Miguel Hernández en Andújar

Se celebra este año el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, uno de los pilares de la poesía española del siglo XX, que por diversas circunstancias está significativamente unido a la provincia de Jaén, con un acento muy concreto situado en Andújar, concretamente en el Santuario del Cabezo. Parece sin embargo, que para algunos, se hieren sensibilidades, si se habla de ello, y se resalta esta presencia, como resaltamos otras visitas o estancias, sean por las circunstancias que sean en el santuario de la Virgen de la Cabeza. Sólo una carencia de conciencia democrática, de un mínimo conocimiento cultural puede llevar a ningunear circunstancias como esta. Como en tantas otras cosas, si Andújar fuera otro lugar, a bombo y platillo se usaría esta conmemoración para recalar en la cultura de altura, para ir tejiendo una malla, la única que pude sujetar a a un pueblo, que es su conocimiento. Y La cultura ha sido siempre un gran cimiento iliturgitano. A los pocos meses del comienzo de la contienda de la guerra civil, es destinado Miguel al Comisariado de Guerra instalado en Jaén. Joven, incardinado en un mundo y una familia humildes, cultivador de una conciencia social muy desarrollada, es fiel a la república. En tierras de Jaén dirigirá la animación cultural de Andalucía y la revista Frente Sur, – son sus tiempos de catequesis revolucionaria- donde publica artículos y algunos poemas como Aceituneros. Posiblemente en la trinchera frente a los guarecidos en el Cabezo, daría forma a ese hermoso poema que es un himno oficioso de la jaenería. Durante la transición democrática, las versiones de Paco Ibáñez o Jarcha de este poema escrito en coplillas como para ser cantado, despertó la naciente conciencia andaluza. En cuanto a Frente Sur, Hernández escribió diversos artículos en prosa sobre la toma del Santuario. Concretamente: “La rendición de La Cabeza”, pp.2209-2215 (cito de la edición de “Obras completas” de MH, Madrid, Espasa Calpe, 1992, tomo II)”Sobre la toma de La Cabeza: carta y aclaración”, pp.2216-2218.”Los traidores del Santuario de La Cabeza”, pp.2219-2222. Los textos fueron publicados en: “Frente Sur”, nº13, 6 mayo 1937 Frente Sur”, nº13, 13 mayo 1937 Frente Sur”, nº13, 13 mayo 1937. Hoy el Santuario, precisamente por ser lo que es, principalmente, debiera ser un icono contra los fanatismos y una plaza de abrazo con alas para sumar voluntades y sueños. Recordar la figura de Miguel Hernández, el poeta, el de los versos de amor, el de la nana de luz, en la efeméride de su nacimiento es ahondar en valores, es reconocernos en altas atalayas. Sí, el poeta que escribió: “A las aladas almas de las rosas /del almendro de nata te requiero, /que tenemos que hablar de muchas cosas, /compañero del alma, compañero.” O “Cantando espero a la muerte,/que hay ruiseñores que cantan/encima de los fusiles/ y en medio de las batallas”

Manolo Urbano

Nos hubiera gustado mucho, a Cabe, mi mujer, y a mí, estar en el homenaje que el Centro Andaluz de las Letras rindió hace unos días con su programa Letras Capitales, al amigo y además crítico, escritor y poeta jiennense Manuel Urbano. De hecho habíamos quedado con otro gran amigo, el profesor de la universidad de Granada y fotógrafo Paco Fernández, para acompañar a este raro y magnífico espécimen del Jaén ilustrado y a la par más linajudo y castizo en cuanto a su jaenería, en este día tan especial. Pero, mira por donde, un acto al que no podía negarme desde mi responsabilidad de presidente del Parque Natural Sierra de Andújar, me hizo hacer de tripas corazón, y no estar con él. Sí, con el bardo, con el cronista, el columnista, el crítico, el analista, el indagador de ayeres históricos, antropológicos, culturales; el sensible apreciador del arte, el experto (me niego a decir el término flamencólogo) en el ángel y en los quejíos del flamenco, el fino gastrónomo. Sí, con este séneca del Santo Reino de perfil mineral; el sabio en el Jaén de los recodos y tabernas, el de las fuentes y piedras que saben trasminar un mensaje diáfano de raíces y orgullos, de los tesoros en sepia de las casapuerta que entonaban el lamento eterno de esta tierra de olivares con hondo aliento y tanto cieno a sus espaldas. Manuel Urbano es un sacerdote laico, un druida, que oficia en los misterios de la savia que mueve la noria de los distintos jaenes; que te emboba hablando, contando, maestro en la narración oral, mil historias. Irónico, socarrón en muchas ocasiones, voz que indaga en nuestra identidad, ya sea desde la prosa, ya desde la poesía, que labra con singular acierto. No obstante ha escrito más de cincuenta libros. Leer la poesía de Manolo Urbano en la que no se prodiga mucho( esperamos con devota paciencia sus dos próximos libros) es vislumbrar el fuego, la sangre, el ángulo desnudo de la luz, el respirar de la vida demediada para enjugarla. Conozco a Manuel Urbano desde finales de los setenta, y ya sobre, todo, con más empeño, desde los ochenta. He vivido con él muchas aventuras en torno a la cultura; también en Andújar donde he labrado gran parte de mis menesteres, en un momento determinado, en torno a la Casa de Cultura, Manolo Urbano ha sido germinal arcilla, que como salida del Renacimiento, levantaba, metafóricamente hablando, un botijo o una jarra grutesca, sí Manolo era, es, una segura referencia. Aunque ahora no nos vemos con la frecuencia que uno quisiera, Manolo siempre está ahí como un paradigma, corifeo que nos ha abierto las puertas a muchos sobre autores y artistas de nuestra tierra. A nivel personal siempre me ha dado buenos consejos, me ha enseñado que los grandes personajes son los más sencillos; me ha descubierto muchos universos culturales; me ha mostrado lo que merece la pena y lo que no. Y sobre todo, cuando lo he necesitado ahí ha estado, plenamente. Manolo Urbano es un faro de aliento, un océano de lo sublime que cuaja Jaén.

