Ayer, 4D, en las calles almerienses, se respiraba ambiente navideño. La Rambla se llenaba de gente paseando entre los puestecillos del Mercado de Navidad. El Paseo Marítimo volvía a concentrar a ordas de familias que disfrutaban del sol invernal de 22 grados en el diciembre almeriense. Y desde las 13 horas, la final de la Davis concentró a la mayoría de sus gentes en torno al televisor. No vi ni un solo acto de memoria. Ni un artículo de opinión en los periódicos de la mañana. Nada de nada recordando ese otro 4D, también en domingo, el de 1977, hace ya 34 años.
Entonces llovía a mares en Almería. Así lo atestiguan las crónicas de la época. “A pesar de la persistente lluvia y los pocos actos realizados para concentrar la atención en esta fecha señalada, la participación, dadas las circunstancias, fue elevada”. “Más de diez mil”, cifra la crónica de Ideal en Almería en su edición del 6 de diciembre -el lunes, como era habitual, no hubo periódico-. “Numerosos almerienses, horas antes de la indicada para la manifestación, se pasearon por las calles con banderas y pegatinas”, una situación que llegó a generar “de forma improvisada, caravanas de vehículos adornados con verdiblancas, llamando la atención con los claxons”.
Fue el día de la fiesta blanquiverde. De la exigencia de derecho a decidir de aquellos que se habían visto obligados a emigrar por la falta de trabajo, por el escaso desarrollo industrial de su tierra. De una sociedad que convivía con un retraso secular que en nada había conseguido desaparecer el paso del tiempo. Y con una llamada casi unánime de fuerzas políticas y sindicales, un grito sin apenas disidencias. La UCD, el Partido Comunista, el PSOE, los andalucistas del entonces PSA, el Partido Liberal, las formaciones socialdemócratas PTE, PSP y MCA, así como otras formaciones menores de la izquierda como ID y OIC… Todos se unieron en el primer ”Día de Andalucía”.
“Al margen de cualquier interpretación de partido político, mediante estas breves líneas, me uno con gozo a cuanto de positivo, leal y esperanzador pueda haber en este gesto popular”, indicaba el entonces obispo de Almería, Casares Hervás, en una pastoral publicada ese domingo, 4D del 77. El mismo día en el que IDEAL publicaba esta portada:
“Exigimos para el Sur: a los de afuera, respeto e intenciones abiertas en sus intentos de aproximación a esta tierra macerada y hermosa; a los de dentro, compromiso y clamor. Ni cantos triunfalistas, ni llantos de seriales radiofónicos: honda y seria conciencia de la verdad del Sur para que su latitudinaria entidad alcance en el panorama del país la proyección a que tiene derecho”, indicaba en su editorial de portada el IDEAL, Diario Regional de Andalucía, apropiándose de las palabras del escritor Juan de Dios Ruiz-Copete. “¡Andaluces, compromiso y clamor!”, cerraba la editorial.
Por el camino se dejaba aquel 4D a José Manuel García Caparrós, que moría de un tiro en los disturbios posteriores a la manifestación de Málaga. El presidente de la Diputación malagueña, Francisco Cabeza, se había negado a que la bandera andaluza ondease junto a la española, única oficial entonces, en la sede del organismo provincial. Por contra, la de Almería, esa tierra que muchos desligan del resto del territorio andaluz, fue la primera Diputación que enarboló la blanquiverde. Así, con Andalucía en la calle, con las blanquiverdes tomando sus ciudades y pueblos, un manifestante se aupó al balcón de la Diputación de Málaga e izó la Bandera de Andalucía. Y ante la llegada de la Policía Armada, estallaron los disturbios. En la Alameda de Colón malagueña se segaba la vida del joven Caparrós, de 19 años, afiliado a Comisiones Obreras.
Fue ese el resultado sangriento de un 4D pacífico y unánime sobre el que la historia se ha encargado de escribir el resultado: el vuelco al proceso de la transición, la consulta trampa del 28F -en la que a pesar del voto afirmativo del 82,5% de los almerienses que fueron a las urnas al desarrollo autonómico pleno, la abstención promovida por la UCD invalidó el resultado, para el que se exigía la mayoría absoluta del censo y no de los votantes, algo inédito y que jamás se ha vuelto a repetir-. Su sustitución forzada para asumir la unanimidad autonomista. Y la Andalucía que hoy conocemos, que colme o no los deseos de su población, es en cualquier caso mucho mejor que la de aquellos años 70 y 80.
Pero ayer hacía sol. O eso o tenemos mala memoria.



