De: a.rubio
Para: A. Rubio
Asunto: Silencio
Fecha: 17 de septiembre de 2006
Hijo, no sé qué te habrá pasado. Me tienes en ascuas. Cada mañana abro mi bandeja de entrada para ver si tengo correo tuyo y nada. No sé qué pasa en Granada más allá de los sucesos: asesinatos, cayucos, inmigrantes esposados en Motril…
¿Qué pasa? ¿Por qué no nos cuentas a tu madre y a mí cómo van las cosas por allí? ¿A qué se debe tu silencio?
Echamos de menos tus correos.
Besos
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De: j.rubio
Para: A. Rubio
Asunto: Re: Silencio
Fecha: 18 de septiembre de 2006
Vale. Supongo que te debo una explicación
Podría decirte que ya sabes, las vacaciones.
· que vienen y uno ya no está para nada.
· que están siendo y no es cosa de escribir.
· que se han acabado y uno no está para nada.
Pero siendo sincero he de decir que la verdad es que terminé un poco harto de esta ciudad a la que he decidido querer. O no de la ciudad, sino de los que vivimos en ella. O no de todos, sólo de algunos. De unos pocos, en realidad… pero TAN harto…
De hecho, durante todo este tiempo, he creído que no volvería a escribirte para contarte cosas de Granada. Para contarte lo que pienso; había llegado a la conclusión de que no merece la pena. No, no que no merezca la pena escribirte lo que pienso de lo que pasa en Granada. No, lo que no merece la pena es pensar… Pensar, al menos, diferente de lo que algunos consideran que es correcto pensar. No sé. Un lío.
Y no me refiero a esos lectores de nuestros mensajes y los míos que en sus comentarios nos ponían a parir. Insultos y todo. Eso se da por hecho. Va en el precio. Casi un cara a cara. En la plaza pública. De poder a poder. “Eres un facha”. Me parece correcto.
Lo que no llevo tan bien son los movimientos diagonales y tapados de los alfiles. ¿O son las torres las que se mueven en diagonal? En fin, da igual, para lo que no estaba preparado era para movimientos afilados y taimados, como de obispo.
Pero.
Ayer recibí tu correo. Y me lo he pensado esta noche. Tienes razón: no merecéis mi silencio. Lo lamento. No volverá a ocurrir. A ver.
Y de propina, la columna de hoy en IDEAL…
Besos a mamá. Besos para ti.
Ambulentas
A ver. Pasa, ni más ni menos, que a veces las ambulanzas se tornan cañas. Que las bombas te explotan entre las manos. Que uno escupe y al viento le da por cambiar de dirección. O dicho de otro modo: pasa que hay cosas que un político no debería decir nunca.
Lo triste es que para que la delegada de Salud de la Junta de Andalucía, Celia Gómez, aprendiera esa lección haya sido necesario un accidente mortal: en Loja, ya saben, un motorista al que se le apagó la vida mientras esperaba la llegada de los servicios de emergencia de la Junta: los que manda la delegada. Nada que objetar si, como dice el SAS, el protocolo se siguió al pie de la letra pero los vehículos estaban ocupados en otro sitio. Inofortuna. Y punto.
Pero.
Pasa que sólo unos días antes la misma delegada había acusado a las obras municipales de Granada de ser causantes de los supuestos retrasos de las ambulentas del SAS en sus servicios por la ciudad. ¿Imaginan lo que habría pasado si el accidente del motorista hubiera ocurrido, un poner, en la calle Elvira? La piedra ya estaba tirada; sólo había que esperar que diera en el blanco. ¿Pueden ustedes imaginarse un comportamiento político más canalla? Yo no.
Ahora lo que yo espero es que no haya ningún político del PP, IU o el PA con tanta mezquindad como para responsabilizar políticamente a la delegada de lo ocurrido en Loja, camino de dónde, que yo sepa, por cierto, no hay obras de Pepe Torres. A ver.