Colocar la memoria

Estamos siendo testigos y también protagonistas de la desaparición de elementos que hasta ahora habían sido bastante familiares, y, llenaban una parte importante de nuestro mundo. Por ejemplo, la máquina de escribir, ahora únicamente útil en tiendas de antigüedades y museos; la tarjeta postal; la carta escrita de puño y letra; el telegrama; casi el teléfono fijo, y, por supuesto las centrales telefónicas con sus características telefonistas y donde se iba a ver si la conferencia con el pueblo de al lado tenía mucha demora. La tarjeta de visita es otro elemento prácticamente en desuso. Pronto los “pen” serán un recuerdo con la llegada de la “nube”. Y echando mano así, a bocajarro, de la memoria, recuerdo la pluma estilográfica; la radio clásica; el despertador mecánico; el periódico, extinto en muchos lugares y sujetándose como puede a la isla naúfraga. Los carretes fotográficos y aquel misterioso proceso de revelado; las campanas cuyos toques se electrificaron. Hace unos años, era poco menos que imposible el pensar que de subirse al campanario y mirar hacia tal o cual horizonte a ver qué tiempo se barruntaba (si no, nos guiábamos por las cabañuelas o el “zaragozano”), pasaríamos a consultar internet para entrever la meteorología, ya sea al minuto, o, con una previsión de un mes. Las cintas de video; la librería local, reemplazada por cadenas, que amenazan distribuir, a través de internet. Esto en relación a la comunicación. Los tiempos adelantan que es una barbaridad, como decía don Hilarión en la Verbena de la Paloma. Cada uno evocará cosas que han sido durante mucho tiempo referentes de nuestra realidad y que hoy ya se han perdido o han quedado obsoletas. Igual que antes desaparecieron los porteros y las porterías, los serenos, la mili obligatoria. La pitillera, el rosario en cada casa junto al cuadro del Corazón de Jesús, o el repujado de la Última Cena, la metopa con la cuerna cérvida monteada, la cocina a gas, el cine de verano. Las colecciones de álbumes de estampas, y los cromos,…. Eso hablando de elementos físicos; porque si nos ponemos a pensar en costumbres, que han sido eso, práctica habitual, durante tiempo en nuestra relación con el día a día la cosa se ampliaría hasta límites casi infinitos. Ay, no sé qué halo melancólico me ha recorrido ahora, al rememorar los juegos de antaño y los guateques juveniles. Bueno y lo que creíamos que eran pilares inamovibles, como las ideologías, hoy cambian como el rumbo del viento. O incluso argumentos educativos que parecían que eran inalterables en una dinámica cambiable, pero no deformable, están bastante difuminados. Aquellos tratos que se sellaban con un apretón de manos; aquellas tertulias callejeras de la vecindad a la puerta de las casas en las noches de tórrido verano, o aquellas más intelectuales, o políticas, en los cafés o en las reboticas. Los ejercicios espirituales y las flores de mayo para María; la alegría dominguera, se comía pollo. La evolución es normal, y el progreso, pero van que se las pelan. La tartera con filetes empanados o carne con tomate para la caseta en la feria; y el fotógrafo con el caballo de cartón. Los artesanos, los zapateros remendones; los aprendices; el carrito de helados por las calles; los hojaldres calientes pregonados en invierno; la flauta del afilador; la cantinela del hojalatero o del componedor de paraguas. La Sección Femenina; la OJE; los campamentos de maestros. Las mujeres con sus elaboraciones navideñas, o con los pimientos rojos caminos del horno de la panadería. El misal y el velo; los paseos de domingo por la calle principal. Los niños en fila a por su dosis de leche en polvo; la llegada de la penicilina; aquel dentista que por las bravas nos esquilmaba la boca. Los cineclubs y luego los teleclubs; los curas ye-ye y los curas obreros, el aire del Vaticano II. Los baños en el río. El carnaval que no podía ser. Las barcas y los carruseles empujados por el motor de brazos duchos y cansados. La emigración en la familia. El Nodo. El “poner los rayos”, que no se había pasado una consulta médica de “verdad” si no iba acompañada por los consabidos rayos. LA muñequilla de anís para el bebé, que le calma el llanto y el vino quinado para los niños que están creciendo. El Fundador es cosa de hombres. Las manifestaciones; la transición; las primeras elecciones democráticas. La canción del verano; el anuncio del Colacao o del Tulicrén. Las piscinas separadas por sexos. El tren carreta, los motocarros. Las primeras películas de destape; las primeras televisiones que se ponían junto a la ventana para por las noches los vecinos sentarse a la puerta y ver aquellas Noches del Sábado, El Fugitivo, El Santo,…Hoy, los jóvenes se citan por internet, donde se ahorran, entre otras cosas, el engorroso trámite de la seducción sensorial en una pretérita ventana, en la plaza con la presencia de la carabina, o en una ya moderna discoteca. En la red crean fórmulas que ahorra tiempo. El sistema sirve para movilizar a toda una pléyade de indignados, pero impide otras emociones más directas. Sí, las nuevas tecnologías sobre todo han apalancado el cambio vertiginoso. Y de vez en cuando conviene que recordemos o contemos, aunque sea con un batiburrillo emocional, esas cosas que se han quedado en la alacena de nuestra vida, guardadas, para alentar nostalgias y alegrías por haber cambiado.

