Carretera y manta. Cuéntanos tus recuerdos de tus viajes a Granada

Ver Granada: Las distancias rotas en un mapa más grande

Este fin de semana publicaremos un reportaje sobre las historias que los granadinos han ido tejiendo sobre las carreteras granadinas. Ahora, tras la finalización de la Bailén-Motril, la provincia de Granada está cruzada por modernas autovías.

No siempre fue así.

Ni mucho menos.

Si sufriste la carretera de la Costa, la Cuesta de Diezma, las ‘montañas rusas’ de Láchar si venías de Loja, o si venías en ‘El Corto’.

Si parabas en la Venta del Molinillo o en la Venta de las Angustias o en la Venta de La Nava.

Si recorrías La Carretera de la Muerte por Iznalloz.

Cuéntanoslo, mándanos tus fotografías de antes y si te animas envíanos un vídeo.

Lo publicaremos todo y lo incluiremos en el mapa.

Gracias de antemano
Javier

Puedes contar tus historias en los comentarios de este post o enviar los textos, las fotos o el material que quieras a mi correo electrónico:
juanlarzabal@gmail.com

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ACTUALIZACIÓN
ELY ME HA ESCRITO AL CORREO ELECTRÓNICO. ESTA ES LA HISTORIA QUE QUIERE CONTARNOS. MUCHAS GRACIAS, ELY:

“Antes que nada decirte que no tengo imagen plasmada de mis recuerdos pero que en mi memoria lo llevo todo…¡sobre todo los mareos, las paradas en el camino entre curvas para vomitar, mitigar las necesidades fisiológicas, etc!
Me llamo Elisa y no me considero excesivamente mayor al lado de mucha gente que ha visto caminos en vez de carreteras, tengo 35 años pero los viajes veraniegos a Almuñecar y los distintos trazados de la vía siguen en cierto modo vivos en mí, como los viajes a Baza o a Almería.

Cuando era pequeña, mi familia solía alquilar algún piso o casa baja en Taramay; teníamos que bajarnos, recuerdo, en el hostal o Pensión Rosa y dirigirnos cuesta abajo hacia nuestro destino. Veníamos en un autocar rojo, de Alsina Graells Sur, de formas redondeadas y lleno de gente con sus equipajes en mano…no sé, pero, entonces no había vídeo en los autobuses ¿no?…había ventanillas para poder respirar un poquito, y mi madre las tenía que abrir para evitar mi recurrente mareo; eso cuando íbamos en el autobús, porque mi primo se sacó el carnet y se compró un dos caballos azul en el que cabía casi todo; a mí me encantaba ver las señales de tráfico porque era una niña muy curiosa y me gustaba verlas en su libro del teórico de la autoescuela. ¡Qué lejos quedaba Dúrcal de Granada, pero ver el puente de hierro siempre resultaba emocionante! ahora, cada vez que la carretera cambiaba se iba viendo más lejos. Otro lugar que llamaba mi atención infantil era el palacete, castillo o mezquita en Dúrcal; Años más tarde querría el destino que entablase amistad con los nietos de Celestino Echevarría, propietario de “La Mezquita”,y que en ella pasara momentos entrañables. El puente Tablate me daba miedo porque me contaban que una vecina había tenido un accidente y se había caído por ahí y por eso estaba coja. Pero eso sí, la emoción más grande era atravesar el túnel de Izbor (a esas alturas ya habría parado mi primo un par de veces para que yo “tomara el aire”); luego pasábamos las casetillas de venta de miel, pero nunca nos parábamos; ya quedaba menos pero las curvas no se acababan ¡con las ganas de bañarme que yo tenía! y nunca se me olvidara la sensación de miedo de ver las rocas tan gigantescas en el “Azul” de Velez, me impresionaban de verdad. Por cierto, que el autobús rojo aquel que habíamos cogido en la estación del Camino de Ronda (cuando no íbamos con mi primo) solía parar en algún bar cerca del río, si es que la ruta era directa…porque cuando iba entrando por todos los pueblos, ni te cuento ya lo que tardábamos. En Salobreña menos, pero había que pasar por esos barrancos y ya llegábamos, después de casi tres horas que habíamos salido; seguro que el domingo iríamos a misa a Almuñecar y lo haríamos andando, pasando por una laya de Velilla en la que ni edificios, ni Aquatropic ni nada de nada (algunas casas sueltas creo recordar). En 1998 con el carnet recién sacado hice mi primer viaje en coche conduciendo yo misma y nada qué ver, pero ahora supongo que aún menos; me da miedo pensar que para atravesar el puente de Velez queda abajo la presa de Rules, pero cada dos por tres paso los Puentes de Huétor y de Gor y no lo pienso en el momento; además, la curva peligrosa de Rules había que quitarla de una vez…pero se ha perdido el encanto del Tunel, de la Virgencilla del Tablate o de la Venta de las Angustias.

