencia, situación que denotaba la inminencia del comienzo de la prueba. En Armilla no es difícil aparcar, pero el premio obtenido por llegar temprano consistió en un aparcamiento muy cercano al enorme globo de Cruzcampo que actúa de salida y llegada. Por tanto pensé: hoy te está saliendo todo bien, ya sólo falta que tengas buenas sensaciones en la carrera, pero como en la vida casi nada es perfecto, esas buenas sensaciones brillaron por su ausencia, debido a la falta de entrenamiento de los últimos meses, desde mi mudanza, más que al ritmo de competición, ya que en los últimos tres meses han sido tres los medios maratones recorridos y varias carreras cortas más.
En los alrededores de la línea de salida ya había un ambiente excelente de carrera y todo indicaba que sería muy importante el número de participantes, calculo que sobre los 700 u 800. Pronto vi a Alejandro Casares, muy diligente él, entregando los dorsales a los miembros del Club Esquí Caja Rural que hoy parece ha hecho pleno, o casi. Observé que mi dorsal, como sabía, no sería el 96 como la edición anterior, sino el 165. Pues muy bien, me dije, ese será el número que me acompañará todo el año y el que sufrirá cientos de pinchonazos de los imperdibles. Ahora tocaba ir a por el chip, que será el sistema de medición este año, mucho más preciso que la pistola de códigos.
Llegar pronto da para mucho. Jose (Oliver) y quien esto suscribe fuimos a ver si podíamos tomar un café, buen metabolizador de grasas dicen, pero el bar de la Ciudad Deportiva a esas horas estaba bastante lleno, así que comprendiendo que nos servirían tarde desistimos. Por tanto, tocaba calentar un poco, algo muy necesario en carreras cortas, para posteriormente dirigirse al coche y despojarse de las ropas de calentamiento.
Al poco se dio el pistoletazo de salida. La salida ha sido tumultuosa, recordando un poco a la de S.Antón, en Jaén, sin llegar a esos niveles; no había reparado en ello pero pronto observé que había salido bastante atrás, así que ahora tocaba la ardua tarea de remonte algo que no me gusta demasiado porque es complicado ese ejercicio de sortear: subes a una acera y bajas; penetras por algún pasillo; chocas, en fin, toda una odisea. No obstante, lo importante es ir buscando un hueco vital que permita buscar tu ritmo y si es posible agruparte con corredores de ritmo similar al tuyo, si bien eso tampoco es nada fácil. Los primeros tres kilómetros casi se van con esa idea en la cabeza, son kilómetros especulativos, pero a partir de ahí ya comienzas a posicionarte y obtienes más espacios vitales ya que la serpiente multicolor va perdiendo densidad poco a poco.
El circuito consta de dos vueltas, de aproximadamente cinco kilómetros cada uno. En la primera vuelta, cerca de nuevo de la ciudad deportiva, observo que el ritmo que lleva el grupo en el que me integro es bastante vivo, probablemente en torno a los 4,20 el kilómetro. Existe cierta simetría porque ya parece que todos los corredores ya han encontrado su ritmo adecuado, exceptuando a quienes por algunas causas u otras descienden el mismo de manera dramática en los últimos kilómetros debido a alguna lesión, pájara o bien porque la psicología, que cuenta mucho en el mundo del correr, no rige adecuadamente; por su parte también están los corredores que suelen dividir la carrera en dos partes: la primera más suave, para explotar en la segunda parte. Algunos de estos últimos corredores también observo. Son corredores que andan en torno a los 4 o 4,10 el kilómetro. A esas alturas de carrera ya sé positivamente que me costará mantener ese ritmo de 4,20, aproximadamente, pudiendo ser muy probable que pudiera disminuir esa media porque no encontraba el ritmo adecuado, encontrándome como agarrotado y con alguna molestia en el soleo izquierdo, a pesar de que la noche anterior me administré gel frío.
Honestamente hablando, la sensación que tenía entre el kilómetro seis y diez es que mi ritmo había decaído algo, si bien la media final desmentía ese dato. Al paso por el kilómetro siete ya tenía bastante gana de llegar y he de decir que no iba disfrutando de las sensaciones que en ese momento experimentaba. Decisivamente no iba bien. Por tanto, movido por ese pensamiento, quizá de forma inconsciente me pareció que bajaba algo el ritmo, costándome seguir el ritmo del pequeño grupo con el que marchaba. De ahí que pensara que sería mejor dejarme ir a la espera que volvieran de nuevo las fuerzas. Entonces fue cuando el compañero del club, José Antonio Salazar, algo lesionado, entre el público, me animó diciéndome que iba muy bien.
Estábamos ya a unos dos kilómetros, una vez pasado el kilómetro ocho, ya que al parecer se recorre sobre medio kilómetro por encima de los 10 kilómetros oficiales. Cuando recobro algo las fuerzas también se recupera algo el optimismo y vuelven las buenas sensaciones. Para entonces ya estábamos en el kilómetro nueve y lo que distaba era mucho más llevadero gracias a la leve bajada anterior a la línea de meta.