La enseñanza de la historia

Sobre el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia se está hablando y escribiendo para dar y tomar. De hecho son muchos los ciudadanos que a raíz de la controversia surgida en torno al mismo han conocido la existencia de dicha docta academia. Pero también, todo este debate que se ha abierto es bueno para que podamos reflexionar sobre muchas cosas. Como es el planteamiento que hacemos de la propia historia, ciencia que se centra en el estudio del pasado y como método el propio de las ciencias sociales para obtener, procesar e interpretar datos de tiempos pretéritos. El historiador cuando rubrica una obra, o una parte de ésta, con las características del diccionario de la academia, ha de sostenerse en la objetividad, al margen de sus posturas personales. En España hemos arrostrado la historia, especialmente la más reciente, con muchas susceptibilidades y aún no sabemos ser, en general, esencialmente ecuánimes; y un marcado cortejo de personajes incide adrede en ello. El caso del revisionismo franquista con algunos últimos best sellers es un ejemplo de lo que digo. También en los niveles de la enseñanza obligatoria quiero entrever una falta de visión razonada en el estudio de nuestra historia. En muchos de los currículos que los escolares abordan, se aprecian lagunas importantes, cuestiones que se reflejan de puntillas, esencialidades que no aparecen, mientras que, otros temas más banales, tienen un peso importante. En la Historia se dan una serie de desviaciones, actitudes mentales e ideas preconcebidas que dificultan un enfoque correcto, como son los tópicos o saberes vulgares, los anacronismos y los prejuicios. Es importante que los alumnos contemplen la importancia que tiene para la comprensión de los hechos y procesos, situarlos en un contexto tanto histórico como historiográfico. Sin embargo los libros de texto en su mayoría se acogen a un modelo en el que los acontecimientos se encadenan para conducir a un final previsible. Quiero recordar que leí no hace mucho que durante el gobierno de Aznar, para situarnos cronológicamente; que no hace tanto, alguien del Ministerio de Educación afirmaba que en las clases de Historia había que enseñar quién, dónde, cómo y cuándo, pero no las razones, que son controvertibles. En la actual ordenación de la ESO, la Historia reciente se imparte en el último curso. Tiene, creo, adjudicadas en el horario tres horas semanales. Es difícil de este modo completar un temario que abarca desde el siglo XVIII hasta hoy. Además, en muchos casos, los enseñantes se circunscriben al libro de texto, teniendo el hándicap de que queda poco tiempo y lugar para que los alumnos se encuentren con la historia a través de otros modos y fuentes. Y un punto fundamental de partida para la enseñanza de la Historia es provocar en los niños y adolescentes la curiosidad por las ideas, las cosas, los acontecimientos y los por qué. En la práctica, es probable que muchos estudiantes estén abandonando la escolarización sin un conocimiento adecuado de las raíces de la sociedad en que se insertarán como ciudadanos activos. A ello hay que decir además que el conocimiento de la Historia ayuda a responder muchas preguntas sobre nuestra propia vida, ayuda entender y a vivir en el presente. También hemos caído, en esto de la enseñanza de la historia y su contexto, en muchos lugares y centros educativos, en darle importancia al particularismo ombliguista (reduciendo tiempo para una enseñanza más distanciada, general y de luz larga) La llamada “microhistoria” se fundamenta en el estudio de la Historia en un contexto reducido. Esta puede ser útil si no se cae en una visión demasiado local y alejada de visión enmarcada y más universal de la Historia. He leído hace poco un trabajo del profesor Fernando Hernández Sánchez, quien, a raíz de la polémica sobre el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, y del estudio de la Historia en los centros educativos muestra algunos ejemplos de cómo tratan diversos hechos los distintos manuales de cuarto de ESO de las diferentes editoriales, y con una mirada serena y razonable, efectivamente, creo que habría que revisar en general el estudio de la Historia en la enseñanza obligatoria. En el currículo, pienso que hay lagunas que impiden para un joven de hoy, que ha perdido otras referencias generacionales, tener una contextualización global de los hechos y las circunstancias. Tenemos además que seguir insistiendo en que hay que dejar atrás la práctica de una enseñanza de la Historia basada en la anécdota, las fechas y los nombres. Es el profesor, de acuerdo a su proyecto educativo incardinado en su centro y en las directrices pertinentes de las administraciones el que debe marcar el ritmo de enseñanza, y no debe dar por hecho lo que hay que enseñar y cómo, sólo porque lo contenga un texto. La enseñanza es más rica y no necesita ceñirse a convencionalismos anacrónicos, que por desgracia siguen presentes en muchos casos de nuestra Historia.

