Lo que podría haber sido una semana más en el calendario, de esas que pasan sin pena ni gloria, de las que los días se tachan y no vuelven a tu cabeza por nada, se ha convertido en una semana infumable. Nadie gana para sustos. Pero especialmente para un partido, el PSOE, al que si monta un circo, le crecen los enanos. No tenía bastante una cúpula socialista, de la Almería, que ha perdido peso específico dentro de la Ejecutiva regional y que ha visto como su ‘proyecto estrella’, Martín Soler, volvía a Almería sin cartera acompañado de algunos de los ‘suyos’, que encima le llueven problemas con los que no contaba. Y encima los dos problemas le sobrevenían el miércoles. Apenas recién levantados, el presidente Zapatero se veía “obligado”, aseguró, a mandar al garete un año de declaraciones tranquilizadoras afirmando que la crisis no supondría ningún recorte social. En una declaración solemne, de las que sólo hacen los hombres de Estado, Zapatero reconocía no tener otra alternativa que la tijera. A pesar de que prometiera y jurara que nunca la sacaría del cajón.
Supongo que a Asensio, al resto de la Ejecutiva provincial, a los cargos públicos socialistas, a los militantes -o no- y a los simpatizantes, por mucho que previeran que algo así llegaría en algún momento, se les tuvo que atragantar el café y la tostada con el anuncio del tijeretazo. “A ver cómo explicamos esto después de tanto hablar de que no iba a haber recortes sociales”, pudo decir, echándole imaginación, algún alto cargo del PSOE provincial a su contertulio.
Deglutida la tostada y bebido un vaso de agua para hacer descender la bola provocada por la sorpresiva noticia, unas horas más tarde, a la hora de la cerveza, cuando aún la bomba de Zapatero estaba por digerir, llega el segundo sobresalto. Y este, intestino y cercano, desde lo mas interno. Vamos, de la misma calle Pablo Iglesias. Nono Amate, uno de los socialistas con más caché -si bien hay que reconocerle su ubicación en el ala crítica- se lanzaba a abrir una crisis sobre el nombramiento de alcaldable por el PSOE. Antonio Cantón aún no ha sido nombrado oficialmente, pero en todos los círculos socialistas, al menos en privado, se reconocía que, si no estaba hecho del todo, era el mejor colocado y el que contaba con un mayor apoyo de la cúpula almeriense del PSOE. Pues bien, va Amate y suelta, sin tapujos, que “no es el más adecuado”, que no da el perfil de socialista, que cuenta sólo con el apoyo “de dos personas de la Ejecutiva” -nombrando explícitamente a Diego Asensio y a Martín Soler- y que la base no está con él. Y aún más, lanzaba el órdago y retaba a la provincial socialista a convocar primarias a sabiendas de que estaba poniéndoles en un brete de difícil salida: primero porque un PSOE que se vanagloria de democracia interna no puede, así como así, negarse a someter la decisión a la votación interna, y segundo porque siendo como es a día de hoy Cantón una persona sin carné, independiente, de celebrarse primarias no podría presentarse.
Menudo pastel se encontró la Ejecutiva provincial en apenas cuatro horas. Le llovieron problemas de un lado y de otro. Los primeros, los del recorte, son de factura nacional: tendrán que ponerle cara a algo con lo que, por coherencia ideológica, no deben estar de acuerdo, pero a lo que tienen que arrimar el hombro para evitar el desgaste total del Ejecutivo de Zapatero. Pero a lo segundo tuvo que salir la Ejecutiva regional a calmar los animos. Sobre todo después de que Amate llegara a asegurar que le “duele ver la deriva del PSOE”. Desde Almería, silencio. Sin embargo, ‘Chitón’, espetó la secretaria de Organización de la federación andaluza, Susana Díaz. Y se ha cumplido. La herida no sutura tan fácil. Y seguro que supurará más pronto que tarde.
Y por si faltaba algo, un desliz de Martín Soler en el Parlamento andaluz sentó mal a la familia de Marta del Castillo. Pero más que mal. Una carta abierta de la familia le critica por “crueldad” y “falta de humanidad”. Por si le faltaba algo a una semanita para olvidar. Unos días del tranquimazín.
La indisposición y el protocolo
Los problemas del PSOE, a día de hoy, son de gran calado. Pero hay además quien se los busca por placer. Veamos. El viernes, el consejero de Turismo, Comercio y Deporte de la Junta de Andalucía, Luciano Alonso, venía a Almería a inaugurar el VIII Congreso Andaluz de Comercio. Un acto de esos del día a día para el que la presencia del consejero lo que consigue es arrastrar un reflejo mediático que de otro modo habría sido más limitado. Tras hacer esperar a los medios más de hora y media, inaugurado oficialmente el encuentro comercial, Alonso y el presidente de la Confederación Empresarial del Comercio de Andalucía, Manuel García-Izquierdo, se dirigieron al recibidor del Auditorio Maestro Padilla para hacer unas breves declaraciones. Junto a ellos tenía que haber estado, por protocolo, el alcalde de Almería, Luis Rogelio Rodríguez-Comendador, que al fin y al cabo, según la legislación española es el máximo representante del Estado en la ciudad. Le pudo una indisposición transitoria. Vamos, que necesitaba acudir al aseo, como cualquier ser humano. Saltándose una norma no escrita, la de esperar un tiempo prudencial para que pudieran estar todas las autoridades -total, los medios llevábamos esperando hora y media, cinco minutos más nos hubieran dado igual- Alonso comenzó ha hacer sus declaraciones sin la presencia de Comendador.
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La premura y el hecho de que no se le esperara un par de minutos hasta estar en condiciones de comparecer sentó como un tiro al alcalde, que se marchó sin despedirse de la que, guste o no, es su casa. Podría haber imitado a la monarquía y haber utilizado el photoshop para aparecer donde no estaba pero debería haber estado. Sin embargo, por cabreo o por republicanismo, Rodríguez-Comendador, se quedó sin foto.