La nueva propuesta

Quedan dos años para que Griñán y Arenas se vean las caras. Y sin embargo después de los años de socialismo, la que está cayendo, y la retahíla de etcéteras que quieran poner, la cosa no está nada clara. Lo que dice mucho de Griñan y de sus movimientos estratégicos a estas alturas de la película. Ha forzado una crisis de gobierno, para en el momento más oportuno y con tiempo suficiente, ir perfilando un gobierno moldeado en lo posible a su forma de entender el manejo de la nave del gobierno en Andalucía. Arenas en su estrategia no ha movido importantes fichas y sólo está, sobre todo, a la espera, de que pierda posición la tropa socialista, sin él jugar a arriesgar peones o su suelo en avanzadillas estratégicas. En estas, el nuevo, o el renovado, PSOE andaluz aún tiene tiempo de rectificar errores, es decir, de ganar a la crisis económica y a los datos abrumadores del paro, de renovar el partido y de contradecir sombríos augurios demoscópicos. Y por supuesto, de convencer mayoritariamente. Es difícil saber hasta donde de verdad ha podido caber un cambio en profundidad de Griñán. Los equilibrios, y las cesiones consentidas con espíritu armonizador, son moneda de uso en la política. Con todo, lo más relevante del cambio de gobierno ha sido situar como virtual número dos del socialismo andaluz a María del Mar Moreno, que deja Educación para pasar a Presidencia y va a tener ante sí el teclado de todo el Gobierno; siendo al mismo tiempo portavoz del gobierno andaluz. De alguna se satisface a Zapatero que la quiere ahí como un fuerte nexo entre Madrid y Sevilla y como aspirante a todo. a necesidad de insuflar optimismo en la sociedad como herramienta para salir, bien y pronto, de la crisis económica. Pero finalmente sólo hay una cuestión válida y fundamental y es la lógica de una nueva gestión ilusionante, unos resultados que motiven a los andaluces, y esa percepción pasada por el tamiz de los andaluces en forma de decisión que depositarán en las urnas. Ante todo se impone la impaciencia con la que Andalucía necesita afrontar estos momentos de crisis, se impone un modelo austero de gestión pero que cree ilusión, regenere la realidad y conforme un nuevo modelo de convivencia, con mejoras más perceptibles en la economía y con una necesaria y urgente bajada del paro. Además, tenemos que tener presente y desde la Junta se debe de trabajar en que la política es una máquina de proponer ejemplos y los políticos son una de las principales fuentes de moralidad o desmoralidad social que fomentan conductas. Finalmente, la nueva política ya no puede admitir la democracia reducida a que el ciudadano vaya a votar cada cuatro año, sino que debe de darle a éste un papel protagonista en la dinámica de la realidad. Además, hay que crear cambios radicales en distintas estrategias, dando importancia, más importancia, a cuestiones que nos consoliden como comunidad culta y de vanguardia. Ahí, en esa dimensión, es donde tenemos que poner y medir al nuevo gobierno andaluz.