Centro de Arte Francisco Fernández

Nobleza obliga, o sea, el privilegio conlleva a responsabilidad. Y digo esto porque demasiadas veces en mi vida he observado olvidos impropios de pueblos que se sientan mínimamente vivos, dignos, con una efervescencia de esas que llevan al crecimiento. Es muy común rubricar lo de que nadie es profeta en su tierra. Y hay demasiada España cañí, la del chabacano aldeanismo, que no perdona, con mucha frecuencia, que un hijo del pueblo alcance reconocimiento y descolle fuera de las fronteras traspisondas del “yo no, pero tú tampoco” Hay un viejo cantar que dice: “Que bien le ha ido dice la gente/anda triunfando por la ciudad/aquel negrito que allá en su pueblo/gastaba noches en el cantar/siempre lo vieron de madrugada/ con su guitarra tarde llegar/ y el comentario de los vecinos /era muy duro para escuchar/ hay va ese vago con su guitarra /pobre la madre como estará/cuanta vigilia esperando al hijo/que anda creyendo que va a triunfar./ Pero la vida te da sorpresas/y la sorpresa suele llegar/ porque el loquito que trasnochaba/anda de gira internacional, graba que graba …” Pues bien, una localidad como Torreblascopedro, que no es ni mucho menos almenado emporio del Jaén más excelso hablando de número poblacional, pero sí de ciudadanía bien avenida y de mirada larga, ha plantado una pica en Flandes y acaba de inaugurar el Centro de Arte Contemporáneo Francisco Fernández, todo un blasón de empaque y una declaración preclara de principios en cuanto a apuesta por la cultura como gran bastión del desarrollo local. Y como desde el principio señalo, muestra el agradecimiento de un pueblo por uno de sus hijos más ilustres y representativos; que siempre, a pesar de residir en diferentes lugares de España o incluso del mundo, ha mantenido permanentes lazos afectivos y culturales con su localidad natal y siempre que ha podido le ha inyectado contundente savia.

La inauguración contó con el propio Francisco Fernández, siendo arropado por la diputada provincial de Cultua, Yolanda Caballero; el Rector de la Universidad de Granada y vicerrectores de la Universidad de Granada y Jaén. Allí estaban los familiares de quien daba título al centro, sus amigos y el pueblo de Torreblascopedro, y cuando digo el pueblo, es que estaban, muchos, muchos vecinos torreños. También entre los asistentes estaban muchas personalidades del mundo de las Artes Plásticas, tales como Miguel Rodríguez Acosta, Maria Teresa Martín Vivaldi, Rafael Peralbo, Juan Antonio Baños, Francisco José González Olivares, José Rodriguez Gabucio,…; poetas de reconocido prestigio internacional como Antonio Carvajal, músicos como Guillermo González, premio nacional de piano; y del mundo académico. El centro tiene como misión ser un lugar expositivo e interpretativo de arte contemporáneo, considerando singularmente además el mundo de la fotografía. El edificio es un ejemplo de sencilla arquitectura aplicada a un fin concreto, donde la luz natural tiene un papel fundamental. Cuenta con varias salas de exposiciones, sala de proyecciones, espacios diáfanos para pequeñas representaciones, nuevas tecnologías, conciertos, o conferencias, espacios administrativos y un área de servicios. Está concebido como un espacio polivalente en el que tendrán cabida todo tipo de manifestaciones artísticas. Se ha querido contar en la inauguración del Centro con una Retrospectiva de la obra de Francisco Fernández. La muestra cuenta con unas 60 fotografías inéditas de su colección particular que ha donado al Centro, en las que se puede vislumbrar su carrera como reportero gráfico en diversos medios internacionales, como reportero de guerra en diversos conflictos internacionales, retratista de personajes ilustres y como fotógrafo artístico. También y para unir el centro desde el principio a su pueblo, Francisco Fernández, ha querido que en principio de su andadura hubiera una muestra de fotografías nupciales de Torreblascopedro desde finales del siglo XIX a 1970, imágenes llenas de costumbrismo donde la mirada puede recrearse desde perspectivas antropológicas, de moda, sociológicas, etc.

Una cosa que me llenó enormemente y que de nuevo volvía a confirmarme la altura intelectual y la grandeza humana del homenajeado es el propio acto inaugural. Se habló llanamente a pesar de la calidad representativa de los intervinientes, se valoró la sencillez y el tremendo cúmulo de valores de mi querido Paco Fernández. Antonio Carvajal, agudo y ducho manantial de palabras, y, esgrimista fino de versos incisivos, que pudo recrearse en la faena con el amigo entrañable, no pudo, ni quiso sino abrazarlo con un saludo ceñidísimo y Paco, el gran Paco, sólo pudo callar, guardar las palabras que llevaba preparadas y soltar unas lágrimas con tanto fragor de corazones encariñados y hermanos y abrazarse a su pueblo.

