¿Por qué ha ocurrido esto?

Refiriéndose al pronunciamiento realizado el día de la Pascua Militar por el Teniente General Mena Aguado, se preguntaba esta semana Rajoy: “¿Por qué ha ocurrido esto?”.
Él dirá que la culpa es del PSOE y de Carod Rovira, claro, porque para el PP, el PSOE y Carod Rovira incluso mataron a Manolete; pero yo tengo, modestamente, otra versión.

I
La cosa viene de lejos, de cuando el Partido Popular perdió unas elecciones generales que daba por ganadas, hace casi dos años, y que nunca ha dado por perdidas. Desde ese día hasta el día de hoy, el PP ha hecho todo lo posible para desestabilizar al Gobierno, y cuando menos están desestabilizando España.
Ahora azuzan con el Estatuto catalán, pero no podemos olvidarnos de que igual hicieron con el Estatuto vasco, y con los fondos de Bruselas, o con la OPA a Endesa, o con el atentado del once de marzo, o el Pacto Antiterrorista, o la LOE, o los matrimonios entre homosexuales, o las alianzas legítimas de Zapatero.
Si se mira bien, lo de menos es el motivo por el que gritan, porque gritan por todo. Absolutamente por todo. De manera que, según ellos, toda acción del Gobierno es el desastre, fruto de la impericia o la conspiración, y oportuna en todo caso para que el PP se lance feroz a por su presa, esto es, Zapatero, las elecciones anticipadas, su regreso al Gobierno como sea, sin importarles que en el trayecto se lleven por delante la convivencia democrática.
Lo que está ocurriendo no es tanto por el Estatuto catalán, sino por la cotidiana actitud irresponsable del Partido Popular, que más que una labor de oposición, hace una de acoso y derribo.
Este clima tenso y ficticio que han creado, este fin del mundo imaginado por el PP y sus altavoces mediáticos, es el caldo de cultivo, la causa principal por la que el Teniente General se ha visto en su salsa, se ha sentido respaldado por el ambiente político (e imagino que militar), y ha dicho lo que ha dicho, que tan mala pinta tiene.
Ahora que las llamas empiezan a ser preocupantes, entiendo el afán de Rajoy y su partido en erigirse como bomberos salvadores, repartiendo culpas a diestro y siniestro, porque entra dentro de su táctica; pero no engañan a nadie o, al menos, a mí creo que no me engañan: El incendio lo empezaron ellos.

II
Por otro lado, también, pero no antes, están los actores de este desaguisado concreto del Estatuto Catalán, que tan fácil se lo han puesto a los populares.
Está Zapatero, que se mete en todos los charcos, y están los responsables políticos catalanes, que tienen el mismo sentido de Estado que un ladrillo, y que en lugar de acordar un Estatuto digerible por el resto de España, hicieron un texto difícil de aceptar, no sólo por la derecha más rancia (que no acepta ninguno y que ya se sabe), sino por todo aquél que crea que, en el Estado de Derecho, lo mínimo es respetar las reglas del juego.
Está Zapatero, digo, que dijo que aceptaría cualquier Estatuto que viniera de Cataluña siempre que lo aprobara la mayoría de su Parlamento, sin matizar (aunque debería haberse dado por hecho), que siempre y cuando se ajustara a la Constitución. Que ése es el único requisito que se debe exigir para la reforma de cualquier Estatuto de Autonomía, a mi juicio. Que por más que la mayoría de un parlamento autonómico pretenda lo que le venga en gana, que me parece de perlas, tiene que ajustarse a los límites que marca la Constitución; no por capricho, sino porque es la misma Constitución que da legitimidad a los propios parlamentos autonómicos.
Está Maragall, que consintió que se mandara al Congreso un Estatuto inconstitucional en alguno de sus artículos, según dicen los expertos, y se quitó el problema de encima pasándoselo al resto de España. Si desde Cataluña se hubiera enviado un texto en condiciones, otro gallo cantaría (aunque el PP seguiría gritando).
Está Carod Rovira, también, que cada vez que habla sube el pan y el desconcierto.
Está Artur Mas, echando la caña.
Está Saura, de ICV, que no dice nada.
Están Bono, Chaves e Ibarra, que bien podrían ponerse de acuerdo y decir qué modelo de España defienden.
A todos ellos el Estatuto les ha venido grande, sin duda.
Con todo, no creo que sean tan estúpidos de intentar darnos gato por liebre, y espero que tengan la sensatez de aprobar un texto escrupulosamente constitucional o, en su defecto, de devolver el Estatuto a Cataluña, para que lo rehagan quienes no supieron hacer bien sus deberes. 

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