Una campaña de todos

Estoy de lleno con la campaña que además de bien hecha, tiene un fondo crucial en estos momentos de nuestra realidad. Se trata de contagiar confianza y fomentar las actitudes positivas entre todos: el empresario, el empleado, las amas de casa, el deportista de élite, el agricultor, toda la ciudadanía, en definitiva, para hacer frente a la crisis económica, pero también de actitudes en la que nos encontramos. La campaña, bajo el lema estoloarreglamosentretodos.org, está promovida por el Consejo Superior de Cámaras de Comercio y dieciocho grandes empresas españolas, como El Corte Inglés o Telefónica y está planteada desde su página web y otras acciones como un foro abierto a toda la sociedad para que a través de ella se conozcan y se contagien iniciativas e historias de esfuerzo, ingenio, creatividad, que animen a comportamientos y actitudes favorables y por qué no, de optimismo. Soy de los que piensan que esta crisis, con sus dramas, desafueros y tragedias va a traer una limpia, un abrir ventanas y respirar nuevos aires, en comportamientos sociales; con una profunda reflexión, a la fuerza, sobre nuestra sociedad, nuestras costumbres,nuestras prioridades y nuestro consumismo. Los ’spots’ de la campaña cuentan con la participación gratuita de ciudadanos anónimos y personajes públicos como Andreu Buenafuente, Michael Robinson, Jordi Évole, Angels Barceló, Ferrán Adriá y Pau Gasol, entre otros. Y me agrada que la campaña sea una iniciativa exclusivamente privada, que no cuente con la participación política, que bueno, está bien que se quede fuera porque tal como somos, siempre le pondríamos el pero maniqueista y banderista. La única intervención pública ha sido la calificación de la campaña como “de interés público” por parte de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones. Si alguien sigue mis apuntes en estos cuadernos de bitácora de las columnas de IDEAL, sabrá que abogo desde hace tiempo por una mayor fuerza de la sociedad en el contexto de nuestras vidas, eso que se viene a llamar una mayor vertebración social, de la voz ciudadana. Una cosa es que deleguemos en gran medida la gestión pública a nuestros políticos, y otra es que durante cuatro años nos quedemos mudos. El presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Javier Gómez Navarro, con el que he tenido la oportunidad de compartir algunos momentos de conversación, y me parece lúcido, inteligente y coherente en sus razonamientos ha asegurado que la campaña “no pretende vender ningún producto”, sino que su objetivo es “ayudar al país” a salir de la crisis. “Hay que traspasar las barreras del mundo político para que los ciudadanos hagan lo que tengan que hacer”, ha afirmado. Y creo que es momento ahora de poner en práctica lo que dice. Hoy si me gustaría ser un gran comunicador, de esos con carisma y espacio en tantos medios públicos, para inyectar moral e ilusión. Tenemos que perder el miedo, el gran hacedor de nuestra paralización actual, de nuestro terror a la situación. Veo a amigos ( matrimonios) funcionarios, con nómina fija, llorando con la bolsa cerrada por la crisis; a empresarios que nada tienen que ver con los sectores que han caído en gran medida, cerrando grifos y empleos por lo que pueda pasar; gentes con las finanzas boyantes y reservas económicas saneadas y que silban de momento a la luna de Valencia. Es ante la sociedad española la que puede y debe salir de la crisis, y sé que podemos. Desde la responsabilidad social de cada uno, desde su situación personal como individuo, o como pequeña empresa, o como ilusionado buscador de tendencias, ideas y proyectos; o como gran empresa que tanto gana porque en ella depositamos nuestro interés mayoritario en que nos sirva energía, o telefonía, o combustible para el coche; o sea nuestra entidad financiera; o quien nos viste porque dicta cuando es la primavera del consumo. Todos debemos, pero que seamos todos, y no un montón de tontos útiles, mientras unos pocos, siguen detrás de la mesa con los cajones dispuestos a llenarse de ganancias sin ayudar, sin dar un paso en estos momentos, donde un gesto ya es un gran paso. Y como decimos, la responsabilidad social de las empresas las ha de llevar a tomar en consideración que sus actividades tengan repercusiones positivas sobre la sociedad, demostrando el respeto por los valores éticos, la gente, las comunidades y en general, el bien común. La plaza pública debe de llenarse de propuestas que lleven a contribuir al debate público ofreciendo visiones críticas que enriquezcan y mejoren las prácticas y las iniciativas. Y la autoestima, el saber que podemos y debemos, junto al anhelo de nuestras ignorancias que se apalanca en el infinito sueño de tantas generaciones, junto al valor innombrable del amor propio; hurgando; hurgando de pie en la mies y en las estrellas.