Francisco Fernández es un prestigioso profesor y fotógrafo nacido en Torreblascopedro en 1945, con una dilatada carrera. Marcha a la costa malagueña, a Mallorca y Gran Bretaña. Se instala, a la edad de 24 años, en las islas Bermudas, donde trabaja como colaborar gráfico del diario “Royal Gazzette”. De Bermudas se traslada a Canadá y a Boston. En esta última ingresa en 1975 en la New England School of Photografy y se gradúa en 1978. Simultanea sus estudios con exposiciones individuales y colectivas y con colaboraciones en el “Framinghan News” y del “Boston Globe”. Realiza también una colección sobre temas infantiles para UNICEF. Reportero de la agencia United Press International, habiendo cubierto en ella toda la información gráfica de las guerras de Nicaragua y El Salvador (1979-80) entre otras. Posteriormente formó parte del equipo de la campaña de Eddward Kennedy cara a la nominación demócrata para las elecciones presidenciales (1980)… Hasta que, en 1982, tras realizar distintos trabajos fotográficos para el National First Bank de Boston, regresa a España, incorporándose como profesor en la Facultad de Bellas Artes de Granada y siendo investido en 1997 Doctor Honoris Causa por la Universidad de Montfort (Leicester, Reino Unido) por su trayectoria. En 2001, la ciudad de Torreblascopedro le concedió el título de “Hijo Predilecto” en reconocimiento a sus valores humanos, entre los que sobresalen los artísticos. Desde el año 2002 y, a excepción de 2009, se ha llevado a cabo en Torreblascopedro el Certamen Nacional de Fotografía “Francisco Fernández”, con una amplia repercusión y participación de fotógrafos profesionales y artistas nacionales e internacionales. Entre otras muchas cosas es uno de los principales artífices de la colección de arte de la Universidad de Granada. Pero Paco, ante todo es armonía candeal, un pálpito cordial, una mirada al límite de lo profundo.

Un libro y la reforma de las Cajas

En todo este maremágnum y enredo del momento actual en cuanto a la gestión de las Cajas de Ahorros, quiero entrever que ha habido modelos de cajas bien llevados, y otros gestionados de un modo caótico. También en la banca ha pasado lo mismo, que hay bancos que funcionan como un reloj suizo; mientras que otros han sido una auténtica jaula de grillos. Digo esto porque la nueva ley de cajas supone una revolución que cambiará para siempre el sector de cajas español, supone la bancarización de las cajas. El poder político va a ser más reducido y en la mayoría de los casos va a estar bajo la atenta mirada de los inversores privados que entren en el capital de las cajas, que no estarán dispuestos a que se financien compromisos de orden político y territorial como en momentos ha pasado. También es cierto que lo de la obra social cambia y queda en manos de los inversores privados. No sé si la nueva ley al respecto señala algo al respecto, pero que tenía bien evaluado un carácter social, moral, que nos falta muy mucho en nuestra trama vital colectiva. Y pido, hoy que me permitan hablar de todo este emparrado de la economía no sólo por su actualidad en sí, sino porque coincide con la aparición del libro de un amigo que hace mucho hincapié en todo este actual discurrir financiero. Manuel Martínez Mercado, un iliturgitano (1971), doctor en derecho y vinculado desde sus comienzos laborales al sector financiero, es responsable jurídico de Impluvium 1 Slu, la sociedad holding inmobiliaria de Cajagranada, autor de artículos en publicaciones especializadas y de libros sobre el sector de las Cajas de Ahorros, acaba de publicar Las Cuotas Participativas de las Cajas de Ahorros, desde un amplio estudio y un punto de mira basado en su regulación jurídica ( son 340 páginas, intensas y lúcidad páginas, apostillo). La obra editada por la Universidad de Jaén, no puede estar más de actualidad, aunque los últimos acontecimientos desbordan toda previsión de análisis reflexivo. Pero el autor ya predice, y eso que aunque el libro coincide en su aparición con las novedades legislativas, su gestación e impresión es muy anterior, que es necesario un cambio radical en el modelo financiero de las Cajas, que dado el mercado, “deben –dice-conseguir resultados y llevar a cabo líneas de expansión con el objetivo de incrementar sus recursos propios”. Señala Manuel Martínez mercado las limitaciones territoriales, estructurales y políticas que las cajas han tenido, y, coincidiendo con la nueva ley recoge como base de la reforma dos puntos fundamentales: la posibilidad de que las entidades emitan cuotas participativas con derechos políticos, así como la urgencia de medidas para profesionalizar el sector y limitar la presencia de representantes políticos en las cajas. ¿Permitiría un inversor privado que una caja como CCM financiara y participara en ese brindis al sol que es el aeropuerto de Ciudad Real? Seguramente no y tampoco lo permitirán las nuevas exigencias contables que prepara el Comité de Basilea, que pretenden penalizar las participaciones industriales. La puesta en marcha de esta reforma de las Cajas coincide con la finalización del proceso de reestructuración que se ha realizado a través del FROB (Fondo de Reestructuración Bancaria Ordenada), de quien habla y bastante en su obra nuestro autor, un FROB que ha reducido de manera considerable el número de entidades financieras. La idea del Gobierno es un régimen de cuotas participativas para facilitar el acceso a los inversores privados. Además, se reconocen los derechos políticos de las cuotas de manera proporcional a su representación en el capital de la entidad. Le pido a Manuel Martínez Mercado que me hable desde su convencimiento del libro y de la actualidad; me dice que en el fondo las cuotas participativas son como acciones preferentes. Me cuenta que se reducirá la dependencia política de las cajas, pero el grado de despolitización variará según la estructura de capital que escoja cada entidad de entre las cuatro posibilidades que permite el decreto-ley. Las entidades pueden optar por emitir cuotas participativas con derechos de voto; fusionarse a través de un banco de nueva creación y vender una parte; traspasar su negocio financiero a un banco para dar entrada en él al capital privado, y convertirse en fundaciones. Aunque se puede elegir, en esta primera fase, la única salida que los expertos ven viable es la de vender participaciones de los bancos que se conformen, bien sea sacándolos a bolsa o haciendo una colocación privada. Convertirse en fundaciones parece una fórmula más a futuro, salvo excepciones. Cabe decir visto este libro y la actualidad que el hecho de que las Cajas puedan acceder a capital privado, las fortalece en medio de la crisis y garantiza que los recursos públicos se destinen esencialmente a mejorar nuestro Estado de bienestar, y no al circuito financiero. Un libro muy oportuno que nace del estudio de un importante analista de las Cajas de Ahorros, una suerte para todos nosotros contar con él en nuestro contexto, en la estructura de Cajagranada.