En 1988, cuando el hospital de Baza contaba con pocos meses de vida, tuvieron que realizarme una intervención quirúrgica la cual sólo podía llevarse a cabo en este lugar de la provincia (se trataba de algo tan comun y ambulatorio como es hoy en día una artroscopia, pero en ese momento ni el Virgen de las Nieves contaba con el aparato necesario para ello). De Granada a Baza, parando en…Huétor, Venta del Molinillo, Diezma, Guadix y alguna que otra venta, tres horitas de camino; por cierto, había vías junto a algunos tramos de la carretera, pero curiosamente no pasaba ni un tren. Recuerdo un trazado muy sinuoso y lo lejos que quedaba Diezma y el Molinillo de Huétor, que era lo más lejos que yo había llegado en los veranos calurosos en los que con mi amigas me iba a la Posailla a comerme un helado y teníamos que tener mucho cuidado por la intensidad del tráfico. Muchas curvas, “la bola de viento” y las piedras pintadas, eso no ha cambiado mucho (por cierto, tengo una gran curiosidad por saber quien pintó esas rocas y cuándo). Llegar a Guadix era un poco ya una odisea, desde que salieramos de la “estación” de autedia en Rector Marín Ocete. ¡pero de Guadix a Baza! ¡Más y más curvillas, y a los lados cortijadas en ruinas, y en algunas de sus fachadas se señalaban los kilometros para llegar (que supongo no tendrán nada que ver con los que hay ahora); de hecho, en Baza en la carretera de Murcia (de Cúllar según los oriundos), aún queda alguna de estas señales “ni horizontales ni verticales” . Si ese era el viaje de ida, la vuelta con la pierna vendada de arriba abajo, de noche cerrada, en pleno mes de Noviembre era para tomárselo con paciencia (creo recordar que en ese viaje fue la primera vez que vi una película en un autobús, no recuerdo cuál, pero no se me olvida cómo llovía a cántaros al pararnos en la gasolinera de Huétor). Por cierto, por más que pase el tiempo y que unas compañías absorban a otras, los accitanos y bastetanos siguen viajando en la autedia.. Ha querido el destino que plante mi residencia en Baza, pero eso ya no importa, porque en una horita estoy en Granada, aunque ya no vea esas ruinas (alguna queda) que tanto llamaban mi atención., pero todavía cada vez que paso por “La Curva de la Muerte” (tramo entre Zújar y Baza) me veo con la pierna estirada sobre las rodillas de mi madre en ese autobús que ya no era redondo como en el que bajábamos a la playa.

Mi marido es natural de Polícar, un pueblecito muy pequeño de la zona de Guadix; hace 30 años mi suegra los traía a revisiones a Gran Capitán…otros viajes de odisea; por cierto, un primos suyo nació en el taxi que los llevaba a Granada en pleno Puerto de la Mora.así que hay historias innumerables; entonces Granada tenía hospitales, el centro de alta resolución de Guadix ni en los sueños más remotos.

¡Un saludo!”
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