¿QUÉ SABES DE ESPAÑA?

Es tremendo lo periodista que me he vuelto
desde que estoy en Bangladesh. Con tanto hacer entrevistas cuando estoy en las
sucursales de Grameen en las aldeas, se me ha quedado la costumbre de hacer
preguntas y… ¡esto es un “no parar”!. Y si a eso le añadimos la cámara “casi
profesional” con su objetivo óptico de los que se estiran y encogen, no me
falta ya nada más que la grabadora. De hecho, una pareja de internos
surcoreanos, que se fueron hace tiempo (ahora mismo soy la única interna
extranjera en el Grameen), me dijeron que pensaban que era periodista porque
siempre me veían haciendo fotos a través de la ventana. Eso es porque el
departamento internacional está en la 8ª planta y tiene unos enormes ventanales
por lo que me gusta aprovechar la oportunidad única de fotografiar a la gente sin que lo sepa, captando su
comportamiento habitual.

Pues, como iba diciendo, me he habituado a hacer la misma
pregunta a todo el mundo, para darle
cierto valor estadístico. “Tras el éxito” de “Cuál es el problema de
Bangladesh”, últimamente me he decantado por “Qué sabes de España”, ya que, al
igual que ocurría con la otra pregunta, las respuestas que se obtienen son de
los más curiosas y variopintas, dependiendo del nivel cultural, o del sentido común,
de la persona en cuestión. Pero, al igual que con la otra pregunta, no se me
ocurrió hacerla hasta que alguna persona voluntariamente, sin que yo le
preguntara, me hiciera una lista de las cosas que conoce de España. Para que se
os haga ligero y más entretenido voy a enumerar las respuestas más
representativas:

·       
“Olive oil, Queen Sofía, Real Madrid”. Yo estuve unos días viviendo en
una sucursal en un lugar llamado Feni y los directores de área y zona vinieron
a conocerme, como hacen siempre que hay una visita. (Aclaración: un Área es
algo así como una comarca, por lo que un “Areal Office” controla un conjunto de
sucursales, mientras que una Zona se encarga de un conjunto de Áreas). El que
me contestó aquello es el “Areal Manager” (a mi izquierda en la foto, con
chaqueta y gafas) pero lo cierto es que de los demás ninguno pudo decirme nada
más, y todos son personas con estudios universitarios y que han viajado algo.
Es decir, que nunca han oído hablar de flamenco ni de toros (no seré yo quien
les venda el toreo…).


·       
“España, España…, en Europa, ¿verdad?“. Esa fue la respuesta de un chico
que trabaja en el hotel en el que viví durante la primera semana, el cual
seguramente no tiene demasiados estudios, y, como el 90% de los bengalíes,
seguramente no haya salido de Bangladesh nunca, así que es normal. De hecho no
es el único que me ha comentado eso. Aquella respuesta fue muy graciosa, sobre
todo después de que acabara de decirme: “Eres de Australia, ¿no?”, en ese
momento lamenté no saber cómo se dice “antípoda” en inglés… Lo más curioso es
que algunas personas más me han preguntado si soy australiana, será que lo
parezco…

·       
“¡La liga de fútbol!, ¡me encanta!”, esa es la respuesta más frecuente,
especialmente entre el personal masculino. En lo que a deporte se refiere los
bangladeshíes en general son fanáticos de: 1º, el críquet, que creo que es la
única liga internacional en la que participa Bangladesh y no les va demasiado
mal y 2º, la liga española de fútbol.

·       
“Ohhhh, es un país con mucha historia, muy
rico en arte, literatura…”
,
pero eso son sólo las respuestas de los más eruditos, entre los que destacan mi
coordinador en Grameen (Shamim) y un amigo que he hecho en el PNUD (Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo), ambos jóvenes y con estudios universitarios
(aunque no más que muchos de los que sólo me pudieron hablar de fútbol). Estos
dos conocen desde la Alhambra hasta Lorca, pasando por Almodóvar, Buñuel, los
toros y, por supuesto, el flamenco. Shamim incluso admira, al igual que yo, a
Javier Bardem, pero es que Shamim no es normal…es demasiado, lleva 1 año en el
departamento internacional (antes era director de sucursal) y eso le ha
permitido conocer a personas de todas partes, pero es que además es “culto por
afición”, no sé como saca tiempo para tanto… (véase foto de él con su mujer y
la graciosísima Othoi jugando con mis gafas).