la cruz y el velo en los espac ios públicos

Es complicado entrar en el debate sobre la exhibición del crucifijo en los públicos. Pienso en principio que este asunto está aclarado por los principios constitucionales de aconfesionalidad y de libertad de creencias religiosas. La cuestión es respetar lo que dice la Constitución. Hace unos días la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal ha presentado una declaración sobre la exposición de los símbolos cristianos en Europa. En este documento, la Conferencia Episcopal pide a Europa que respete “a la vez la libertad religiosa de cada uno y las tradiciones de cada pueblo y nación”, ante la próxima resolución de la Corte europea sobre la exposición de símbolos religiosos en las escuelas estatales. Vivimos en un país aconfesional, y la constitución dice expresamente que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias de los ciudadanos. El marco jurídico español garantiza la diferencia de convicciones, y marca claramente que a los poderes públicos les corresponde velar por esa pluralidad. Vivimos en un estado cuya constitución hemos decidido conjuntamente que sea aconfesional. Dicho lo cual creo que es una estupidez, entrar en un debate dicotómico tan a la española. El sentido común y un principio de respeto al otro, son la base de una actuación coherente. Deberíamos de repasar con reflexiva y ponderada mirada la vida española en el último siglo. Estaríamos delante de una elocuente secuencia de lo muy complejo que ha sido establecer en España una forma de Estado basada en un amplio consenso social. Hemos llegado a un punto de encuentro, que tendrá sus fallas, pero que es de todos y para todos. Un punto de encuentro que, en el ámbito religioso, es consensuadamente operante. Exceptuando puntuales andanadas propias de los torquemadas de turno, de uno y otro color, que se empeñan en dar la razón a Machado con lo de las dos Españas, la ciudadanía entiende que cada palo debe aguantar su vela. Y de la misma manera que no acepta que las sotanas dirijan el compás social, tampoco está dispuesta a renunciar a su tradición cuando esta se ve amenazada por radicales laicistas que quieren cambiar las fiestas de Navidad o Semana Santa por fiestas de Invierno o Primavera. ¿Quitamos los nacimientos en diciembre de nuestras casas?; ¿prohibimos a nuestros hijos que se pongan una barba blanca o unas alas de cartón para representar el nacimiento de Jesús?;¿nos quitamos del cuello la medalla que nos regaló la abuela con esa imagen religiosa?; ¿dejamos de aplaudir la muñeca adormecida y los pies hundidos en el albero de ese torero porque en su montera lleva la estampa de tal advocación mariana? Pero nada debe ser óbice para que el Estado sea neutral, aconfesional o laico, precisamente porque sólo así puede garantizarse para todos la libertad de conciencia. La cruz es el símbolo de una opinión trascendental, de una creencia, también es ya parte de nuestra cultura europea, pero también debemos saber en cada momento, circunstancia y lugar cómo actuar sensatamente para no herir.

