Con la venia

Ilustrísimos obispos:

 

Primero que nada, subrayar mi respeto a sus creencias y a sus opiniones; respeto que no significa mi aquiescencia con unas y con otras. Al contrario. Con todo mi respeto, no suelo compartir la mayoría de sus opiniones y creencias, y es por eso que les escribo esta carta que de seguro no van a leer.

 

Es el caso concreto de la asignatura de religión, que ustedes quieren que se imparta en todas las escuelas. Arguyen el derecho de los padres a exigir al Estado que garantice y salvaguarde con una ley su enseñanza. Se basan en que la mayoría de los españoles son católicos (como señalan las estadísticas, el número de bautizos, y como cabría esperar tras casi cuarenta años de adoctrinamiento al país entero, cuando la religión católica era la religión del Estado, y arropaba a un dictador que tenía la costumbre de conculcar a diario el Evangelio), y que, por lo mismo, ningún Gobierno puede olvidarse de eso, ni de ellos.

 

Ocurre, sin embargo, que estamos en el siglo veintiuno. Ocurre que la religión ya no es política, sino que pertenece a la esfera íntima del ser humano, y cada persona lleva en su cabeza las creencias o las dudas que estima convenientes para mejor vivir, sin que eso pueda ser motivo de persecución ni discriminación alguna. El Estado no debe fomentar (ni perjudicar) ninguna creencia religiosa; no es ése su cometido. Ha costado mucho esfuerzo llegar a este punto, no crean. De hecho, en algunos países musulmanes, e incluso en el mismo EE.UU, aún confunden la religión y la política, con los resultados dramáticos que todos conocemos.

 

Por otro lado, ustedes tienen sus colegios, sus iglesias, sus púlpitos, sus medios de comunicación para adoctrinar a los suyos y tratar de convertir a los impíos…; ¿no les basta con eso?

 

Es evidente que no les basta. Quieren al Estado a su disposición. Sus aulas. Sus colegios públicos pagados con el dinero de los contribuyentes católicos, y budistas, y ateos, y etcétera. (Y, si fuera así, en justicia, ¿no habría que tener, en cada colegio público, un profesor de cada una de las religiones que haya en el país, para que todas ellas disfrutaran del mismo derecho que asiste a los católicos? ¿Y eso cuánto vale? ¿Y quién lo paga?

 

Bueno, pues aun con todo, tienen a su disposición al Estado. La religión católica se imparte en todos los colegios públicos de España para el alumno que opte por ella. ¿Es así? Los acuerdos con la Santa Sede de 1976 y el propio artículo 16.3 de la Constitución garantizan que así sea. Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Tampoco tienen bastante?

 

Tampoco. Además, y con el fin de que los alumnos se la tomen en serio, quieren que la asignatura de religión sea evaluable y tenga el mismo rango curricular que las Matemáticas o la Física o la Historia, y se pondere con el mismo valor que ellas para formar la media que dé, o no, acceso a la Universidad.

 

Pero esto ya no es serio, señores obispos. Esto ya es rizar el rizo. Esto es hacer a los demás comulgar con ruedas de molino.Sin entrar en el disparate de que la religión influya a la hora de cursar una carrera universitaria, ni en la dificultad, a mi juicio, de saber quién es buen o mal católico, o animista, o judío, la cuestión es que, si el padre de un alumno no quiere que su hijo estudie la religión católica, ¿qué asignatura le ponemos? ¿Y por qué tenemos que ponerle una asignatura más? Y si el padre, en su derecho, no quiere que a su hijo se le imparta ninguna asignatura religiosa, ¿se le evalúan sus estudios con una asignatura menos? O estudia… ¿qué? ¿Qué, señores obispos?

 

¿Y todo este lío sólo porque ustedes nunca tienen suficiente? ¿Sólo porque no lo tienen todo, como hace menos de un siglo?

 

En fin, con mi respeto: ¿No podrían meditar que quizá ya tienen bastante, y ser más agradecidos?

 

Atentamente,

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