·       
“Nada en particular, es un país
desarrollado, más desarrollado que Bangladesh”
. Esta es una respuesta muy frecuente, entre
jóvenes y mayores, con estudios y sin ellos, muchas veces después de pensar un
poco me dicen: “ah! y ¡¡Real Madrid y el Barcelona!!”, otras veces me dicen:
“también conozco a vuestra reina, que ha venido varias veces” o “tenéis un Rey,
¿verdad?”

·       
“Vuestro idioma es “español”, ¿no?, ¿es una lengua latina?”, no
os riáis tanto, a ver cuántos de vosotros sabéis algo del alfabeto sánscrito o
de que el Bangla es un idioma indo-iraní, ¿eh?.

Con respecto al aceite de oliva, es importante hacer una
aclaración. En primer lugar, todo el mundo lo conoce y todo el aceite que hay
en las tiendas viene de España. Aprovecho para comentar que, además del aceite,
hay otros productos importados de España en el supermercado, nunca habría
adivinado cuáles…: ¡Nocilla! y ¡flan!. Pero ahora viene lo mejor, es posible
que cuando busques el aceite de oliva en el supermercado no lo encuentres o que
en las tiendas de alimentación no haya… no pienses que no tienen, prueba a
mirar en el pasillo de los productos de higiene personal, ahí, entre geles y
champúes, hay cuatro o cinco marcas diferentes de aceites españoles. Os
preguntaréis por qué, muy fácil, para ellos el aceite no es un producto de
alimentación, sino un fabuloso, aunque un poco caro, ungüento para hidratar la
piel en invierno. Así es que las caras que me ponen cuando les digo que
nosotros lo usamos para cocinar son buenísimas, entonces TODOS me dicen: “ah,
pero el vuestro es que será otro tipo de aceite” y digo: “no, no, es el mismo,
el que hay en el súper es virgen extra, que es el bueno, es el que usamos
nosotros tanto crudo como para freír”, de nuevo el gesto se les tuerce, no se
lo acaban de creer… El director de la sucursal de Feni en la que estuve (el
primero empezando por la derecha en la primera foto), después de mucho
insistirle, se animó a probar pan con aceite de una mini botellita que yo
tenía, creo que pensando que como era aceite que yo había traído de España
sería diferente, ojalá (/inchahla/) hubiera hecho una foto de la cara que puso
en aquel momento… Pobre hombre, qué mal rato pasó, ¡imagina que te hacen probar
“Body milk” diciéndote que es la leche que ellos normalmente toman!.

Cuando entrevisto a personal de las sucursales o a prestatarias
suelo terminar preguntando (por pura curiosidad) “cuál es, en pocas palabras,
tu imagen de “Occidente en general”", para no complicarlo mucho, ya que suelen
tener una idea muy abstracta del resto del mundo, entendiéndose por resto del
mundo todo lo que no es puramente Asia. Varios me han dicho: “buena, son países
con una cultura muy diferente a la nuestra, y están más desarrollados”, de
nuevo dicen, “están más desarrollados que Bangladesh”, algunos especifican:
“ingreso alto, esperanza de vida más alta…”. Un director de centro (un centro
es un conjunto de grupos de prestatarias) añadió “sois más trabajadores, por
eso estáis más desarrollados, aquí la gente es muy vaga” (me gustaría que viera
alguna administración pública que otra…). Varios destacan “cultura más libre,
abierta…”, pero una chica, universitaria, que está en formación para ser
directora de centro se atrevió a concretar más: “la cultura no me gusta, no se
respeta a la familia, se pasa de ella, los jóvenes se “mezclan” unos con otros,
se besan en público…”. Un chico que está estudiando Administración de Empresas
con un préstamo del Grameen (“education loan”) después de comentarme varias
cosas acerca de la economía, la producción y el precio del oro (creo que
trataba de impresionarme), me dijo: “pero están siempre con conflictos,
luchando unos con otros…”. Hay que aclarar que en la extraña amalgama que para
ellos significa “occidente”, Estados Unidos es el centro, Reino Unido le sigue
de cerca (que para eso estuvieron dos siglos expoliándoles) lo demás es una
especie de maraña poco clara, en la que también entra, como mínimo, Oriente
Medio. Incluso, un hombre en una aldea me dijo: “¡Ah España!, ¡yo vivo en
Sudáfrica!, ¿lo conoces?” y le digo: “no, no, ¡si eso está muy lejos!” y dice
casi enfadado “No, no, España está al lado de Marruecos que está en África, que
es donde está Sudáfrica, ¡¡está muy cerca!!.