En cuanto al uso del velo en la escuela pública ( estamos hablando de la cruz, o el velo -no el burkha- en espacio público, porque si nos adentramos en otros espacios como las escuelas concertadas o privadas, aquí hay otras dimensiones donde cuentan por ejemplo, la identidad propia, el carisma, etc.), que por supuesto es algo diferente a la cruz, hay que estar en contra de los debates interesados, simplistas, y oportunistas porque debemos tener confianza en las instituciones y en las leyes vigentes que defienden la libertad, la igualdad, la seguridad y el orden público. En este tema debe de funcionar el diálogo con las administraciones y comunidades musulmanas, la educación desde el respeto y la igualdad, las acciones de sensibilización, y el fomento de la integración. Con el velo lo básico es aplicar las leyes que haya con coherencia y sentido común, no crear nuevas leyes para velos y eso sí, lo razonable es que la cara vaya descubierta en el espacio público. Parece que al velo, desde el punto de vista religioso (otra cosa es otros ámbitos de machismo, o sumisión de la mujer, etc) hay que compararlo con los crucifijos diminutos que muchos de nuestros estudiantes llevan colgados al cuello, con la kipá que lucen los judíos, etcétera. Es decir, con símbolos religiosos, sí, pero perfectamente privados.

El velo no significa lo mismo siempre, ni en todas las culturas, ni para cada una de las mujeres que lo adoptan. En el caso concreto de las escuelas públicas, parece mucho más sensato que decida cada Consejo Escolar atendiendo a las circunstancias del caso. Si hablamos del velo machista, es en muchos casos cierto, pero prohibirlo por ese motivo, sin otros caminos, lo lograría sería retirar de la cabeza de las mujeres el mero velo externo, sí, pero al presumible precio de mantener intacto el interno, que es el que principalmente se ha de combatir: el machismo son ante todo ideas y representaciones mentales, y de soslayo, ropas y servidumbres. En la verdad en la ecuanimidad, y en estos temas que nos ocupan la realidad no es plana, sino que ésta tiene un perfil mucho más complejo, pero más rico para la reflexión y la acción certera; un perfil poliédrico.

Las Diputaciones

De vez en cuando los articulistas nos repetimos; tenemos nuestras fijaciones, o bien por los espejos de la mente suelen pulular temas, cuestiones, que de vez en cuando se colocan en el disparadero de la reflexión, reverberan aunque sean recurrentes en el columnario de uno. Y a lo largo de los años, de una trayectoria modelan nuestra imagen en gran medida. Por eso, hay una parte del columnista, del comunicador, del opinador público, que pierde el cristal de la intimidad y se expone transparentemente velada. A mí, personalmente, el tema de las ciudades como entes vivos, como símbolos, siempre me ha llamado la atención. Así el papel que les toca jugar a los ayuntamientos en el tablero político actual, igualmente me motiva a plantear distintas reflexiones. A la par, las diputaciones, que están ahí, jugando un papel algo ilógico si consideramos los parámetros básicos de nuestra democracia, también son centro de muchas de mis atenciones periódicas. Ayuntamientos y diputaciones fueron un poco la cola de la organización democrática en la transición, y ya no quedaba pólvora que gastar; además de que la situación en nuestros lares ha cambiado mucho y estas instituciones cercanas al ciudadano necesitan una total regeneración. En cuanto a las diputaciones hay una reflexión abierta acerca de su sentido hoy en día. Lo ha recordado el vicesecretario general del PSOE, José Blanco. En un modelo tan descentralizado como el español, y como estamos, inmersos en una crisis compleja, donde al Estado se le reclama que aplique la austeridad en carne propia. En gran medida nos encontramos con una redundancia administrativa que se interpone entre las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Y el caso es que hay diputaciones con una dinámica y trabajo ejemplar. Pero el tema es otro. Conformadas a partir de 1836 para responder a la vieja división en provincias del territorio, hace un siglo o cincuenta años, su importancia era patente e innegable. Ahora, aunque se excuse su papel argumentando que son un apoyo imprescindible para los municipios pequeños, la realidad de cada día es que las subvenciones y las ayudas correspondientes pueden llegar a los pueblos con otra dinámica. Aunque haya diputaciones eficaces y prácticas; su concepción y su lógica son de un tiempo pasado. Lo que también es cierto es que mientras que en ciudades y grandes poblaciones el papel de la Diputación es más o menos cuestionable, su acción en pequeños ayuntamientos se deja notar considerablemente, aquí cohesiona y equilibra el territorio. En un recorrido a medio plazo sí que los partidos debieran replantearse la actual estructura administrativa y ver la posibilidad de realizar ajustes que agilizaran cargas. Sí ya sé que en el Estatuto de Autonomía y en la nueva Ley de Autonomía Local (Laula) las diputaciones están perfectamente definidas, pero la vorágine vital tal vez nos llame no muy tarde a otros derroteros.

