Napoleón duerme en el túnel del mercadillo de Jaén

Se llama Napoleón. Nigeriano. 52 años.  Hasta hace unos días vivía en un piso de la calle Francisco Coello de Jaén. Con las últimas lluvias una pared se vino abajo. El inmueble amenaza ruina y se ha tenido que ir de allí. A la calle. “Duermo en el túnel del mercadillo. Anoche conté 19 personas allí”, explica. En las manos sostiene un cartón. El cartel que usa para pedir limosna en la calle.

Napoleón llegó a España hace ya muchos años. Tiene dos hijos. Al mayor no lo ve desde 1998. A la niña, desde 2006.  Siempre ha tenido trabajo hasta ahora: en el campo, en la obra, en una fábrica. Lleva cuatro años en Jaén. “Tengo ocho años cotizados a la seguridad social, ahora me veo en la calle”. Ha participado en el acto de Cáritas por los sin techo de Jaén. Cuando se disolvió la manifestación cogió su cartón, se sentó en una esquina y mendigó unas monedas. Cenará en el comedor de Cáritas de San Roque, donde van ya alrededor de 200 personas. La aceituna se acerca, no hay trabajo pero no se le pueden poner puertas al hambre, y ya llegan personas sin nada que perder desde todos los puntos de España. Al caer la noche Napoleón volverá al túnel del mercadillo. Seguro que hoy son más de 19.
 


 

 ACTUALIZACIÓN: Me escribe Inmaculada García Campero, de Cáritas. Copio y pego aquí su mensaje sobre la situación de Napoleón.

“Napolelón se unió a a la reivindicación y me emocionó, y al terminar, antes de ir a su rincón para volver a pedir, ya tení­a una entrevista concertada conmigo, responsable del Programa de Atención a Personas Sin Hogar de Cáritas, y con Ana Tere de Dios, de Cáritas Interparroquial, para estudiar su caso.

Napoleón ha estado pidiendo ayuda a las Administraciones públicas durante mucho tiempo, una vez que tuvo que desalojar el piso donde vivía. Nadie hizo nada porque no tener papeles significa no tener ningún derecho ni protección. Ahora, una vez que hemos conocido su situación, nos hemos puesto en marcha y pronto volverá a estar “bajo techo” gracias a que es un luchador por una parte y a la ayuda que le prestaremos, por otra.
Es un ejemplo de situaciones que no se sostienen cuando las personas pierden el techo donde viven y se ven abocados a la calle, con el consiguiente deterioro para la persona que lleva consigo vivir así (…) aunque no tengamos todos los medios para solucionar su situación totalmente, sí­ que le daremos el empujoncito que necesita para al menos, no tener que estar a la intemperie y seguir ganándose la vida como mejor puede”.

 

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