Se nos marchó la jornada del Martes Santo, la más cortita y, la verdad, la que más rápidamente se me ha pasado. Casi sin darme cuenta me vi contemplando a la Cañilla desde mi balcón del Ayuntamiento en un auténtico suspiro.
Un placer también este día. Desde el principio hasta el fin. Un principio zaidinero de extraordinaria factura. Anoche, termianda mi labor me escapé raudo y veloz para disfrutar de la coqueta bulla que allanaba el camino de la Virgen de la Caridad. ALguno me decía que el recorrido había tenido sus altos y sus bajos, pero es que lo que vi fue todo alto. Me gustó mucho el paso del Misterio en Plaza del Carmen y me gustó mucho en enorme cambio en la forma de andar del palio. Pero lo que más me gustó fue el auténtico clima de hermandad que se vivía en la recogida y que ya me dijeron -Sergio Berbel fue uno de ellos- que crea adicción. Aitor Cuadros también lo comentó. Y es verdad. Qué pedazo de HERMANDAD hay en el Zaidín.
Esperanza reinó. Elegante, suave, siempre de frente y siempre de costero a costero. Para atrás ni para coger impulso, dice mi padre. Esta gente lo lleva a rajatabla. Pedazo de cortejo y qué guapa iba con su nueva saya y su corona restaurada… Y a la banda, Campanilleros. Del Gran Poder destacar que, a pesar de que esta cuadrilla siempre fue sobria en el andar, se ha observado, y no es rasgo exclusivo de este paso, un freno en el muestrario del caminar costalero que algunas cuadrillas han exhibido en otras épocas y que ha contado con el beneplácito de todos. No sólo vivimos época de crisis en la economía, también en el catálogo de izquierdos y costeros… Y a la banda, Campanilleros. Por cierto, ahora que hablo de banda, muy bien a la del Gran Poder. Al César lo que es del César y a estos músicos lo que les corresponde.
El Vía Crucis se asomó a la ciudad, a apesar de las circunstancias. A pesar de los templos, de las puertas, de los andamios, de las casas en ruina… A pesar de todo, la hermandad se asomó, se dejó querer, se mostró como es y, al final dijo, el que quiera que me siga. Y le siguieron muchos en el rezo. El Cristo muy bien encajado en el silencio. El palio muy bien encajado con la Banda de Guadix y, con un caminar mucho más elegante, más trabajado que el de hace dos años. Estoy convencido de que el Vía Crucis está en un camino correcto, del que no debió salir y en el que debe acomodarse.
Y la Soledad… Qué decir de la Soledad, la Madre del Realejo, su Reina, la devoción de una barrio. La hermandad, de lujo. El cortejo, excelente. La Humildad, estupenda a costal, aunque quizás haya que esperar un poquito para verlo crecer en su andar. La virgen, no sé si con los problemas de siempre en su cuadrilla, pero que nunca se notan en el exterior. Alberto Ortega, como capataz, me tiene ganado para los restos.
Es el turno del comentario.
Un saludo y siempre de frente.
El acólito