Andújar polarizada

El mapa político en general se limita básicamente a dos siglas; algo muy enraizado en nuestro solar patrio, muy unido a dos posturas antagónicas y bastante enfrentadas. El concepto machadiano de las dos Españas ha sido rastreado por Santos Juliá desde sus primeros acuñadores: Mariano José de Larra (Aquí yace media España, murió de la otra media), pasando por Jaime Balmes, Marcelino Menéndez Pelayo, Ramiro de Maeztu y José Ortega y Gasset. También el portugués Fidelino de Figueiredo (As duas Espanhas). Mientras, otros países han tenido más consenso y han sabido crear, en medio de la diferenciación de ideas y posturas, lazos que han venido a unir, más que a separar. El tema de las dos Españas ( por supuesto que el debate es gigantesco, pero simplifico como ejemplarización de un rasgo muy común y acentuado) no sólo se ha encastillado en nuestra política, sino en muchos campos sociales. Por supuesto que en cuanto a siglas políticas tenemos más, pero creo que me entienden, porque es lo que vivimos por nuestros lares locales; interpretamos la realidad en una dicotomía, que creo bochornosa y falta de una mínima cultura reflexiva. Andújar, por diversas circunstancias vive anclada en ese maniqueísmo beligerante que la deteriora, sobre todo en cuanto a conciencia común, a vertebración social. Es descaradamente fragrante en el marco político. Pero también en ámbitos que son vitales para la ciudad se ha extendido la polarización, que, ha llegado a extremos que ni siquiera nombrando el plano al que nos referimos, todos sabemos de lo que hablamos, que una vez más ha dado una imagen montaraz y aldeana de Andújar. ¿Y cual es la solución? Compleja, porque se trata de ir creando una alternativa basada en mantener la conciencia irritada que individual y colectivamente se ponga a la tarea de crear una estructura intermedia, una red fuerte, formada, que se deje ya de los míos y los tuyos. Hay más por lo que luchar en común que cuestiones que diferencien. La ciudad está en una UCI esencial y de conciencia. Ha tenido mala suerte no sólo con su clase política, sino con unos pilares sociales, que son fundamentales, y que están desaparecidos en la amalgama de patio de vecinos que hay instalada. No vale echar balones fuera, o ser una oposición que actúa con indiferencia, sin riesgo, sin entusiasmo, sin convicciones; y en algún caso sin unos líderes inmersos de lleno en el proyecto de ciudad. En Andújar los políticos y esos sectores dirigentes deben ser bomberos, no incendiarios; arquitectos y albañiles, no la brigada dinamitera.

¿Nos comunicamos?

Vivimos en un mundo que llamamos de la comunicación. Todo está conectado y al instante cualquier hecho o circunstancia se puede comunicar. El problema es qué sentido damos al hecho de comunicar. Porque si entendemos este verbo como sólo hacer saber algo, bien, estamos en el plano. Pero si comunicando queremos transmitir además del hecho en sí, fríamente, aconteceres, sentimientos, hechos que se trenzan en una cultura, ya creo que patinamos en muchas ocasiones. Podemos encontrarnos aquí y allá grandes profesionales, expertos, en materias tal vez complejas, y que sin embargo no saben comunicar. Y si contemplamos el panorama netamente comunicativo, televisión al frente, la pobreza es muy llamativa. No aprendemos a saber hablar, en los centros escolares, no se da la suficiente importancia a saber expresarse, no sólo por escrito, sino oralmente. Hablar en público no se trata de tomar la palabra y “soltar” un discurso; hablar en público consiste en lograr establecer una comunicación efectiva con el mismo, en la que uno sea capaz de transmitir unas ideas. Hace muy poco tuve la oportunidad de participar en una conversación hecha relajada tertulia donde recalamos en aquellos predicadores del medievo que entendieron perfectamente ese principio de que la fe viene de la predicación. Dentro de las órdenes mendicantes, Domingo de Guzmán y Francisco de Asís, reflejan la renovación que su actividad supuso en la espiritualidad de la época. Respecto al santo de Asís, Frugoni ha resaltado que el éxito de la actividad sermonaria de Francisco se deriva no sólo de manejar las palabras con maestría y sobre todo predicar con el ejemplo, sino también de “[...] su modo particular de hablar a la multitud: predicaba en vulgar simple y espontáneo. Se acompañaba con gestos, mímica, canto y música; era como asistir a un espectáculo, a una comedia religiosa”. Con los años, las órdenes se relajan en sus claustros y en otras cuestiones como la prédica. En este contexto destaca la renovación de la predicación que protagonizaron el dominico Vicente Ferrer y el franciscano observante Bernardino de Siena. Ambos reinstauran el espíritu evangélico de sus fundadores mendicantes, a través del sermón y el empleo de la imagen como referente, contrapunto y soporte nemotécnico a esa actividad evangelizadora. Y como ejemplo, de todo esto, poníamos, referencias escritas y artísticas en los dominicos que se refieren a la metodología en el aprendizaje de los « artes praedicandi ». Y bueno, podríamos hablar de antes, de los grandes oradores griegos, Lisias,Protágoras, Pericles, Sócrates, Demóstenes, Esquilo, o Isócrates. Y de Roma, Julio César, Cicerón, Octavio Augusto,…,Jesucristo. Y entre los modernos, Robespierre, Gandhi, Martin Luther King, por no poner a tantos políticos que se llevaron de calle a las masas, como Cruchill, De Gaulle (para mí, uno de los mejores), Jhon F. Kennedy; Hitler, Lenin, Fidel Castro,…. Como he dicho, los medios de comunicación, que son los que nos transmiten, claro la información, la opinión, la reflexión, están cayendo en un batiburrillo, un popurrí, nada bueno. Está bien que usemos un lenguaje de la calle y coloquial, pero, dignificado y ejemplarizante. Y está bien que aprobemos en una clase por el saber, y que reclutemos a un trabajador por los intereses que sean, pero en muchísimos casos, es fundamental saber expresarse, comunicar con cierta solvencia, ya sea por escrito, o verbalmente, y sobre todo de ambas maneras. Y conste que estoy en contra de la verborrea, del mensaje hueco, de los charlatanes de feria; como lo estoy de los hipócritas y fariseos. Hoy no nos importa que tal invitado permanente de la televisión ande constantemente agrediendo al diccionario, o que el presidente de este club o asociación o colectivo sea un patán redomado, un grosero crónico y a lo peor, un ignorante. Hoy, cualquiera se pone ante un auditorio, sea por escrito, sea verbalmente, en la televisión, o en cualquier otro foro. He visto verdaderas batallas por ver quién salía en televisión a hablar de cierto tema histórico, y ninguno de los que aspiraban a ello estaba verdaderamente formado para hablar con propiedad, pero daba igual por tal de salir en la tele. Se atribuye a Churchill este pensamiento:” Si tengo que dirigir un discurso de dos horas, empleo diez minutos en su preparación. Si se trata de un discurso de diez minutos, entonces me lleva dos horas…”, que nos lleva a lo arduo que es sintetizar nuestra comunicación. Hemos avanzado en muchas cosas, y, en una parte de la comunicación hemos ido a velocidad casi de la luz; pero en otra, hemos bajado el nivel escandalosamente. Sólo tienen que analizar el lenguaje de nuestras cámaras políticas, y compararlas con otras épocas españolas. El contraste pone en evidencia nuestra época. En fin, y en la raiz, para saber expresarnos, comunicarnos, con digna resolución, está la formación, la educación, y antes que esta, la crianza, la correcta crianza. Pero ¿Quién pone el cascabel al gato cuando nuestros intereses van por un sentido muy diferente?