Así es que…de todo hay en la villa del Señor, Alá, Budha,
Krishna y todos los demás, yo, como buena periodista aficionada, no me
sorprendo, ni contesto, aunque aún no he conseguido que mi cara no exprese la
primera reacción al oír ciertas cosas.

Y ahora, para provocar un rompimiento de esquemas en vuestra
mente y que se os quite la sonrisa de “soberbia occidental” que ahora mismo se
dibuja en vuestras caras (no pasa nada, nos ocurre a todos), os comento que
tanto en la agencia de viajes donde compré el billete como en el centro de
vacunación del hospital en Granada, ambas licenciadas (y quien sabe si con
máster o doctorado) que me atendieron me preguntaron: “¿Bangladesh?, ¿eso a qué
país pertenece?”, pues… es un país desde que se independizaron de Pakistán en
1971, es decir, antes de que Franco muriera, espero que en Bangladesh no lleven
tantos años de retraso con nosotros como nosotros con ellos…(eso último no lo
dije, sólo lo pensé). Pero estamos hablando de 142 millones de personas (unos
100 más que en España), de un idioma que también se habla en la Bengala
Occidental (India), de donde provienen otros dos premios noveles más (Tagore y
Amartya Sen), ¡ah!, ¡y tienen la playa más larga del mundo!, por lo menos
debería sonarnos un poco… Pero para consolarnos todos pensemos que la culpa es
de la prensa, pues, no entiendo que hayáis podido ver en el telediario lo del
incendio de ayer en Dhaka (que no ha sido para tanto), pero que no se haya
hablado de que Yunus haya accedido a presentarse a las elecciones y esté
creando un partido y que, algo único en la historia de la Democracia
(corregidme si me equivoco), haya publicado una carta abierta al pueblo
pidiendo sugerencias y consejos para mejorar este país poniendo su teléfono,
mail y dirección postal para que todos los bangladeshíes del mundo le contesten
(aún estáis a tiempo de leerlo:
http://www.thedailystar.net/2007/02/12/d7021201085.htm). Pero es que entre los
20 minutos que necesita el fútbol, los 15 que necesitamos para ver a los
políticos insultándose, y los 10 minutos que se reparten entre guerras y
sucesos, no queda mucho para otras noticias…, qué le vamos a hacer.

Con cariño, desde un país muy, muy lejano

Aurobangla

Como Julia Roberts en el Día de la Cruz

Marika McAdam,
nunca nos hemos visto, yo sólo conozco tu rostro por una fotografía en blanco y
negro, pero sé que podríamos ser muy buenas amigas. De hecho, de algún modo, tú
eres mi gran amiga aquí, invisible, pero amiga. Tu experiencia en Bangladesh, que
tan bien relatas, no sólo me ha ayudado a evitar errores y adelantar aciertos,
pero es que además, ¡es casi como una premonición!, porque me están pasando
exactamente las mismas cosas que tú cuentas, es algo fascinante… Ahora entiendo
el tono en que escribes, a veces irónico, a veces tragicómico, a veces apesadumbrado, a veces casi desesperado…
ahora entiendo que esto pareciera más una novela que una guía de viajes. La
única que existe sobre Bangladesh, por cierto. Gracias Lonely Planet, lonely
Bangladesh, cuánto me costó conseguirte…