El papel de Andalucía

Como todos los años, procuro dejar en negro sobre blanco alguna que otra reflexión más o menos acertada con motivo del día de Andalucía. Y es que Andalucía, como ser y entidad, como valor cultural y emocional, merece nuestra atención y nuestra pasión. Y mira que yo no soy nacionalista de los del oblicuo ombliguismo y mirada uniceja, exclusivista y excluyente. Busco ante todo la tolerancia y creo en los mestizajes como palanca de avance y progreso. Pero eso no es óbice para amar nuestra identidad común en Andalucía , sentir la identidad común andaluza como indispensable para la cohesión y estabilidad, tanto de la nación, el estado español, como de los proyectos de creación de comunidades mayores. La identidad constituye, entonces, una piña de características de personalidad propias, una sensación de ser, un cierto rol. La identidad es conciencia de ser uno mismo, pero no como un cúmulo de sensaciones diversas y confusas que se experimentan al actuar de cualquier forma, sino como un sello distintivo frente a otras personas o grupos. Ser andaluz supone el deseo de dar dinamismo a nuestro proyecto de vida, que viene a sumar valores que nos hacen crecer como personas. La identidad se está convirtiendo en una de las principales fuente de significado en un mundo caracterizado por una amplia desestructuración de las organizaciones, deslegitimación de las instituciones, desaparición de los principales movimientos sociales y con expresiones culturales bastante efímeras. Es cada vez más habitual que la gente organice su significado vital en gran medida no en torno a lo que hace, sino por lo que es o cree ser. Que a nivel estatal y mundial estemos inmersos en una importante crisis económica y laboral, del sistema en general, supone un importante aliciente para nuestra tierra, Ante ella el mundo se abre de par en par. Andalucía tiene grandes potencialidades desde un punto de vista económico para enfrentarse al futuro. Cuenta con capacidades, muchas oportunidades, capacidad crativa y de imaginación. Las nuevas generaciones de se han adaptado perfectamente a los nuevos avances de la comunicación y las nuevas tecnologías. Su movilidad por el mundo ha aumentado, saben lo que quieren, tienen una gran capacidad para seguir transformando Andalucía. Y Andalucía tiene que ser más cosas de lo que ha venido siendo, lo sabe por experiencia propia no solo tener una buena Sanidad, por ejemplo; sino que cuenta con sinergias que hacen que su visión del futuro pueda ser ancha y honda. Pero para eso, los andaluces tenemos que ser más participativos, vertebrarnos más, ser más exigentes con el ejercicio de las altas responsabilidades de nuestros representantes públicos, de aquellos que tiran del carro social y económico. En la organización de competencias, Andalucía tiene que caminar hacia el desarrollo del poder local, con más competencias y recursos para nuestros ayuntamientos. Los ayuntamientos son los deberes que se quedaron sin hacer en la transición. La razón es clara: es el ayuntamiento la administración más cercana al ciudadano y la que atiende en primera instancia cada vez más problemas. En un contexto global de crisis económica y financiera los gobiernos locales están adquiriendo un protagonismo creciente como actores económicos, ya que es en el ámbito local donde se viven en primera instancia los problemas globales, y a menudo es a los ayuntamientos a los que la ciudadanía reclama una primera respuesta. En este sentido, los gobiernos locales se convierten en actores de la globalización y, al mismo tiempo, asumen el papel de decisivos instrumentos de transformación de los pueblos y las ciudades para afrontar el futuro de una manera sostenible. Y no olvidemos algo que es prioritario la educación y la cultura, la importancia de aumentar la formación de las personas. Avanzar en este sentido supondría además aprovechar más la fortaleza que supone disponer de una población menos envejecida que la española.
En definitiva, el progreso de Andalucía en los últimos años le ha dotado de un conjunto de capacidades y fortalezas que le permiten afrontar los retos y oportunidades que tiene ante si, en el contexto económico actual, en una excelente posición para su aprovechamiento, que pasa por la confianza para asumir riesgos de los andaluces y su compromiso efectivo en forma de innovación y emprendiendo nuevos riesgos.
Se está abriendo ahora un espacio de debate e intercambio entre gobiernos locales de toda Europa, los estados de la Unión, las instituciones europeas y el sector privado, con el fin de ofrecer respuestas y promover propuestas concretas en el marco de una nueva agenda europea en la que los gobiernos locales tienen que asumir un papel más activo y decisivo, y en el contexto actual de crisis económica y financiera, en el que todos los niveles de gobierno están comprometidos en un nuevo proyecto de la identidad de los pueblos.

