Lo que se ha perdido el Periodismo

Hola
 
Os envío lo que me acaba de mandar una amiga mía. Compañera de promoción de Periodismo en Bilbao (1985-1990), nunca trabajó en ningún medio de comunicación.
 
La recuerdo buscándose la vida con una sonrisa: de enfermera en la consulta del dentista, vendiendo seguros y, ahora, haciéndolos. Nada del otro mundo, pero sé que es feliz.
 
Leeros el relato. Veréis entonces lo que se ha perido el Periodismo. Estamos ante una narrradora excepcional. Construye frases y transmite no ya sentimientos, sino ideas. Puede engañarte y, en un bucle, situarte donde le da la gana.
 
Personalmente, la admiro. Y la quiero.
 
Gracias, Cris C.
 
Una historia de Cris C.
 
El otro día mi hija María  me dijo: “amatxu, yo ya tengo casi 9 años (los cumple en enero), así que ya puedo ir sola a la calle con mis amigas y enseñar el ombligo”.
 
Digo que, inexorablemente, el tiempo pasa, y los hijos crecen y se hacen fuertes en la medida en que tú envejeces y menguas. Te roban la vida a mordiscos, cada vez más grandes y cuando empiezan a independizarse y a soltar los lazos que les unen a ti, cuando ya no es necesaria tu presencia en cada momento de sus vidas, cuando crees que va llegando la liberación y que, a la vez que ellos, tú te haces independiente de nuevo, te das cuenta de que no es así,  que el desahogo que debieras sentir por el cada vez menor peso de la responsabilidad, no es tal, sino vacío, y preocupación más honda, porque ya no puedes controlar, ni medir, ni siquiera acompañar.
 
Tus hijos siempre son tus hijos y tú quisieras, a veces, poder elegir no quererles de una manera tan desinteresada y profunda, tan tremenda e incondicional como nunca has querido ni, presumiblemente, querrás a nadie. Pero decidimos traerlos a este mundo y algunos, incluso, repetimos y pagamos ese egoísmo (¿quien se resiste a la felicidad que aportan?) durante toda la vida, sin excepción.
 
Así que miro a María, preciosa mía, y no puedo por menos que decirle que el ombligo no lo puede enseñar hasta las 18 (por mucho que Sakira lo haga) y que, respecto a lo de salir con sus amigas, ni hablar de momento.
 
Y ella sonríe, con esa luz que sólo los niños son capaces de irradiar, y me dice que este año, por lo menos, Olentzero (me guiña el ojo porque ya sabe) le traerá la Nintendo DS porque ya lleva mucho tiempo pidiéndola, y le ha dicho andereño que merece un premio especial por lo bien que va en clase.
 
Y que no me preocupe, que no se va a enganchar, que ella ya sabe que a mí no me gustan las máquinitas y que el tamagochi no se lo compré, pero que ella y yo llegaremos a un acuerdo sobre cuándo y cuánto tiempo puede jugar. Y que, por favor, amatxu, por favor, que lo deseo con todo el corazón y que no te no te vas a arrepentir, te lo prometo que no, por favor, por favor…Y que ya sabe que es muy cara, pero que yo ya sé que ella siempre tiene cuidado con esas cosas, y que nunca ha pedido nada igual y que , si eso, en su cumple, que es en enero, no le regale nada.
 
Y yo, que soy antimaquinitas y suelo ser bastante consecuente con el tema de los regalos, he claudicado porque en el fondo  con sus “casi 9 años” tiene razón en sus explicaciones y porque me reservo el secreto placer de ver su cara cuando la tenga porque, entre otras cosas  admiro su capacidad de disfrutar de práctimente todos los momentos de su vida, con un optimiso y una alegría , con una intensidad que yo envidio: es capaz de ser feliz yendo a dormir con su prima, a las clases de natación, al cole, viendo Operación Triunfo conmigo, levántándose de la cama cuando su hermano ya se ha acostado y quedarse 20 minutos más, pintando, comiendo alitas de pollo en Telepizza, en la playa, remoloneando un domingo en la cama entre su padre y yo disfrutando de nosotros sin compartirnos con Jon, de su fiesta de cumpleaños, del chocolate, de la familia, de sus amigas y de su madre, sobre todo con quien, afortunadamente, todavía le encanta estar.
 
Ciao
JFB
 

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