De los muchos
brillantes aciertos de esta guía, en esta ocasión me voy a centrar en este:
“STARING. For most of us, Bangladesh is the closest we’ll come to celebrity
status…”, que remató al indicar cómo se dice en bangla: “please, could you stop
staring me?”, lo cual aun, desgraciadamente, no he conseguido aprenderme.
Cuando leí esto (todavía en España), creí que exageraba, pero ahora os puedo
asegurar que no. Es tan extraño despertar tanta expectación, ahora entiendo
como se sienten los famosos, perseguidos por paparazis, ¡pero yo no soy famosa!
Y sin embargo me siento como si lo fuera. Pero a la vez, desprotegida, es
decir, sin poder esconderme o evitarlo de algún modo porque, ¡están por todas
partes!. Es como si soltaran, de repente, sin escolta ni preaviso, a Julia
Roberts en un lugar plagado de personas, por todas partes, en todas las calles,
en todas las tiendas, en cada rincón… por centenares, es más que la Puerta del
Sol un domingo por la tarde, es peor que las rebajas de Enero, sólo puedo
compararlo con el bullicio, el desorden, la suciedad, el descontrol, el caos,
del Día de la Cruz de Granada durante los último 3 años. Donde los carros de la
compra, llenos de botellas, aquí son los rickshas, circulando sin control, en
ambos sentidos, por ambos lados de la carretera, la música aquí son los
incesantes cláxones, la orina y la bebida en el suelo, aquí son los charcos que
deja la lluvia, bueno, y los orines a veces también, que combinados con la
arena que hay por todas partes forma un barro difícil de evitar… El humo de
tabaco aquí es la polución, incomparable con nada que haya yo visto nunca
antes. Pero lo mejor de esta metáfora es, sin duda, la muchedumbre, el agobio,
el jolgorio, el ruido, los empujones y tropezones y, imaginad en esa situación,
Plaza Nueva, o el Campo del Príncipe, durante el momento cumbre del día cumbre
de los Días de la Cruz, y ahí, en ese mismo escenario, aparece Julia Roberts,
sola, andando, tan tranquila. Esa soy yo, en Dhaka.

 

Los niños me
señalan con el dedo, se dan codazos descaradamente para avisarse unos a otros,
se ríen, algunos se ponen colorados, otros se asustan e incluso lloran y otros
¡me siguen!. Las mujeres me miran de arriba a abajo, sin ningún reparo, hablan
entre ellas, algunas no parecen muy contentas, otras me sonríen con
complicidad, y hasta con un cariño enternecedor. Los hombres…hay de todo, a
menudo se llaman entre ellos, algunos salen de sus tiendas para mirarme, me
hablan (afortunadamente no sé que dicen, por lo que no me resulta tan difícil
seguir en mis pensamientos), a veces también me siguen, y los más atrevidos me
hablan en inglés. ¡Algunos incluso me han pedido el teléfono justo después de
preguntarme cuál es mi país!, es culpa del satélite, ven demasiadas
“Hollowoodianas”, y “Bolliwoodianas”, que para el caso es lo mismo, y tienen
una imagen de las mujeres occidentales a lo “American hight school’s girls”,
sin moral, ni pudor, ni nada (lo sé porque he visto las películas que mis dos
compañeros de piso tienen).

 

Desde que vivo en
esta humilde pero acogedora y alegre morada, suelo comprar en el supermercado,
(se llama Prince Bazar, por si alguien ha estado), que es de tipo “occidental”,
y no me acaba de gustar porque es relativamente caro y tiene poca variedad,
pero bueno, al menos no hay moscas y los precios son fijos. Pues bueno, en este
momento soy la única “mujer blanca” que vive por la zona y va a comprar ahí,
por lo que cuando entro…cómo describirlo. Los y las dependientas (que, como
suele pasar, son muchos más de los necesarios y a veces más que los clientes)
se salen a los pasillos para saludarme, “how are you today?”, todo son sonrisas
y reverencias, algunos corren a traerme una cesta, y, lo que más nerviosa me
pone, observan cada uno de mis movimientos, todo lo que he comprado, lo que
estoy leyendo, lo que cojo y luego suelto… Si el día me pilla de buen humor
entonces me pongo el disfraz de Queen Sofía y voy saludando con la mano,
saludo, sonría, hablo, pregunto…, hasta consigo que me guste que me miren, me
dejo aconsejar aún sin necesitarlo. Pero si la “mala follá granaína” se ha
apoderado de mí ese día lo paso mal, porque no me concentro, no recuerdo qué
quería comprar, voy y vuelvo al mismo sitio cinco veces, no encuentro lo que
busco…, me dan ganas de decirles: NO, NO NECESITO AYUDA, NO QUIERO NADA, NO ME
PREGUNTEIS, NO ME MIREIS MÁS, AHHH!!!!!!.