Odio y rencor

Siempre he creído que colectivamente no somos del todo malos, salvo excepciones contadas, que por nuestros lares patrios practicábamos la burla y la picaresca, la sisa de medio pelo, nuestro pecado hispano declarado de interés turístico internacional: la envidia, y esas otras culpas lorquianas y profundas propias de la dehesa que son las que algo tienen que ver con la honra y los celos. Pero me he dado cuenta que entre una enorme mayoría de personas que se mueven en las agua de la pecaduría venial, hay gente que cala más hondo en sus infiernos personales. El otro día en la biblioteca pública, una señora, que en el pueblo no tiene precisamente fama de bondadosa y ponderada en su genio, soltaba por su boquita una frase que me impactó: “a ver hoy a quien puedo joderle el día”. Como se lo lo cuento. Y sí, es que hay por las umbrías y solanas sociales personajes de lo más variopinto, que parecen tener clavada una espina entre las uñas. Y se pasan tres pueblos en sus actos, en su forma de ser. Estamos viviendo una época de fundamentalismos, egoísmos y radicalismos en cuanto a la persona. Cuando creíamos que los principios ilustrados habían conseguido asentarse en unos Estados democráticos, asistimos con sorpresa a la proliferación de lecturas fundamentalistas de la vida. Yo mismo lo estoy viviendo cercananemente y me espanta la falta de tolerancia , la falta de diálogo, mientras se juega al victimismo, a que “los demás van contra mí” y no cedes un ápice buscando al otro, buscando el encuentro y la armonía.Esas posturas radicales se manifiestan de muy diversas maneras. Tal vez la más clara sea la que pretende convertir normas privadas, las tuyas, en ética común. Pero el odio no toma cuerpo en el vacío; requiere un cierto contexto para ser expresado como relación entre personas, tal como por ejemplo, un estadio de futbol. Algunos entrenadores se tienen que marchar por el odio manifestado por grupos de aficionados, pues el estadio es el mercado donde se estimulen expresiones de odio. Hay odios que nacen de relaciones personales abusivas, cuyo fundamento es la renuncia a participar en relaciones de reciprocidad. Otro ejmplo: en la escuela hubo abusos (bullying) del profesor sobre el alumno históricamente, pero ahora este acoso abusivo se da con frecuencia de varios alumnos contra un compañero e incluso contra algún profesor. El acoso al compañero suele ser un acto público que no actúa en la obscuridad como cuando se trata de un abuso privado. En la escuela y en el barrio el grupo acosador tiene un mercado de espectadores que representan la demanda de acoso al débil y tímido compañero. Así que seleccionan la víctima más débil para dar satisfacción al grupo y a los espectadores del colegio. No hay odio sin contexto. Incluso he visto odio en ámbitos culturales y políticos enmarcado incluso en unos medios de comunicación ávidos de carnaza. El odio es hijo del rencor y de la rabia, hermano del desamor y de la envidia, primo hermano de la malicia y tío segundo de la venganza, pero en realidad con quien le gustaría tener parentesco y no lo tiene es con la indiferencia…..El odio, la rabia y el rencor son sentimientos que nublan la razón, que hacen perder el sentido común, la ecuanimidad y convierten al ser humano en un hígado parlante, o vociferante, que rezuma bilis pierden el norte y se refugia en su intransigencia fundamentalista. Muchas de estas personas que van con el rencor, con la escopeta de la rabia cargada y el oído cerrado, con la intolerancia a flor de piel, van de moralistas, de salva patrias, de indómitos llaneros solitarios que van a redimir su mundo del diablo que todo lo contamina; amigos del maniqueísmo y la etiqueta son los que dicen: “haced lo que yo diga, pero no lo que yo haga” ; van agarrados a la norma ( su modo cuadrado de entenderla) o a una falsa fidelidad a una idea superior. El odio se induce por el miedo, por la idea de que estamos en peligro por el caos. A ese peligro se responde con odio o mano dura, o las ideas intolerantes y sin escuchar a nada ni a nadie. Cualquiera sabe que el odio es la peor forma de reaccionar porque tiene consecuencias peores que su causa. El odio no soluciona nada pero se usa de mil maneras. Sin embargo la vida, la auténtica vida es la que refleja la luz de la paz de espíritu, el encuentro con uno mismo en la armonía, y con los demás; te abre los ojos a la maravilla de los instantes de la vida, de que siempre hay motivo para la alegría y para mejorar y para vencerse. Darle la espalda al rencor supone el sosiego en sentires repletos de querencias acompasadas con los días y con el dios de cada uno.

Los ojos de González Sainz

Hay escritores que buscan tener público, otros, sin embargo lo que desean es tener lectores. Los primeros viven de lleno la carrera literaria, con todo lo que conlleva. Los segundos quieren hacer una obra literaria, al margen de los saraos y concesiones que hay que hacer en la pomada de los escritores. En el segundo caso se encuentra el escritor soriano José Angel Gonzalez Sainz. En los últimos veinte años nos ha ofrecido sólo cuatro obras: Los encuentros (1989), Un mundo exasperado (1995), Volver al mundo (2003) y, ahora, Ojos que no ven (Anagrama). Sin embargo, González Sainz ha sido capaz de crear una narrativa enormemente ambiciosa, sin puntos de referencia con otros escritores españoles contemporáneos. En 1995 consiguió el Premio Herralde con la novela ‘Un mundo exasperado’ y en 2006 el Premio de las Letras de Castilla y León, galardón que han recibido, entre otros, Carmen Martín Gaite, Luís Mateo Díez, Torrente Ballester y Miguel Delibes; digo esto para ya decir que estamos ante un autor recio, pilar de la narrativa actual española. Su estilo, muy singular, sorprendentemente evocador a pesar de su aparente sequedad formal, se reconoce en cada párrafo merced a tres o cuatro recursos personalísimos. Y la proyección filosófica trasciende el entorno político que refleja. Como en su anterior novela, nos hace reflexionar sobre la herida del tiempo y sobre la responsabilidad personal. Todos tenemos un pasado que en parte nos atormenta, y algunas culpas de las que querríamos absolvernos, enterrándolas para sentirnos mejores que los demás. Pero la lectura de Volver al mundo u Ojos que no ven no nos lo permite, ni nos autorizan a ello sus personajes. Ojos que no ven cuenta la vida de un hombre esencialmente honesto, Felipe Díaz Carrión, y la de los suyos. Tras quebrar la imprenta en la que había estado trabajando desde los 20 años, a los 40 Felipe tiene que recomponer su vida, y se marcha al norte al al País Vasco, a un pueblo industrializado y boyante. Felipe encuentra empleo en una fábrica de productos químicos. Pretende desde su humilde posición que no le falte de nada a su familia y hacer bien su trabajo. Al crecer, su hijo mayor, resentido por sus orígenes y carcomido por el odio, se adentra en los movimientos nacionalistas radicales, los que continuamente ven un facha en los demás, los dispuestos a secuestrar a gente, incluso a matar, para imponer su criminal proyecto independentista. También Felipe se encuentra con la transformación de su mujer, Asun, arrastrada por el deseo de asimilación en una sociedad anclada en el miedo y el silencio temeroso, en una pieza más del engranaje de justificación y apoyo implícito a la banda criminal. Felipe se va quedando solo, sólo con el apoyo de su hijo menor, desgarrado en sus preguntas. “Que veinte años no es nada”, que decía Gardel. Pero si en la vida son un espacio rápido de tiempo, también pueden ser una losa. Como los veinte años que separan el primer adiós de Felipe a su pueblo, rumbo a Guipúzcoa, y el momento del regreso con el que se abre la novela. Entre medias, la transformación, la decisión… la culpa. Esa culpa ponzoñosa que sacude el espíritu de un hombre honesto –dos décadas con la luz en su actitud para acudir a la fábrica- al preguntarse qué ha hecho mal para que su hijo, aquel niño cuyas fotos infantiles le hierven dentro, se haya convertido en un ser irreflexivo, capaz de abatir sin dudarlo de un disparo en la nuca a un ser humano indefenso e inocente. Y sin un remordimiento tras tal “hazaña”. Frente a estas ideologías que, para hacerse oír, deben recurrir al terror, González Sainz reivindica el diálogo social. Frente a las pistolas, pone la palabra. Ojos que no ven denuncia a los hampones de baja estofa que se amparan en viejos romanticismos y señala directamente a la sociedad que mira para otro lado. Ahí reside la virtud cívica del autor y el valor testimonial de esta novela escrita por uno de los mejores narrardores españoles actuales. Hay un hondo disgusto con el tiempo presente en González Sainz, con su mediocridad moral. El hombre contemporáneo hace gala de su ignorancia, de sus vacíos y ha decidido que no tiene nada de lo que arrepentirse (ojos que no ven). Pero hay un pálpito en la prosa cuidada y sosegada, con un viejo mimo de la palabra y la expresión exacta, de González Sainz que apunta desde unas esenciales estética ética a la proa de la nave de nuestra realidad humana.

