Lo de las fechas tiene guasa. No hubo suficiente ‘cachondeito’ con que las elecciones, la ‘fiesta de la democracia’ -siguiendo el manido cliché tan habitual en los medios de comunicación- tuvieran lugar un 20-N. Sí, sí, ese día en el que, casualidades del destino, fallecieran José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco. No era suficiente.
El destino, o el dedo de los políticos, ha querido que la investidura del futuro presidente del Gobierno tenga lugar el 22-D. No tiene rima, no es un día 5 -y menos mal, estaría más que feo-. Pero es, casualmente, el día del más tradicional sorteo de lotería en este país. El día del Gordo de Navidad. Puede que la fecha elegida termine siendo motivo de chanza. Habrá quienes hagan sus bromas en positivo y aleguen que finalmente, el 22 de diciembre ha repartido suerte por todo el país. Pero hay quienes utilizarán eso mismo para decir que “nos ha tocado la lotería con Rajoy” o que “nos ha caído el ‘Gordo’ a todos, incluso sin echar”. Y no por el peso de Rajoy, que es muy alto, pero no es precisamente una persona con con exceso de chicha.
En cualquier caso, el 22 habrá champán en algunas administraciones de lotería. Las afortunadas que vendan el número que dos inocentes niños del colegio de San Ildefonso de Madrid griten hasta quedarse sin voz. Curioso. El mismo día 350 diputados también hablarán. Algunos descorcharán champán. Y el resto, siempre puede decir eso de: “al menos tenemos salud, que es lo importante”.
Al azar de quien pone las fechas también podrían haberle dejado elegir el día del Congreso Federal del PSOE. ¿Se imaginan que el relevo de Zapatero al frente de los socialistas tuviera lugar un 28 de Diciembre, día de los ‘santos inocentes’? O mejor aún, que fuera un día 6 de enero, día de los regalos por excelencia… Aunque, tratándose del partido de la rosa en el puño, incluso el 14 de febrero podría ser una buena fecha. Podrían los socialistas reciclar la rosa en algo más duradero que un cargo político.

