Últimamente el Chérigan de Atún se me está atragantando. Es entrar por las puertas del bar de turno y detectar el modo en el que la barra se ha convertido en el particular ‘muro de las lamentaciones’ laico, codo posado, en el que poner a caldo al dirigente de turno y, de ese modo, liberar el espíritu del peso de una crisis que se ha eternizado.
Estaba yo en ese momento del día en el que uno se relaja, pide una caña y un cherigancito, cuando el compañero de barra me inquiere. “¿Tú lo ves normal?”. Absorto como estaba en la lectura del diario, no había estado escuchando su disertación. “¿El qué?”. El parroquiano volvió a repetir sus sentencias, una tras otra. Es vecino de El Toyo, donde el mantenimiento y los servicios públicos los gestiona una Entidad de Conservación, y no el Ayuntamiento, como en el resto del municipio. Ahora bien, el Ayuntamiento es uno de los ‘socios’ más grandes de la urbanización por la propiedad de la gran cantidad de solares sin desarrollar. “Que el personal de la Entidad de Conservación cobra casi 132.000 euros al año, y eso que son tres…”, me dice, textualmente. “De ahí salen buenos sueldos”, le contesto yo. “Y tan buenos… Ya quisiera yo uno de esos. Vamos, que se gastan casi lo mismo en personal que en el servicio de limpieza”, me dice.
Antes, cuando había dinero a mansalva, no había críticas de este estilo. Y si las había, el trago era menos amargo. “¿Quién puede entender que en el presupuesto se prevea gastar más en los coches y el combustible que en la factura de la luz de las farolas? Que El Toyo no es Nueva York como para gastarse tanto en coches y en gasolina. A saber… Además, que en El Toyo hay más farolas que habitantes”, rezaba entre dientes.
A los vecinos de El Toyo, la gran mayoría pagando su hipoteca -ni que sea por el poco tiempo que lleva viva esa urbanización en pie- les escuece la factura de la Entidad de Conservación. Igual que a cualquiera le pica el IBI, la basura… o incluso la zona azul, que es otro cantar. Porque cada uno cobra su sueldecillo. Y cuando las comparativas se hacen con los salarios de quienes toman las decisiones respecto de las facturas que le llegan a casa, o quienes las gestionan con mejor o peor tino… la cosa no gusta. Que por poner un ejemplo, un concejal de Almería cobra más que el presidente de la Junta. Y en esta ciudad hay más de 20.000 parados.



