23 Feb 2009

El asado

El barrio en el que vivo en La Plata es una especie de Ciudad Jardín almeriense. La mayoría de las casas tienen su pequeño jardín delantero y un patio trasero. El jardín delantero suele estar cuidado con esmero (no es el caso del mío, que anda bastante descuidado). El patio trasero (o fondo) está dispuesto según a cada cual le guste, pero nos encontramos con algo que se repite en casi todos: el quincho (nuestra barbacoa o asador).
Los quinchos son de lo más variopinto. Desde la clásica construcción que imita una casita con chimenea hasta un enorme bidón de combustible, dividido a lo largo y puesto sobre cuatro patas, o simplemente una fogata donde se pueda cocinar con carbón. Muy pocos hogares argentinos carecen de este artilugio, por verlos, los he visto hasta en balcones de apartamentos. Y es que son tan necesarios como nuestras paelleras. ¿Se entiende una cocina española sin una paellera o una sartén consagrada a hacer la dominguera paella? ¿Tiene mucho sentido un domingo sin tan siquiera una tapa de arroz?
Pues igual de tópico y de típico es aquí el asado. El asado dominguero es tan sagrado como nuestra paella. Se pueden comer otras cosas, pero queda un vacío en el espíritu, una ausencia, una añoranza tribal.
Cuando el domingo a la mañana se pasea por las calles, se huele a ‘Argentina’, se huele a carne asada, igual que en España se puede oler las especias de la paella.
Tengo que reconocer que llevo aquí varios años y aún no reconozco los cortes de carne, la verdad es que tampoco los distingo en España. Un día fui a una carnicería y vi que tenían una costilla con una pinta impresionante, le dije al chico que quería de esa costilla, y el jovencito se hizo como si le estuviera hablando en inglés, ‘¿costilla? ¿dónde está eso?’ cuando le señalé lo que quería, muy sonriente, casi condescendiente, me dijo ‘ah!, eso no es costilla, eso es tira de asado’. Conclusión: el corte de costilla aquí se llama tira de asado.
Un asado, para ser considerado como tal, al menos debe incluir: tira de asado (o tapa de asado, eso según gustos, y hay quien pone de los dos), medio kilo por persona; chorizo y/o morcilla, una pieza por persona (aunque no se descarta la posibilidad de comer más, eso depende del estómago de cada cual); chinchulines, también a gusto de cada comensal (los chinchulines me gustaron la primera vez, cuando me enteré qué eran, dejaron de gustarme: son los intestinos delgados de la vaca); hay también quien añade tripa gorda y algunas cosillas más. La técnica depende, por completo, del cocinero. Cada uno tiene su propio sistema. La carne se acompaña con una ensalada de tomate y cebolleta (o cebolla de verdeo) o con morrones asados, y se riega con una mezcla de aceite, vinagre, ajo y ají. Para beber: un buen vino tinto. Todo a la mesa y que aproveche.
Un pequeño detalle que se me olvidaba: el asado no puede estar hecho por una mujer, el asado es cosa de hombres. El hombre argentino ante el asador, se siente como el gaucho del siglo XIX: solo, ante un desierto que ha de conquistar.

El vídeo no es mío, lo bajé de youtube, es un concurso de mejor parrillero de Argentina, bastante pretencioso el nombre del concurso, para la cantidad de 'parrilleros' que hay en Argentina.

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david sanchez lopez

david sanchez lopez dijo

Hola, vivo en Almeria desde hace varios años. Soy de Granada, aunque hace 17 años estuve por Almeria, y siempre me gustó esta tierra. Al final he recalado en esta cálida tierra. Me ha encantado tu post- sobre el asado argentino.
Ya tienes un seguidor almeriense. Un abrazo

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Sobre este blog

Desde hace unos años resido en La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires. La Plata no tiene mar, pero tiene río, un río que visto desde aquí pareciera un mar. Es el Río de La Plata, al que los españoles, con Solís a la cabeza, en el siglo XVI, confundieran con un mar y lo llamaran el Mar Dulce (el pobre Solís murió pocos días después muy cerquita de aquí, en la isla Martín García).
La Plata queda lo suficientemente lejos de Buenos Aires (la capital de Argentina) como para que hasta aquí no lleguen las aglomeraciones que allí hay, pero lo suficientemente cerca como para poder recurrir (y acudir) a ella con frecuencia.
No vine a Argentina, como lo hicieran hace ya bastante años otros almerienses, a 'hacer las américas', si estoy aquí es por motivos familiares: estoy casada con un argentino y tengo dos lindísimas argentinitas correteando por casa. Quizás sea, en cierto modo, otra forma de 'hacer las américas'.
En este blog me gustaría dejar mis impresiones de qué veo alrededor, abrir una especie de ventana, a veces más subjetiva, a veces menos.

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