HOJAS AMARILLAS


Por la noche, las hojas amarillas

son, en lágrimas, lloros vacilantes

que, saltando, salpican rutilantes,

a los gusanos, su haz de lucecillas.


En sus galas doradas, las ramillas

con gozo, les ofrecen muy galantes

el vigor de sus cuerpos tremulantes,

dulcemente besando sus mejillas.


Las luciérnagas prenden sus amores

y, en gratitud, restañan los espantos

que agazapados hieren sus clamores.


Vive el hombre, crispado, intensos llantos

sin luciérnaga, alivio de dolores,

en la ambición que apila sus quebrantos.


Camilo Valverde Mudarra

RUINES SILENCIOS

Esta es vuestra hora y el poder

de las tinieblas (Lc 22,53).


Tenso dolor inunda el mundo artero

con hambre y llanto y muertes alevosas;

sangrientos gritos, yendo a negras fosas,

retumban en los huecos del osero.


El lucro impone guerras por dinero;

ruines silencios, bajo crueles losas,

cubren pechos en flor de granas rosas

por falso agravio y pleno desafuero.


El mal que ruge, el odio que atenaza

hurtan los bienes, colman su avaricia,

llevan la ruina y llenan de quebranto.


El poder que ata, la ira que amenaza

dan la muerte, solapan su injusticia

y el hombre sufre y muere en el espanto.


Camilo Valverde Mudarra

RECÓNDITOS

«A cada día le basta su afán»

(Mt 6,34b).


Recónditos se llegan los inviernos,

silenciosos se vienen los calores

y los hombres se afanan con sudores

en fruir bienes y ver los frutos tiernos.


Los lirios natos visten blancos ternos;

las rosas lucen vivos sus colores;

el cisne blanco nada entre las flores;

las aves tienen silos sempiternos.


Ese afán de la vida precipita

en el culto, al dinero que deviene

en cadenas de cárcel inaudita.


El que menos recursos necesita

tiene más, que el que más riqueza tiene;

sobra con poco, y mucho, el sueño quita.


Camilo Valverde Mudarra

SIEMPRE LOS NIÑOS

Niños del terremoto revientan inconscientes,

saben de risas blancas, no de dolor y llanto;

gritos de los escombros, madres de desencanto

que desangran horrores y esperanzas pacientes;


y vendrán los cometas en corceles ardientes,

llenos de rabias rojas, blandiendo ayes de espanto

por la mujer que llora jirones de quebranto

en negra adversidad y usuras de pudientes.


¡Humanidad doliente, codicias de mezquinos!

Jerarcas y santones, por ganancias malsanas,

trafican con el mal, y venden la vileza.


¡Hados de mala suerte, dioses de agrios destinos!

Desastres naturales, ignominias humanas

siempre a los niños dañan y matan su nobleza.


Camilo Valverde Mudarra

GIMEN LAS ESTRELLAS

Respiran su cruel pobreza

los débiles y afligidos

viendo lujos y riquezas.

Los bienes mal repartidos

hienden desgarro abismal

en los pueblos oprimidos.

De todo el cómputo total,

sólo unos cuantos paladean

gran parte del fruto mundial.

Mientras tanto, muchos hambrean,

tiritan en sus carencias,

y, en su espanto se tambalean.

La miseria y la indigencia

sufren perennes las huellas

de la guerra y la violencia.

En sus ojos sin estrellas,

se hunde desnuda esperanza,

entre furiosas centellas.

La insolente matanza,

fruto del lucro sangriento,

sigue constante su danza

mientras bufa el avariento.

Camilo Valverde Mudarra

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VEO EL DOLOR

El dolor cruel del mundo, dragón de odios infestos,

un dolor flagelante que inunda de gemidos,

lo siento aquí muy dentro, rajando mis sentidos

con sus ayes horrendos, con gritos contrapuestos.



Saltan rotas mis sienes, me atan miedos funestos

Me estallan los quebrantos, me duelen los quejidos

los llantos de los nenes, que lloran doloridos

y rostros sin los huesos, que braman descompuestos.


Ríos de sangre rugen y arrasan el planeta,

desiertos sin palmeras, calaveras sin ojos,

horror en las llanuras y armas en las colinas.


Con amargos dolores, gimen en la cuneta,

pómulos retorcidos; gritan ruines despojos,

y terrores de niñas, en garras libertinas.


Camilo Valverde Mudarra

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EL POBRE

Sueña doblar el rico la riqueza

que lujo le da y gloria le concede,

mientras el pobre inerme languidece

en su injusto silencio de pobreza.


Ufano piensa el rico, en su torpeza,

que, “per se”, todo bien le pertenece;

ve el pobre, en su miseria, que carece

de todo, hasta de voz y de certeza.


No se percata el rico que, con su oro,

nunca podrá tener amor fecundo

para juntar un superior tesoro.


El pobre quiere ver, por su decoro,

la parte del producto de este mundo

que se le quita y roba con desdoro.


Camilo Valverde

SU CUERPECILLO

Dejad que los niños se acerquen a mí (Mc 10,14)

Su cuerpecillo tiembla tenso miedo,

abrazo sus temblores y lo mimo;

palpo su tiritar, mientras comprimo

su amargura que nunca olvidar puedo.

Yo lo miro y mirándolo me quedo;

lo retengo, lo aprieto, lloro y gimo,

dolor viejo y sangrante que le oprimo

en zonas de mi afán y mi denuedo.

En su alma, se fracturan las verdades;

en su rostro, perviven las ausencias

y sus ojos se nublan de crueldades.

Crímenes, ambiciones y pendencias

por miserables lucros y maldades,

le partieron sus sueños y vivencias.

Camilo Valverde

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ETERNAMENTE

Eternamente, ámame

en un uno fundidos,

insertos, entroncados,

en un sólo cuerpo,

en un sólo deseo,

en un sólo pensamiento.

Ámame eternamente

en un sólo ser diluidos.

Perennemente háblame

de tu amor transfundido

de tu entronque amado

de tu solemne cuerpo

de tu intenso deseo

de tu hondo sentimiento.

Háblame constantemente

de nuestro ser refundido.

Ámame eternamente

en un sólo ser fundidos.

Sin título

MADRE, CÚBREME


Madre, tú eres mi savia y mi rocío,

el hálito que me hace resistir;

si me dejas, no quiero ya existir,

sin ti, el mundo será mi desvarío.


Eres timón y quilla en mi navío,

dársena cierta donde persistir;

por ti, jamás habré de desistir

del rumbo que me diste tú con brío.


Tus ojos son mi luz y mi firmeza,

tus brazos, mi sostén y mi cimiento

y tu rostro, mi faro de certeza.


Cúbreme con tu mano de entereza,

insúflame las velas con tu aliento

y apriétame en tu pecho de pureza.


Yo tengo la tristeza

de haberla despedido muy temprano;

siento un desgarro estoico ya lejano.


Camilo Valverde

Ideal.es

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