Urge el pacto educativo

¿Hablamos de verdadera solución, o de un parche; un parche sobre otros parches históricos de las llamadas leyes y reformas, en una aporía, donde en el espacio de la educación se va a actuar en esta u otra instancia, seguramente con empeños más hondos que en otros momentos, pero no desde el poliedro implicativo, no en la médula del sistema educativo? En ese pacto, en el que casi todos estamos de acuerdo que se tiene que producir entre las todas las fuerzas políticas (no sólo entre los dos grandes partidos) sobre educación, debemos centrarnos en el meollo de las capacidades y aptitudes que los alumnos estén en condiciones de desarrollar. Ha de ser un pacto en el que, como ha dicho el ministro, los intereses de la política programática se dejen de lado para centrarse en lo verdaderamente urgente. Y eso nos traslada inexorablemente a la necesidad de objetivar cuáles son los mínimos que hay tener en cuenta y si el sistema educativo puede proporcionárnoslos por sí mismo, porque pienso que es algo donde se debe de actuar desde diversos focos conexionados. Uno de los grandes déficits en el que hay un consenso general es el de la falta de espíritu de sacrificio, de la ética del esfuerzo. El otro mal, muy subrayado, se refiere al caos en las aulas a consecuencia del poco o nulo respeto que se presta a la autoridad del maestro. Pero la cuestión no es sencilla. Pero los niños y jóvenes emulan lo que ven y viven. Y ¿qué les estamos mostrando socialmente, o en los medios de comunicación como la televisión? ¿qué valores primamos en la realidad de la vida? Muchos de nuestros logros los hemos logrado, cogiéndolos primero y pagándolos después, con créditos o hipotecas. Y en cuanto respetar la autoridad, es complejo, cuando nuestros líderes, en todos los ámbitos, no están bien vistos en general, cuando por todas partes falta solvencia en la profundidad y riqueza de sus contenidos, cuando se ha reproducido por aquí y por allá la corrupción y tenemos el patio demasiado lleno de de tahúres del Misisipí sin más causa que desplumar votos o pucheros incautos.Mientras, las nuevas generaciones criadas en el regazo de internet, se forman en la participación y la interacción, no en la obediencia a un jefe. Los líderes en la red lo son por su capacidad de emulación y el grupo (también en las empresas, también en la ciencia) se constituye en fuente de intercambio de saber. Un buen ejercicio a la hora de elaborar una auténtica reforma sería el establecer un contraste entre el tipo de sociedad que les ofrecemos como deseable y el que realmente tienen ante sus ojos. Entonces llama la atención los modelos de vida que tenemos como modelos a seguir son de una banalidad, de una moral cívica con principios difuminados, y donde hay una vacuidad difícil de conciliar con los ideales educativos. Los principales países que tienen un reconocido nivel educativo siempre añaden de un modo intrínseco al panorama educativo la Cultura, donde se promociona, diciéndolo en pocas palabras, todo un conjunto de valores como la responsabilidad personal, la solidaridad social, la sensibilidad estética y artística, la reflexión (con por ejemplo importantes políticas lectoras), la tolerancia y el respeto por la discrepancia. Además, en esos países es fundamental la compaginación de la vida laboral y la familiar (donde por ende se valora la expresión creativa y el reconocimiento de todo lo cultural, que además se oferta cotidianamente). Por supuesto la familia, es un cimiento a “educar” en cuanto a su papel en el proceso escolar, sin un cambio desde dentro en la familia, no se podrá reformar nada. Y bueno, entre tantas cosas en las que hay que actuar es en esa bifurcación al final de la enseñanza obligatoria, de acuerdo a las capacidades y actitudes de los alumnos, que parece que ya está pensado, considerando un ramal más dirigido a enseñanzas llamadas profesionales. También quisiera llamar la atención como otra pata fundamental en todo esto, aunque ya se ha dicho en parte, el nuevo papel del educador, del maestro, la necesidad de prestigiar el papel del profesor, de reconducir sus roles, de seleccionar al profesorado con modelos de más alta exigencia, una formación continua de nuevo cuño; y mejores recompensas, al igual que a los equipos directivos; entre otras cosas. Con todo esto creo también significativo contar con algo que históricamente ha suscitado recelos. Hablo de la autonomía de las escuelas a la hora de determinar sus plantillas, sus prácticas docentes y la organización de sus recursos, se ganaría en flexibilidad burocrática, en iniciativas -por el conocimiento de las necesidades cercanas- y con la elección de los padres en la diversidad se ganaría. Respetando los fundamentos de la igualdad, y con serios procesos evaluativos, el empeño podría ser positivo. Y por supuesto sin más medios no vamos a ningún lado. Un pacto, claro que sí, es fundamental, un pacto, donde nos impliquemos en muchos niveles de acuerdo, como quien se juega su salud vital.