Esos “enteraos”

Los coros de los enterados van por ahí con su saberlo todo, denigrando a diestro y siniestro el pensar y el sentir de las otras personas. Ellos nunca se equivocan, todo lo saben y siempre tienen en la boca el “ya lo decía yo” o el “ya lo sabía yo”. Hasta las últimas medidas del gobierno, los enterados ya las proclaman hace tiempo; eso dicen ellos. Y hablo de estos enterados sin caer en el recurso de apropiarme del guión del Selu en el último carnaval gaditano. De verdad me he dado cuenta ahora mismo de que coincido con el “tipo” de este año de ese genio de la chispa de la lírica y la sátira de lo cotidiano de la vieja ciudad tartésica. Además, el enterado, por lo general no es que lo sepa todo, sino que lo sabe a la par que no reconoce, niega al otro en lo que dice. La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar mal de los demás, o placar sus pensamientos o reflexiones. Las personas que más critican a los demás suelen ser las que más se desconocen a sí mismas, las que no saben escuchar, las que no saben reflejarse en una conversación donde las ideas fluyan en uno y otro sentido. Tal y como nos dice el tan conocido refrán es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que en el nuestro propio. Además, siempre he pensado, lo que ya Diderót afirmó en su tiempo, que el que te habla de los defectos de los demás, con los demás hablará de los tuyos. El enterado estereotipo es aquel que sabe de todo más que nadie. Sabe de coches, de gastronomía, de bricolaje, de política, de ciencia, de religión, de economía (tan en mala hora de moda) de literatura, y hasta de biología molecular aplicada a la astronomía, si es que existe esta área científica. En política hay muchos, demasiados, enterados, gentes que no dan su brazo a torcer desde un sectarismo nada de consenso. Y a lo mejor o a lo peor, si los mandamases de este país se escuchasen más entre ellos, fueran humildes y escuchasen más a la sociedad, puede que sacásemos alguna idea en claro. Desde luego, hoy día y mientras no se demuestre lo contrario, la opinión generalizada de los políticos de este país, es que todos son, justa o injustamente, ascuas de la misma brasa. La mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas que en afrontarlos, y, los políticos tienen un master en esto. Y es que es una enorme desgracia no tener talento, no estar preparados (la lectura, la formación en general, son pasos) para hablar bien, ni la sabiduría necesaria para cerrar la boca. Y creo que fue Orson Welles el que dijo que muchas personas están demasiado educadas para no hablar con la boca llena, pero no se preocupan de hacerlo con la cabeza hueca. Así, por todas partes, vamos a encontrarnos con catequistas de la verdad, que en vez de venir a sumar desde un contraste positivo, nos distorsionan la mirada, tensan nuestros espíritus, joden nuestro parecer y tuercen muchos de los caminos de nuestra vida.

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