Artículo de opinión de José Luis Cano Palomino para IDEAL. 19/05/2013
La ideología dominante en Europa tiene al dinero como religión; su divinidad es el Euro. Sin embargo, la crisis que ahoga a las economías de los países desarrollados se debe a la improductiva y bestial acumulación de dinero en manos de quienes están en lo alto de la estructura social, de quienes de verdad mandan: los plutócratas. En lo más alto del organigrama está la insaciable patronal alemana.
Justo debajo, dos obedientes: el Banco Central Europeo y la Sra. Merkel; ella se ocupa de la gestión y las relaciones públicas con los protectorados europeos (todavía denominados ‘países’, pero ya despojados de casi todos los atributos de autonomía económica y que obedecen sus directrices a través de las diferentes instituciones comunitarias); por su parte, el BCE controla y dirige las instituciones bancarias públicas europeas. En cada una de ellas hay toda una nómina de economistas estrechamente dedicados a supervisar a sus respectivos ministerios de Economía… con los ojos puestos en las jugosas contrataciones que posteriormente esperan, como premio de su fidelidad al capital, en la dirección de grandes empresas privadas.
En cada ministerio ejerce de relaciones públicas el ministro equivalente a nuestro De Guindos (y no olvidemos que, en sentido estrictamente etimológico, un ministro es un sirviente). Abajo del todo están los presidentes de cada gobierno, también llamados primeros ministros, que no tienen ninguna función real ni práctica más allá de asumir y presentar como propias las órdenes ‘austericidas’ que reciben… al tiempo que contemplan cómo se deshace bajo sus pies el suelo electoral de su partido (es irrelevante si se autodenomina socialista o demócrata-cristiano).
Alemania, que ya ha destrozado dos veces nuestro continente, es uno de los lugares de la más alta irracionalidad humana. Sus excepcionales resultados económicos y su inmensa cultura están terriblemente desequilibrados al perder de vista la complejidad de la existencia humana, otros modos de organización de la vida. Su obstinación al imponer la austeridad está convirtiendo a Europa en el agujero negro de la economía mundial. La plutocracia no para de empujar, desde comienzos del siglo XX y bajo dirección alemana, a nuestro continente al suicidio.
Los préstamos a los Estados sirven para garantizar el dinero de los ricos, tal y como vio Karl Marx. La deuda es una invención de las finanzas privadas. La austeridad, el equilibrio mezquinamente contable de las cuentas públicas tienen por objeto someter a los Estados a sus intereses e incapacitarlos para hacer lo que, tarde o temprano, inevitablemente, habrá que hacer: rechazar el pago de su deuda por imposible. Para relanzar la maquinaria económica y refundar la democracia es preciso poner los contadores a cero.

