Artículo de opinión de José Luis Cano Palomino para el diario IDEAL. 03/12/2011
No hay brotes verdes, ni siquiera tocamos fondo en esta crisis. Mes a mes aumenta el número de personas que son despedidas y el paro no deja de subir. En España, en este mes de noviembre, 59.536 personas más se han apuntado a la cola de INEM. Además la Seguridad Social perdió 111.782 afiliados en noviembre. Con estos datos seguimos a la cabeza del paro en la zona euro.
Detrás de estos crudísimos datos hay una brutal situación de emergencia social, hay mucho sufrimiento humano, pobreza, inseguridad, depresiones, desahucios, desamparo, impotencia, frustración. Pero las élites económicas continúan actuando impúdicamente al exigir más y más recortes de derechos sociales. Y las élites políticas siguen frívolamente apostando por mantener las mismas líneas de actuación que nos han llevado hasta aquí: saneamiento de la banca privada con fondos públicos, recortes del gasto público y confianza en que el mercado al final nos salvará. A esto hay que añadir también la impudicia de las cátedras de economía que siguen aferrándose a unos dogmas que sirven de coartada a las elites financieras y generan más confusión.
Esta semana hemos sabido que el Gobierno del Reino de España destinó en ayudas a los bancos y cajas de ahorros 88.800 millones de euros, un importe equivalente al 8,4% del Producto Interior Bruto. La cifra incluye las recapitalizaciones (10.800 millones a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria), los avales para la emisión de deuda de las entidades (55.830 millones), el tratamiento de activos dañados de Cajasur (2.860 millones) o las inyecciones de liquidez (19.310 millones).
La derecha económica (que hasta ahora incluye también al gobierno saliente y a su derrotado candidato) se siente cómoda con la repetición e insistencia en el libre mercado, los emprendedores, la competitividad y la flexibilidad… Pero esa insistencia no tiene bases empíricas en el pasado ni dispone de un mínimo plan serio para salir de este atolladero.
Es falso que sólo los empresarios privados generan puestos de trabajo; además es una falsedad que bloquea que puedan adoptarse otras políticas: hay muchos empleos públicos de gran utilidad social y muchos empleos privados dependientes del gasto público. Y, como en otras crisis anteriores, es evidente que los empresarios no son capaces ellos solitos de cumplir con el papel que se le otorga en ese discurso y menos aún en las condiciones en que se encuentra nuestro sistema financiero.
La política de recortes públicos no sólo no resuelve el problema sino que lo agrava. Recortar del gasto público tiene efectos directos (despidos de personal público y recorte de inversiones) e indirectos pero es que, además, evita que afrontemos los problemas principales que deberíamos tratar de resolver: qué modelo productivo y de consumo necesitamos desarrollar (desde una lógica de sostenibilidad económica, social y ambiental) y qué modelo de sector público y de contribución fiscal puede contribuir a nuestro bienestar.
Creo que hay que seguir exigiendo una reforma fiscal justa y suficiente para garantizar la cobertura de las necesidades básicas (lo que no es incompatible con luchar contra el despilfarro) que hay que seguir luchando porque se adopten propuestas que realmente alteren el modelo económico que ha producido y sigue produciendo el cáncer de los cinco millones de parados, la pobreza, la inseguridad económica de la mayoría, las desigualdades crecientes y el deterioro ambiental.
También creo que hay que impedir que enorme deuda privada se convierta en pública y para ello hay que plantear que las ayudas al sector financiero sean a cambio del enorme parque de viviendas privadas vacías que podrían convertirse en un parque público de viviendas sociales en régimen de alquiler moderado.
La gestión privada ha fracasado y por eso mismo hay que proponer sin pudor y en toda Europa un creciente protagonismo de la gestión pública de la actividad financiera que nos ayude a salir de la crisis.

