A Rosa Aguilar la han puesto verdaderamente a prueba al ofrecerle el cargo de ministra de la macrocartera de MARM (Medio Ambiente y Medio Rural y Marino). Primero porque en menos de año y medio ha pasado de alcaldesa comunista de Córdoba a ministra socialista, para lo que, cuanto menos, habrá sufrido un shock de tanto tener que cambiar de chip, por dejarlo en algo suave. Y por otro lado porque dejarle así caer de golpe el ministerio más beligerante con Andalucía no debe ser un plato dulce.
“Podría haber sido peor y que me hubiera propuesto trabajo”, podría argumentar Aguilar en favor de la decisión de ZP. Pero parémonos a pensar: con el acuerdo con Marruecos tal y como está y con el caso de El Algarrobico aún en la bandeja de cosas pendientes, a una almeriense de adopción, habitante efímera del Parque Natural, tiene un par de granitos bastante enquistados que lo mismo le causan algún problema en sus vecinos de vacaciones. Aunque sea miradas de resquemor.
Probablemente algunos que desde hace muchísimo tiempo, prácticamente desde su fichaje por el equipo del presidente autonómico, no podían ni verla por estas tierras tengan ahora más fácil tirar dardos contra ella. Sin darse cuenta que tirar dardos a Rosa es tirarlos a Griñán. Y tras este fichaje de ZP, Griñán está más fuerte que nunca.