Artículo de opinión de José Luis Cano Palomino para IDEAL. 14/01/2012

Lumbre en San Antón Jaén en el parque José Morales Robles
Todas las manifestaciones de la cultura tradicional relacionadas con el fuego le atribuyen un poder mágico de transformación, de renovación de anhelos, de deseos, de justicia poética, de prosperidad, salud y cambio. En San Antón quemamos en un pelele todas las maldiciones y los malos tragos se endulzan con el vinillo de la bota. También en San Juan, en muchos pueblos de nuestra provincia, con ocasión del solsticio de verano convierten en cenizas las frustraciones, el desamor, la enfermedad, las injusticias y la insolidaridad. Después del fuego surge un mundo nuevo, limpio y lleno de buenas intenciones. El cataclismo de Heráclito promete siempre un renacimiento.
Qué bien nos vienen las lumbres de San Antón porque podemos echar al fuego ese amargo sabor de boca que se nos está quedando al ver cada día los estragos del desempleo que no para de subir. Nos viene muy bien la noche de hogueras porque podemos alimentarlas con los recortes del anterior gobierno de Zapatero y los que ahora hace el nuevo de Rajoy. Es muy conveniente que en casi todos los barrios se quemen los tirajitos porque van a prender con ellos las mentiras de quienes hace poco decían digo y ahora dicen Diego. Es muy conveniente que nos juntemos alrededor de la lumbre para combatir el frío echando directamente al fuego desde nuestra conversación, viático del camino de la vida como decía Gracián, el cabreo, los malos rollos, la violencia machista, amén de cuatro o cinco pecados capitales.
No es poca cosa que en casi todos los barrios de nuestra ciudad haya un grupo de hombres y de mujeres ocupados estos días en acarrear muebles viejos, tirajitos, ramón y montañas de palés, organizando una fiesta que piensan para todos los vecinos y vecinas, grandes y chicos. Es un gusto y una satisfacción encontrar a nuestros amigos y amigas rellenando cartuchos de ‘rosetas’, preparando los mostradores y las planchas, acarreando la chacina y esmerándose en las botas de vino. Y lo hacen gratis, entrañablemente, desde su asociación de vecinos, para estar juntos, para acoger a todo el que llegue y mostrar con orgullo el espíritu de su barrio que vibra esa noche en las llamas temblorosas.
Aunque llueva o azote el ‘aire de Jaén’, la noche de San Antón saldremos a la calle miles de jiennenses para sentir que somos de esta ciudad; unos se calzarán las zapatillas de deporte para correr sin huir de nadie, para sudar por gusto y gratis. Otros se quemarán las manos aplaudiendo. No importan las cuestas ni los desniveles, son nuestros, forman parte inseparable de nuestra ciudad. Nos gusta la ‘Carrera de San Antón’.
Entre la carrera y las lumbres las calles habrán sido nuestras en una noche única. Luego volveremos a nuestros asuntos, a nuestras casas. Las hogueras serán brasas y finalmente se apagarán. La noche volverá a ser fría, quizás hiele, pero otro año llevaremos con nosotros el calorcillo de la lumbre y la compañía de nuestros paisanos.

