Oye, compañero Mariano, ¿y de lo mío qué?

 

Mayo de 2008. Un Mariano Rajoy en horas bajas justo antes del duro congreso del PP en Valencia sale a flote por el salvavidas del PP almeriense de Gabriel Amat. / Manzano

Mayo de 2008. Un Mariano Rajoy en horas bajas justo antes del duro congreso del PP en Valencia sale a flote por el salvavidas del PP almeriense de Gabriel Amat. / Manzano

Corría la primavera de 2008. Un mes de mayo. Las elecciones generales del 9-M habían revalidado el liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del Ejecutivo. Y por segunda vez, Mariano Rajoy veía escapar el tren del poder. La situación es muy tensa. Y después de que Rajoy anunciara que se presentaría a la reelección como presidente del partido, Esperanza Aguirre le lanza un órdago en forma de declaraciones en las que, sin revelar si competiría por liderar el partido, afirma que trabajará para que el PP sea «el gran partido en el que caben todos los que creen en la libertad». Desde entonces y hasta que el 22 de junio Mariano Rajoy calma las aguas y revalida el cargo de la mano de Francisco Camps en un convulso congreso del partido, el PP daba señales de quiebra interna. Aguirre tensaba la cuerda. El entorno de Gallardón echaba cubos de agua. Zaplana y Acebes abandonan el barco. Y en el País Vasco hay fugas como la de María San Gil.

No eran buenos tiempos en Génova. Rajoy no conseguía dar con la tecla para volver a La Moncloa después de recibir el ‘dedazo’ de José María Aznar. Y el partido corría el riesgo de la quiebra. En ese momento y no otro, se convoca un acto público en Almería. No hay motivos aparentes:acaba de cerrarse el proceso electoral estatal y autonómico. Y los siguientes comicios, los europeos, eran 13 meses después. Amat y Arenas, Arenas y Amat llenan de militantes uno de los pocos feudos –recién estrenado, no obstante– que tenían en calma. El Teatro Cervantes acogía a un Partido Popular, el almeriense, que había conseguido recomponerse después de dos escisiones sangrantes: primero la de Megino y su GIAL, después la de Enciso y su PAL. «Tras los problemas, cuando se trabaja, hay sensatez y sentido común, se triunfa», decía aquella tarde de viernes Rajoy en un mitin que fue el primer paso para conseguir salir del ojo del huracán en el que a diario se veía inmerso por sus compañeros de mesa y carné.

De esto han pasado tres años. El PP ha pasado de luchas intestinas a cielo abierto a hacer piña en torno a un líder poco carismático, serio, sereno y poco dado a los sobresaltos. Un Gabriel Amat con menos años, más alto y con menos acento alpujarreño. Ha conseguido, en esos tres años, exponer imagen de unidad en torno a su proyecto. Devolver al cazo los garbanzos caídos por el camino. Y ahora emprende el Gobierno con unos resultados históricos para su partido.

El PP almeriense fue entonces una catarsis que templó las calientes y enojadas aguas de Génova. Y ahora que Génova es un cazo de dulce miel, quizá llegue el momento de que se repita aquella frase que algunos ‘compañeros’ socialistas pusieran de moda cuando las chaquetas de pana llegaron a La Moncloa allá por inicios de los años 80. «Compañero, ¿de lo mío qué?», decían algunos por aquellos entonces. Ahora Amat, con otro estilo, habla de su «gran plantilla». Falta por saber qué habrá de lo suyo.

Artículo publicado en la edición impresa de IDEAL de Almería el 22 de noviembre

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