Y hubo gran hambre en toda la tierra (Lc 4,25). Pueblos hartos del hambre y sequedad alzan hoscos sus voces indigentes, censuran los repartos negligentes y el cúmulo feroz de propiedad. En su voz de rasgada soledad, reivindican ayudas indulgentes; necesitan acuerdos contundentes que traigan paz y libren de impiedad. Viven su diaria muerte en