 

Mi primer fin de
semana aquí fui con Karl (escritor que vino para…, no puedo decirlo, a lo mejor
es secreto, bueno, mi primer amigo que desgraciadamente se ha ido ya) a hacer
un poco de turismo y se nos ocurrió entrar en Dhaka University. Primero fueron
dos chicos que querían practicar inglés, poco a poco fueron llegando más,
cuando miré a todo mi alrededor… ¡había unos cincuenta estudiantes
rodeándonos!, lo mismo ocurrió en el patio de un museo. “We are the show now”,
decía Karl. No podía imaginar que pudiera llegar a tanto. Al principio a mí
casi no me hablaban, sólo a él, aquí la gente es muy observadora y se dan
cuenta de que los dos llevamos un anillo, pero entonces alguno más suspicaz se
percata de que nos llevamos 30 años y de que mi inglés no es auténtico, y se le
ocurre preguntar si yo soy su mujer. Entonces Karl dice: “no, estoy casado,
pero no con ella” (está casado con Mary Jo, osea Maria José, porque es hija de
gallegos, que por cierto ha estado aquí dos semanas y es una persona
maravillosa también), en ese instante todas las caras se vuelven a mí, y
empezamos otra vez: “your country?, married?, student…?, aquí también acertó
Marika, ese es siempre el orden de las preguntas. Más adelante viene siempre
una pregunta que a todos los extranjeros sorprende, y a mí particularmente me
hace gracia: “brothers and sisters?”, ¿por qué querrán saber sin apenas
conocerte si tienes hermanos?, cuando me acuerde se lo preguntaré a Shamim, mi coordinador en el
Grameen (persona y amigo excelente del que hablaré en otra ocasión).

 

Pero si la
expectación que se despierta en Dhaka es enorme, en las aldeas es aún más… Sin
embargo allí no me estresa, porque el campo es una auténtica maravilla, por fin
silencio, aire limpio, tranquilidad, poca gente, espacio, interminables
horizontes de arrozales, palmeras, lagos, vacas, niños, algunos con uniformes y
algunos con gorritos (los que van a Madrassas) con los libros en los brazos,
tan felices y tan monos, andando solos al colegio. Precioso. Además es que en
los pueblos es donde se dan los microcréditos, donde realmente está el Grameen
Bank (osea, por todo el país), las sucursales (branch) y los centros son los
lugares en los que uno contempla la hermosa revolución que está ocurriendo en
las entrañas de este país, y donde recuerdo por qué luché tanto por venir aquí,
pero de eso hablaré en otra ocasión.
Lo que quería contar es cómo es la
expectación en las aldeas. Pues es aún mayor que en Dhaka, porque en la ciudad
de vez en cuando ven un extranjero, y en verano suelen venir muchos al Grameen
y otros a ONG’s, y alguno que otro que viene de vez en cuando por motivos
varios (turistas muy pocos y mayoría chinos, que no llaman tanto la atención). Sin
embargo, en algunas aldeas hay gente, especialmente niños, que nunca en su vida
han visto a un “blanco” fuera de la televisión, así que alucinan. Aunque yo en
realidad blanca, lo que se dice blanca, tampoco lo soy tanto, pero claro, soy
mujer, mido casi 1,80, llevo el pelo corto, rizado y, aunque lleve camisas
bengalíes (compradas en el fabuloso Grameen Check, con la foto de la Reina en
la puerta), los pantalones son distintos a los de ellas, así que, por más que
quiera, no puedo pasar desapercibida. Durante mi primera estancia de varios
días en una sucursal, yo le decía a mi intérprete que, aún así, me parecía
sorprendente y exageradamente descarado el modo de mirar, pero al decirme:
“imagina que es la primera vez que ves a un extranjero”, por fin conseguí
comprenderlo. Se sienten como la primera vez que yo vi en España, concretamente
en el Rastro de la Latina de Madrid, a unos hombres con túnica naranja y
rapados al cero, corriendo por la calle cantando: “Hare Krishna, Hare Krishna,
Krishna Krishna, Hare Hare…”. No solamente los miré sin ningún reparo, es que
además los seguí para ver donde iban, qué hacían, por qué estaban aquí… alguna
vez noté que alguno parecía molesto de que le mirase tanto pero a mí no me
importó lo más mínimo, él era el raro, el que iba llamando la atención, yo
estaba en mi derecho de escrutarle y analizarle como si fuera un
extraterrestre.

