El Partido de la Oposición, estratégicamente erosionado por una persistente presión administrada con hábil goteo, desde el espacio gubernamental, se halla entre las cuerdas; atrapado en un rincón no ha sabido reaccionar; perdido el Norte, se deja caer en enfrentamientos personales y en discusiones sobre la dirección de la Caja de Madrid. Es una banalidad