Finalmente el crono particular se detuvo en 45,26, siendo el oficial dos segundos más. Ahora bien, y ha sido motivo de conversaciones grupales en la zona de refresco, hay que decir que aunque la distancia oficial a recorrer son 10 kilómetros y esa es la media que ofrece la organización, en realidad se recorren entre 10 kilómetros y quinientos o seiscientos metros, siendo la media, por tanto, un poco distinta. En el caso de quien esto suscribe, la organización me atribuye una media de 4 minutos y 33 segundos el kilómetro, basada esa media en 10 kilómetros justos, si bien siendo los kilómetros recorridos 10 kilómetro y 500 metros, la media estaría en 4,20 mucho más acorde, parecer que es compartido por todos los corredores con los que pude hablar.
LA ORGANIZACIÓN
La organización de esta carrera siempre es correcta y adecuada al tipo de carrera que es, a pesar de que el pasar por las calles a veces el corredor se encuentre con personas que atraviesen la calle, sin que haya habido hasta ahora incidente alguno que se sepa. El avituallamiento es el correcto y compruebo que poco usado, toda vez que al existir uno sólo, en el kilómetro cinco, la mayoría de los corredores aún van suficientemente hidratados y ya no habrá más tiempo de avituallar.
Algo que sí es un poco lento en esta prueba es la entrega de la bolsa del corredor, a lo que hay que añadir este año la entrega de chip. La bolsa del corredor es modesta: la sempiterna camiseta de manga larga (al parecer la misma en los últimos años), que se administra en tallas demasiado grandes para opinión de algunos corredores, una naranja, un yogur y agua. En cuanto a los refrescos, hay que decir que se ofrecen suficientemente, existiendo un puesto de Cruzcampo y otro de Coca-Cola.
EL LADO MÁS SOCIAL
En eventos de este tipo existe la posibilidad de saludar a bastantes conocidos y a otros amigos corredores que poco a poco vamos conociendo, en muchas ocasiones gracias a la presencia de este blog en la red. Entre estos amigos, hasta ahora virtuales, pero ya desde hoy físicos se encuentra Juanjo, al que saludo desde aquí y felicito por su estreno en este loco mundo. Juanjo me saludó antes de la salida y pudimos conversar algunos minutos, comentándome este nuevo corredor que había estado inquieto la noche anterior a la carrera. Es normal, le dije. Nos ha pasado a todos; es más, nos sigue pasando en ocasiones. También conversé con un paisano: Mario (resonao) y una chica – perdón por no preguntar el nombre- que hablaba con Jose y manifestaba que seguía este blog. Gracias, por tanto. También ha sido posible charlar con Rafa Botella y con casi la mayoría de los compañeros del club: Alejandro, Ángel Luis, Manu, Fernando, Bernando, Luís, Eduardo, Antonio, y otros muchos cuyo nombre no conozco o no recuerdo. Por cierto, suerte a Manu y Fernando en la Maratón de Sevilla.
La próxima cita la tenemos en Albolote, el día 25 de este mes, siendo una prueba muy similar a esta de Armilla.
Aunque algunos estamos especialmente activos, tanto a final de año como a principios ( Media de Córdoba y Media de Almería), en realidad estamos contentos por el comienzo del GPF de 2007, a pesar que intereses confesables o inconfesables, o sencillamente decisiones tomadas por gente ajena a este mundo, han dejado algo vacio de contenido el Circuito con la no inclusión de la Media de Granada. Craso error de personas que ostentando una función pública confunden intereses partidistas con cuestiones en las que no deberían de medrar. Por tanto, me alegro que muchos de vosotros opinéis, igual que quien esto suscribe, que determinados asuntos deben de estar al margen de intereses partidistas.
Aunque aún resuenan lejanos los huecos del Medio Maratón de Almería y este corredor ya ha tomado buena nota de cómo no se ha de planificar una carrera, estamos en puertas de una nueva edición del GPF de Diputación de Granada 2007, y algo habrá que comentar sobre este evento de carácter anual. Ruego a los numerosos amigos y amigas corredores que siguen esta voluntariosa bitácolra dedicada al mundo del correr, y en ocasiones a algunas cosas más que tienen relación con el alma y la inteligencia humana, que sepan disculpad que este post tenga un carácter localista, pero no exento de interés para toda la galaxia runner. 


No sé si lo habré comentado en alguna ocasión, pero no soy amigo de los circuitos urbanos. Para mí el correr es hacerlo en lugares abiertos, ya sean caminos o carreteras, pero necesito tener la certeza, o al menos, la intuición de que mis piernas se enfrentan a una especie de camino sin retorno, libre de otros elementos que no sean el propio camino y yo. Es entonces cuando experimento algunas de esas sensaciones entremezcladas de sufrimiento y placer que solemos tener los corredores. Necesito mirar al frente y ver que el camino, o la carretera serpentea de forma casi infinita sin que necesite doblar esquina alguna o cortar por alguna calle para retornar. Quizá sea por eso por lo que soy tan amigo de trotar por la Vega, o bien, por carreteras pequeñas que me llevan a pequeñas aldeas como son Búcor o Caparacena. Ahora bien, tampoco me he negado nunca a entrenar por circuitos urbanos, si eso ha sido necesario y, bien por no haber tenido suficiente tiempo o haber dejado de clarear el día, si no he tenido más remedio que correr por algún circuito urbano lo he hecho, pero he intentando evitarlo en la medida de la posible.