 

Pues así es como me
siento cada día, como Julia Roberts en el Día de la Cruz. El único modo de
reducir el estrés y que deje de molestarme que no paren ni un segundo de
observarme, es creyéndome de verdad que soy artista, me meto en mi papel, y la
verdad, me da un subidón, contesto a todo el mundo y sonrío por doquier, nadie
más que yo misma va a reírse de mí en ese momento por estar “haciéndome la
guay”, ya que todos parecen creer de verdad que soy alguien importante así que,
“qué carajo”, voy a disfrutarlo.

CUAL ES EL GRAN PROBLEMA DE BANGLADESH

26 Enero 2007


CUÁL ES EL PROBLEMA
DE BANGLADESH

Cuál es el gran
problema de Bangladesh…multitud de conversaciones, con los más variopintos
interlocutores, acaban, o empiezan, con esta frase.

Los taxistas son
pensadores especializados en esta materia, ya que tras preguntarme por mi país,
y por los taxis y el tráfico allí, al compararlo con el escándalo que en este
momento nos rodea, gustan levantar el índice y mirarme muy serios por el
espejo, diciendo: “señora, el gran problema de Bangladesh es…”. Durante
milésimas pienso: “¡¡Cuál es, cuál es!!”, deseando que este buen señor,
conocedor de los más noble y lo más ruin de esta ciudad, explorador de las
vísceras urbanas, sepa darme una respuesta reveladora. Pues bien, va a ser que
no. Como siempre ocurre en esto de la vida, no hay una única respuesta para
ninguna pregunta, pocas veces se encuentran grandes verdades tras simples
pensamientos (aunque a veces ocurre) y no hay tantos genios escondidos por ahí
y allá, más bien hay una espesa muchedumbre de aficionados a la palabra y al
pensamiento, aunque, como ocurre también en el otro planeta, la mayoría tiende
más a lo primero que a lo segundo. Sin embargo, espero que tras plasmar por
escrito cada una de las respuestas que, sin yo antes requerirlo, me sean
ofrecidas, logre dibujar un esquema explicativo y, cuando menos, pertinente, ya
que será un muestra de la percepción de los que viven y padecen los problemas
que acucian Bangladesh.

Las respuestas que
recuerdo haber recibido son:

v    
El gran problema de Bangladesh, sabe
usted señora cual es, los rickshas. ¡Dios santo! pues buena la hemos,
porque en esta ciudad de 10 o 12 millones de habitantes, debe de haber 4 o 5
millones de dichos medios de transporte, referente y reflectante de la cultura
de este país. El señor conduce un taxi grande, es decir, un coche normal, y a
él, que intuyo presume de transportar a los pocos ricos y menos turistas que en
ocasiones aquí pasean, le resulta muy molesto e incluso vergonzoso, que estos
pobres tan abundantes ocupen y colapsen las calzadas. He de reconocer que esta
explicación no me gustó demasiado, pues siento una enorme simpatía por los
conductores de ricksha y gran admiración por este hermoso y tan peculiar arte.