Un nuevo sentido para rehabilitar

Una de las prioridades de la Presidencia española de la UE, dentro de los contenidos de vivienda y desarrollo urbano, se anunciaba como la defensa de la rehabilitación urbana integrada; esto es retomar la Carta de Leipizg sobre Ciudades Europeas Sostenibles, aprobada en 2007 y donde se promueven nuevos enfoques en políticas urbanas. Es un documento que subraya la necesidad de una política global teniendo en cuenta de manera simultánea los aspectos espaciales, sectoriales y temporales que interactúan en el fenómeno urbano. En este sentido, se potencia la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y de algún modo la competitividad de las ciudades, implicando en estos objetivos a las políticas de vivienda, de infraestructuras y de educación, en paralelo al envejecimiento de la población, las tendencias migratorias o las condiciones energéticas, entre otras. Políticas públicas que, en muchas ciudades, al estar ubicadas en áreas de gestión diferentes, se diseñan de forma aislada, lo que las hace perder eficacia. Y escribo todo esto ya que soy tal vez un urbanista frustrado, y si tengo algún lector que siga más o menos mi trayectoria columnista, sabe que he tratado estos temas de vez en cuando en negro sobre blanco; porque creo firmemente en una ciudad con más alma, con más valores, con más vivencia interior. Por ejemplo, algo que defiendo con especial interés es el de la vida de los barrios como elementos singulares e impares de la ciudad, aunque estructurados en un plano común; y la carta de Leipizg pone especial atención en el barrio como unidad de acción, en cuanto que los retos a que se enfrentan las ciudades se desarrollan en lugares concretos de la urbe que pueden ser muy dispares. Hablamos de una gestión que supera la mera rehabilitación edificio a edificio, o, vivienda a vivienda, para actuar sobre áreas enteras o barrios, y que contempla acciones sociales, educativas, culturales, formativas, de ocio, de impulso del empleo local, de mejora de la calidad ambiental y de la movilidad sostenible, entre otras. Esta política, integrada, permite trabajar simultáneamente en tres dimensiones: la económica, por su capacidad para crear empleo e innovación; la ambiental, porque esta actividad no consume suelo, mejora la eficiencia energética y permite la implantación de energías renovables en barrios y edificios; y la social, ya que si se enfoca sobre los barrios más desfavorecidos contribuye a la cohesión social, la integración o la educación. Se trata de un salto cualitativo importante en políticas públicas. Este enfoque que ahora España enarbola hace hincapié en que las ciudades no son entes homogéneos. Dentro de cualquier entidad poblacional de medio pelo existen muchas y diversas características, desigualdades y asimetrías que requieren intervenciones adecuadas a cada lugar, a cada barrio. Por ejemplo ¿qué pasa con tantos centros urbanos que están despoblados de ciudadanos estables, que vivan en sus calles destinadas a negocios, comercios, despachos profesionales,..? El precio de la vivienda, el índice de paro o la exclusión social, afectan de forma distinta a una misma ciudad, según el barrio en que estos índices se ubiquen. Por una parte, esta perspectiva recoge la complejidad de la ciudad y no la desmenuza en pequeñas e inconexas acciones y procura entenderla y gestionarla de forma global, integral, donde es tan importante cada uno de los sectores como la conexión e interdependencia que existe entre ellos. Donde, además de entender la vivienda y el transporte, por poner un ejemplo, es importante fijarnos en un guión que los une, un guión con connotaciones anímicas incluso y, con él, los une al resto de vertebraciones físicas y sociales que integran la ciudad. En el gran debate sobre el futuro del desarrollo urbano y la vivienda y sobre el papel crucial que las ciudades tienen como motores de crecimiento económico y progreso social es importante que ahora se aborde este de la rehabilitación urbana, que se dice integrada. La situación económica actual, la urgente necesidad de generar empleo y actividad económica y girar vitalmente hacia un modelo más sostenible de desarrollo, a la par que la situación de muchas ciudades, desmembradas, inconexas, sin diálogo interno, lo ponen en primera línea de nuestros objetivos.

