Las movilizaciones del 15M me tienen con los ojos como platos. No tanto por la respuesta social que están teniendo en todo el país, que en cierto modo podría llegar a ser hasta previsible, sino por la reacción de los políticos, ajenos a la realidad palpable de la calle, lejanos de un malestar que no se ha cocido en solo tres años, que viene muy de lejos, pero que se ha caldeado hasta la ebullición tras una crisis muy dolorosa en lo social y en lo económico.
Veamos. Vivimos en un país en el que los cauces de participación social en la política se han cercenado hasta dejarlos mínimamente en manifestarse o votar una vez cada cuatro años. En las listas a las que pueden votar los ciudadanos hay centenares de nombres de imputados (no miremos para otro lado, en Almería hay cuatro imputados encabezando listas, de casi todos los partidos, e incluso algún condenado). La corrupción ha llegado a niveles nunca vistos.
La cola del paro no deja de crecer (si en Almería se pusieran todos los parados en fila, la línea uniría Almería y Adra de un tirón). La juventud más formada de la historia de España no consigue trabajo ni de pizzero -con todos los respetos- a pesar de colgar de la pared de su cuarto licenciaturas y master. Mientras todo esto ocurre, los mercados azotan la deuda y obligan a los estados europeos a infligir drásticos recortes en el Estado del Bienestar.
Estos recortes no afectan a los multitudinarios rescates a los bancos, principales actores del sector financiero -y para muchos, causa de esta crisis- y que de momento, con la que cae, continúan obteniendo multimillonarios beneficios. Mientras el ciudadano de a pie observa el rescate a los bancos, mira como miles y miles de pequeñas empresas echan el cierre sin ni siquiera un hombro sobre el que llorar.
Se rebaja el salario de los funcionarios. Se congelan las pensiones. Se quita el cheque bebé. Se alarga el plazo de la jubilación. Se pretende eliminar el incremento salarial en función del IPC. Y para colmo, el juez y parte europeo, Alemania, ya habla de recortar las vacaciones legales establecidas en España.
Prosigamos. Los políticos piden el voto de los ciudadanos, pero la Ley Orgánica del Régimen Electoral, las circunscripciones provinciales y la Ley d’Hont permiten que un partido con un millón de votantes tenga sólo dos representantes y que otro con alrededor de 300.000 tenga el triple de diputados. No hay listas abiertas. Para conseguir una iniciativa legislativa popular se exige un número de firmas desorbitado. Las hipotecas asfixian aún cuando la deuda te ha obligado a entregar la casa a las entidades financieras.
Y mientras todo esto ocurre, como guinda del pastel, los eurodiputados votan en contra de recortar el lujo que supone para los bolsillos contribuyentes viajar en turista en los aviones.
¿Y aún se preguntan qué motivos hay? Si los políticos de todos y cada uno de los partidos no captan el mensaje, es que están ciegos.