v    
Este es el gran problema de
Bangladesh…(comenta otro taxista, señalando con la mano izquierda las
tiendecillas sin luz)…es el problema de la electricidad, la luz. Ahí si estuve
de acuerdo, no en que sea el gran problema, sino en que es un problema. Durante
una semana viviendo en el hotel no sufrí ningún apagón, mientras que en cuatro
días viviendo en un piso bengalí normal, he sufrido dos, de aproximadamente una
hora de duración. Así que ahora he comprendido que el hotel, así como otras
casas, tienen generadores independientes, o algo así. Anotacion el 3 de Febrero: Lo cierto es que, ahora que llevo más tiempo aquí, en Dhaka, vivas en
la zona que vivas, si no tienes esos “generadores”, la luz se va casi todos los
días en algún momento, a veces por la mañana, a veces por la tarde, a veces por
la noche, a veces se va cuatro o cinco veces, pero suele volver pronto. Sin
embargo, cuando estuve cuatro días viviendo en una sucursal del Grameen en un
pueblo, comprobé que en los pueblos es aún peor, la luz se va absolutamente
cada día, pero no por 30 o 50 minutos, sino por varias horas. Después vuelve, y
se va otra vez…


v    
En otra ocasión, un conductor, en este
caso de ricksha, se limitó a decirme cuál era SU gran problema, pero a mí me
pareció tan acertado y tan representativo, que quiero elevarlo a problema
nacional, claro está, desde el punto de vista del usuario del transporte
público individual, en sus tres categorías: ricksha, autoricksha y taxi. Este
muchacho me fue siguiendo con su ricksha durante 20 o 30 minutos, no atendiendo
a la frase: “quiero andar, y sola, por favor”. Después de caminar hacia un
lugar que quería ver, decidí que era el momento de coger un medio de
transporte, pero motorizado, ya que donde yo quería ir estaba bastante lejos. Estaba buscando un autoricksha, que
son mis preferidos, aquí llamados CNG (c… natural g…, sé que se llaman así
porque utilizan energía natural, pero no recuerdo qué significan las otras dos letras),
también les llaman “3 wheels” o “baby taxi”, o, como los llama mi amigo Karl
Weber en su blog: “taxi del tamaño de una lavadora”, aunque yo no sé cómo serán
las lavadoras en USA, pero para mí esa comparación en su poco exagerada, mejor
usar la mía, no es más que un motocarro, es decir, un “cochecillo” integrado en
una moto de 3 ruedas. Pero el amigo se empeñó en llevarme, le dije que iba muy
lejos, le enseñé el plano, y le pregunté: “¿no es muy lejos para ir en
ricksha?” y él me dijo: “¡no, no, está bien!”. Así que me subí, ya que de
pesado me había empezado a parecer simpático. Pero el chico empezó a ir en
sentido contrario, por lo que tuve que pararle y, después de mucho discutir,
sin comunicarnos nada, llegamos a la conclusión de que hablábamos de sitios
diferentes. Así que tuvimos que volver al lugar de origen y, para colmo, tuve
que pagarle por nada, nada más que hacerme perder el tiempo y contribuir al
estrés que el simple hecho de moverme en Dhaka ya me provoca. Y entonces me
dijo: “yo creía que…, ese es mi gran problema”, ¡ah! ¡No el tuyo!, querido
amigo, es el gran problema de casi todos los conductores de cualquier cosa en
Dhaka, que no conocen la ciudad, pero tampoco saben leer los planos, ni los
usan, claro. Además, para el usuario es un problema también de bolsillo, ya que
cuando tienen que dar vueltas porque ELLOS no conocen la ciudad, pretenden que
les pagues más, y te indican que han tenido que dar una enorme vuelta, así que
debes de darle más de lo previamente pactado. Qué curioso es eso de la cultura,
para mí, debería pagarle menos, porque es su culpa y no la mía, y el servicio
ha sido malo, y no al revés. Pero bueno, total, son cuatro duros, y ellos creen
que soy rica, y no hay manera de que me vean como a una local, así que pago y
ya está. Vosotros diréis que “qué más da”, pero es que esto es el día a día,
varias veces al día…

En vista de lo
interesante que puede ser conocer la opinión de los bengalíes sobre los
problemas de su país, decidí incluir en las entrevistas a las prestatarias,
empleados y demás, la pregunta de: cual cree usted que son los mayores
problemas de Bangladesh?, y, como os podéis imaginar, nada de “inmigración,
inseguridad y terrorismo”, como suele decir la gente en España, los que suelen
repetirse son: corrupción, pobreza, analfabetismo y falta de formación, entre
los empleados, mientras que las prestatarias destacan el tema de la educación,
el pago de dotes y las enfermedades como los principales problemas que les
afectan.

Aurobangla
Ideal.es

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