Bajo el lema “El futuro tiene raíces”, Córdoba se ha movilizado desde hace ya muchos meses para conseguir ser capital cultural europea en 2016. Y esa reseña me viene al pelo para cumplimentar mi disertación dominguera en IDEAl. Un periódico que en muchas de sus páginas es plaza pública donde encontrarnos para el debate, tan necesario en estos tiempos que tienen mucho de monocordes en parcelas demasiado importantes. Efectivamente, está bien acuñado eso de las raíces del futuro. Pues bien, nuestra ciudad, nosotros, que muchas veces hablamos de Andújar como algo que no nos concierne directamente, cuando casi siempre la ciudad en una medida u otra depende y es responsabilidad de todos nosotros, sus ciudadanos. Históricamente, diversos pueblos que habían hecho buena síntesis de los saberes procedentes de otros lares, se asentaron aquí y en estas riberas del Guadalquivir se fundieron con un sustrato propio de estos pagos. Esa diversidad entroncada en lo que llamamos Andújar se ha ido enriqueciendo a lo largo de los siglos, creando una historia, con algunas sombras y con muchas luces; y una identidad, que nos define. Hoy, nosotros, herederos y deudores de ese legado, tenemos la obligación de ponerlo al día, de proyectarlo: en esas raíces innegablemente debemos encontrar los fundamentos de nuestro futuro. Es esa una responsabilidad histórica. Si sabemos reconocer nuestra historia, la esencia de la andujanía; si sabemos regenerarnos desde la savia de la identidad, alcanzaremos un futuro más rico y hondo. Pero ¿somos capaces de ello? ¿Cómo ahondar en los pretéritos anaqueles e identificar la substancia y con ella levantar nuevos andamios? Y no, no se trata de colocar, por poner un ejemplo chusco, unas vasijas y unas piedras en un museo, o de levantar una panoplia insustancial de acciones deslavazadas y sin perseverar en su ahondamiento. Ya saben que está el hacer por hacer, o, el hacer con sentido y convicción. Y sin memoria, nuestro progreso no tendría rumbo. Las referencias nos sitúan en el camino. Se trata, de una vez por todas, de pararse a preparar una tupido proyecto de ciudad, donde nuestros hitos, nuestros atributos y significativos personajes nos incentiven cada día más. Sean una proclama y una certeza de futuro.