El azar, menos mal

Leyendo diversas circunstancias de la vida del escritor Paul Auster, éste señala que la fuerza motriz que confiere vuelo a su obra, es, probablemente, el azar, la casualidad, es decir, los inesperados vuelcos que provocan en la vida circunstancias aparentemente sin importancia y fruto de coincidencias. Todos nos hemos preguntado alguna vez, por ejemplo, qué hubiera ocurrido si hubiese aceptado aquella oferta de trabajo, cómo habría cambiado mi vida, o si aquella tarde en la chopera le hubiera hecho caso al corazón. Esto es lo que muestra básicamente el norteamericano en sus obras. Y es que hasta ahora hemos vivido y sentido nuestra biografía e historia cultural y sus inventos bajo el signo de la necesidad. Nuestro mundo, los conceptos y nuestras experiencias han señalado a una realidad definida. Ahora, hay un vuelco, nuestra vida cada vez está más pendiente de la suerte, de indeterminación y de la probabilidad. En todas las facetas del conocimiento parece anclarse esta idea. Nuestras decisiones se enfrentan hoy a lo probable y a lo acausal. Avanzamos por un espacio y un tiempo donde predomina la probabilidad y la contingencia. Volviendo a la obra de Auster, ésta contiene, a pesar de su sencillez, unos elementos que crean pronto una sinergia con el lector, por lo común: la inevitable casualidad, un protagonista solitario, abundantes digresiones. Sí, el azar es sumamente importante y no existe un plan pre-determinado. Se podría ejemplificar con un árbol, donde a partir de un tronco salen múltiples ramas que se van subdividiendo dependiendo de distinta suerte, una va a predominar, y, todas las otras quedan como posibles historias. También lo podemos llevar a nuestras vidas, donde una serie de accidentes casuales van determinando las ramas que seguirá nuestra vida, desde la misma fecundación hasta nuestra muerte.

Cuando uno se pregunta por qué me aconteció tal encuentro, tal idea o circunstancia, únicamente podemos responder que porque sí, no hay causalidad, hay novedad y algo sorprendente. De este modo, con frecuencia no encontraremos en lo que nos acontece una razón de causalidad racional, sino una espontaneidad acausal que se expresa con la frase porque sí. Generalmente nada nos acontece por esto o por aquello. El azar, algo tan arbitrario puede cambiar nuestras vidas, condicionarlas en la tragedia o conducirlas a la plenitud. Casi todo en nuestra vida se da por azar, los encuentros, los desencuentros. Depende de fracciones de segundo el encontrar a una persona que puede modificar totalmente la vida de uno.

El azar es la figura metafórica y real que nos muestra la pluralidad y diversidad de los argumentos específicos del vivir. Este albur hace de nuestra vida una inquietante aventura de encuentros verdaderamente sorprendentes e impares opciones, que originalmente definen nuestra historia de un modo singular. El azar nos pone en el centro de un laberinto, que por diferentes atajos y sendas nos ofrece una salida maravillosa y seguramente eficaz, a la luz y a la libertad de toda concreción subjetiva. Estamos estrenando un tiempo nuevo, tal vez sea momento de estrenar la fuerza expresiva y la energía interior, para escribir nuestra página en blanco que anuncia una narración personal de una forma inesperada y rica en sensaciones y emociones. El azar es la hazaña actual y cognitiva de la mente y la conciencia y, en consecuencia, nos ofrece desde el más profundo silencio, una nueva imagen del universo y, a su vez, de la naturaleza de la mente y del cuerpo. Él enciende el secreto de la creatividad y la invención. El azar nos recuerda siempre la posibilidad de que algo ocurra o no, un proceso de creación marginal. El diccionario nos dice que el azar se refiere a sucesos no previstos y no intencionales, algo que acontece por casualidad y sin una espera meditada. Hay un mundo que se abre ante nosotros: el de la incerteza. La verdad se nos ha hecho relativa e imprevista. Si la casualidad, la coincidencia, lo fortuito pierden su naturaleza milagrosa ¿qué nos queda esperar? ¿Tan sólo el resultado, el encadenamiento entre la siembra y la cosecha, la hoz y el grano, la esforzada carrera y la anticipada meta? Sin azar la vida pierde gran parte de su mejor interés. El fútbol por ejemplo, no sería lo que es si la lógica llevara siempre la razón; menos mal que de vez en cuando un pequeño se traga al multimillonario y superpreparado, en todos los sentidos, equipo de campanillas. Negar, por tanto, las explicaciones lógicas, la concatenación causa-efecto, la ordinaria relación espacio-tiempo, se convierte así en un afán imprescindible para defender el superior valor de la vida y lo que es más decisivo: su irracionalidad

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