OJITOS SIN BRISA

“Una voz se oyó en Rama,

llanto y lamento grande.

Raquel lloraba a sus hijos

y no quería ser consolada,

porque no existían”

(Jr 31,15; Mt 2,18).


Las nubes, abrazando la inocencia

del niño con sus brazos siderales,

se unieron, en sus besos inmortales,

a la madre, con honda reverencia.


Sus pupilas sumidas en la ausencia

buscaron, por las rutas celestiales,

la voz de los gemidos abismales

que los astros lanzaban con vehemencia.


Viles balas hendieron su cabeza,

sus ojitos se hundieron en la brisa,

y fue muerte en un cielo de tristeza;


en sus labios tembló turquí sonrisa

yerta por la ira cruel de la vileza

con que el hombre vertió sangre sumisa.

Nacer y morir

Nacer y morir

llorar y reír.

Rosa o clavel

Mamar y dormir.

Nardo y laurel.

Ha nacido el niño,

pedazo de cielo,

pétalo de rosa.

Ha llegado presuroso,

carita de miel.

Es tierno y delicioso,

de terciopelo y de algodón,

chiquita naricilla,

largas las manos y los pies.

Trae en su mirada

el azul del lago,

ojos pistilos de estrellas,

aurora de lunas,

pómulos de fresa,

dulce y fresca su piel.

Cabeza dispuesta

para captar y saber,

observar y aprender.

Un futuro de esperanzas

abre sus corolas,

camino del llegar a ser.

Nacer, vivir y morir

llorar, amar y reír.

Rosa o clavel

Mamar y dormir.

Nardo y laurel.

Salve, niño chiquito,

te saludan los astros,

la luna y el sol,

y te canta el ruiseñor.

Salve, niño bendito.

Que Dios te guíe y proteja

por la senda del bien y la paz.

Nacer, vivir y morir

llorar, amar y reír.

Rosa y clavel

Y gaviotas en el mar.

Camilo Valverde

SUS OJILLOS

Rasgados de azabache sus ojillos,

el niño yerto impregna triste brisa,

sentadico en sus miedos ya solillos,

dos lágrimas encubren su sonrisa.


Su terso rostro y trémulos dedillos

con mudo guiño aferran la camisa

de un cuerpo recubierto de besillos

en soledad crispada, ya imprecisa.


¡Mamá! Bajo musita en progresión.

Hipa y llora; señala y gesticula;

la contempla y la atrapa con pasión.


¡Ven, hijo! Leve abrazo lo estimula.

No se mueve, no atiende a la presión;

a la madre se apega y se vincula.


Camilo Valverde Mudarra

ORIENTE MEDIO


El Oriente Medio en sus altozanos,

solar de largos llantos ancestrales,

que fluyen desde tiempos muy lejanos,

ha penado destinos viscerales

tramados en encuentros de villanos

que incitaron la guerra y odios raciales.

La media luna fértil tan ansiada

ha sido siempre tierra devastada.


Flor de culturas, cruce de caminos,

ha vivido el drama del fracaso

por la ambición de extraños y vecinos

que se allegan al país sólo de paso,

lo expolian y saquean como felinos

y dejan a su gente el bien escaso

del llanto flébil y hambre inveterada

entre leche agria y miel desazonada.


La tierra de la alianza y la promesa

ha sido, para el tal pueblo escogido,

leyenda que avaló la gran empresa

de conquista del valle pretendido.

y de ahí surge la pugna que no cesa

por quedarse el obsequio prometido.

Esta confrontación en modo alguno

puede ser decisión de dios ninguno.


Camilo Valverde Mudarra

UN ANGEL BLANCO

Un ángel blanco trajo alas tupidas

que, rápido, insufló de brioso viento;

quedó su imagen y él voló, sediento

de auras vivas, a estrellas encendidas.


Su mirada quebró las despedidas,

la frente, que deshizo el pensamiento,

en las sienes, dispuso el nacimiento

de gotitas que fueron sorprendidas.


Inflexible, saltó asida la muerte

de la brisa rasgada de amargura,

tocó el rostro y dejó un hálito fuerte.


Las mujeres temblaban su ternura

y el silencio compuso un grito inerte,

sonó el llanto y llegó la cruel fractura.


Camilo Valverde Mudarra

HORA LESIVA

Vigilad, pues no sabéis el día ni la hora

(Mt 25,13).


El estrago truncó su voz festiva,

él quebró y fue el silencio trascendido

aun sabiendo que el hado decidido

aprestaba su barca decisiva.


Presurosa llegó su hora lesiva

cortó el soplo que estaba aún prendido

al azar de un remedio diferido

e impuso negro velo taxativa.


Lloró la luna y triste lo besó;

su rostro se llenó de levedad

y un ángel, en su altar, lo reclinó.


A las cinco de aciaga soledad,

cruzó el umbral y el cielo lo abrazó

a las cinco de eterna vastedad.


Camilo Valverde Mudarra

Uno de mis libros

DEL SONETO AL EVANGELIO”. Autor: Camilo Valverde Mudarra. Edit. por “EL MONTE CARMELO”.

Este libro, compuesto de poesía y comentario, intenta que el lector se deleite en la belleza de los poemas y, al mismo tiempo, lo utilice como instrumento de oración, para “hablar de amor con Aquel que sabemos que nos ama”, como decía la gran mística abulense, Santa Teresa de Jesús.

Si está interesado, puede dirigirse a CAMILOVALVERDE@terra.es

http://camilo.blogcindario.com/

http://camilovm.blogcindario.com/

http://www.autorescatolicos.org/camilovalverdemudarra.htm

FUNESTA

Una funesta ráfaga de espanto

cayó sobre el silencio de la estancia,

el asombro cubrió de su inconstancia

su rostro con crespones de quebranto


Las lágrimas, temblando bajo el manto,

heladas tiritaban su ignorancia;

cuando la muerte impuso su arrogancia,

se vieron suspendidas en el llanto.


Aun sabiendo que andaba presurosa,

su entrada atenazó el aire doliente

cuando tocó su cuerpo sorprendido.


Rígida, con urgencia misteriosa,

sin reparo, cortó su voz hiriente

e hizo nieve su rostro confundido.


Camilo Valverde Mudarra

GRITOS DE INJUSTICIAS

Un mundo de injusticia tan ingente

perecerá maldito en su impiedad.

Imponen su dominio intransigente

el interés, el odio y la crueldad.


Hinchando, con el rico prepotente,

su soberbia, derroche y zafiedad,

damas bufas, de aliño refulgente,

revuelcan su insolencia en pravedad.


Fuera muchos revientan oprimidos

por su ancha sed y largos sufrimientos

y hasta los muertos braman en sus fosas.


Los huesos de los niños desvalidos

clavarán, en los bancos avarientos,

sus gritos de injusticias espantosas.

Camilo Valverde

LECHE Y MIEL

La tierra en que fluiría leche y miel

llora ríos de lágrimas y sangre,

bebe en su llanto y come el pan del hambre

con flujos que la anegan de ira cruel.


El fanatismo fluye por su piel

en seculares odios de raigambre

que truecan los acuerdos en enjambre

de intereses que alejan la idea fiel.


Palestina, la tierra prometida,

es promesa de encono y de dolor;

todos la creen su casa sometida.


Que Yahvé, Dios o Alá, Nuestro Señor,

tras centurias de lengua transgredida,

traiga abrazos en diálogo de amor.

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