Por la noche, las hojas amarillas
son, en lágrimas, lloros vacilantes
que, saltando, salpican rutilantes,
a los gusanos, su haz de lucecillas.
En sus galas doradas, las ramillas
con gozo, les ofrecen muy galantes
el vigor de sus cuerpos tremulantes,
dulcemente besando sus mejillas.
Las luciérnagas prenden sus amores
y, en gratitud, restañan los espantos
que agazapados hieren sus clamores.
Vive el hombre, crispado, intensos llantos
sin luciérnaga, alivio de dolores,
en la ambición que apila sus quebrantos.
Camilo Valverde Mudarra

