La cara ‘B’ del paro

La campaña electoral actúa en cierto modo como iluminadora de las mentes más elevadas de la política estatal, andaluza y almeriense. Resulta ser que unos tenían la receta y no la aplicaron y que los otros que dicen tenerla la guardaron en un baúl para cuando les tocara estar en Moncloa. Mientras tanto, haya o no recetas -no sé si es que soy demasiado negativo, pero yo en las recetas, si no las firma un facultativo, no termino de creérmelas- la realidad está en la calle, por mucho que algunos continúen buscando dentro de los despachos políticos.

Efectivamente, hablo del paro. Altos, bajos, lentos, rápidos, gordos, delgados, padres de familia, hijos de familia, tíos de familia, madres de familia, hijas, solteras, casadas, viudos, cojos, ciegas, enfermas… Tu vecino, el mío, viven en su propia piel la dura realidad de sentirse vacíos, de no poder sacar adelante un salario, de verse obligados a una búsqueda que no cesa. Es duro, muy duro. Conozco personalmente a parados al borde de la depresión y de la baja médica por la presión a la que se sienten sometidos por una búsqueda incesante y sin frutos.

En estos días todos asumen que en la península ibérica existe una razón básica y obvia que está provocando esta situación: la falta de producción y de exportación, la apuesta por sectores productivos de bajo valor añadido y que se hunden con facilidad. Un ‘Dorado’ constructivo que invitó a los jóvenes a salir de la cadena educativa para forrarse a costa de alinear ladrillos. Pero, ahora, ¿existe alternativa? El PSOE y el PP asumen que es necesario buscar un desarrollo económico diversificado, de alto valor añadido, exportable y que genere empleo de alta cualificación.

No cabe duda. Pero, ¿es posible? Intento poner un ejemplo ilustrativo. Un amigo, licenciado, con un master, muy inteligente y reflexivo, con ganas, trabajador… Más de dos años lleva buscando un trabajo. Asegura sentirse inútil, un estorbo. Hasta ese punto llega a cercenar las ilusiones y las esperanzas el paro. Pertenece a eso que muchos creen que puede acabar por ser la “generación perdida”. Y perdido se encuentra en un mar con pocos peces.

Y… ¿quién tiene la culpa de ello? ¿por qué cuando acude a una oferta de empleo y explica que es licenciado y tiene un master le dicen que “suerte” para la próxima? ¿cómo es posible que  le hayan dicho en una agencia de empleo temporal que ‘falsee’ su currículum y le borre tanto título porque así no encontrará trabajo?

Quizá todos tengamos desafinado el tiro. Los que prometen nuevos sistemas productivos porque tienen una juventud que es la más formada y que no encuentra su hueco, y el empresariado, porque su búsqueda de mano de obra poco se corresponde con ese empleo de alta formación que se afirma querer. Y quizá también lo tengan desafinado los propios estudiantes. No son de esa gente que según el Gobierno dejó de estudiar ante el ‘dorado’ de la construcción. Sin embargo, de poco les ha servido formarse hasta casi la treintena. ¿O es que la culpa no solo residía en el ladrillo?

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