El domingo me quedé boquiabierto al escuchar las palabras de Cayetano Martínez de Irujo, hijo de la duquesa de Alba, propietario (él con su familia…) de 50.000 hectáreas, y miembro de una de las familias de terratenientes con más posesiones del país. Y lo hice por lo simplista de sus declaraciones, reproducidas en el programa Salvados, de La Sexta, que conduce el catalán Jordi Évole. “Gente joven que no tiene el mínimo ánimo de progresar, eso yo sólo lo he visto en Andalucía”, exponía el noble, conde de Salvatierra. No voy a entrar en sus declaraciones que se caen por su propio peso. No. No creo que merezcan que alguien dedique tiempo y esfuerzo a demostrar que sus declaraciones no se corresponden con la realidad. No hace falta que nombre los miles de millares de ejemplos de jóvenes andaluces que lideran la investigación, la innovación o las empresas en campos tan diversos como las telecomunicaciones, la medicina, la biología o cualquier otro sector de esos que se consideran pujantes.
“Nosotros no nos hemos arruinado ninguna vez porque nunca hemos sido ricos” o Andalucía “es la comunidad en la que más se ha invertido y que menos ha progresado” son solo un par de perlas más lanzadas por el madrileño y que ejemplifican, ni más ni menos, que una idea preconcebida, un cliché, una definición básica y sin argumentos. Ni más ni menos, porque son falacias. Veamos. Hay andaluces que no estudian. Juan no estudia. Juan es andaluz. ¿Tiene lógica? Ninguna. Lo mismo Juan es madrileño y gandul o catalán y sin capacidad de estudio… De ahí que cualquier generalización sea una burdo circunloquio de una idea primaria y fundada más en las preconcepciones que en números, en realidades tangibles e irrefutables.
Pero no voy a entrar más en eso. Ni en si hacer un programa basado en el PER y titulado “Cosechando subvenciones” es ya de partida un punto de vista escorado. Y tampoco voy a entrar en por qué se habla tanto del PER y de sus posibles fraudes si solo representa un 1% de los fondos de colocación del Estado. Y no voy a entrar en por qué siempre vienen esas críticas de un lado del fiel de la balanza. Voy a ir a la arena política. Y para ello voy a recordar que otros tantos lanzaron afirmaciones sobre esta vilipendiada tierra, frases duras para remarcarese ‘sambenito’ del que habla mi compañero Jorge Pastor en su blog (Patadón y tentetieso). El político Aleix Vidal-Quadras (PP), llamó a Blas Infante, declarado Padre de la Patria Andaluza por el Parlamento, “cretino integral, el más tonto de España” o “payaso”. Su compañera de filas, Ana Mato, afirmó que “los niños andaluces son prácticamente analfabetos”. El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas (CiU), dijo en sede parlamentaria que “a los niños de Sevilla, Málaga, y La Coruña no se los entiende”. La presidenta de Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre (también del PP), afirmó que “el Gobierno se ha ido a Sevilla para utilizar el dinero de los contribuyentes y dar pitas, pitas, pitas”. Durante la campaña electoral a las municipales, Joan Puigcercós (ERC), afirmó que “en Andalucía no paga ni Dios” impuestos. Y la popular catalana Montserrat Nebrera fue expedientada en su partido por decir sobre Magdalena Álvarez “tiene un acento que parece un chiste”. Lo recordaba hace pocos días Susana Díaz, secretaria de Organización del PSOE Andaluz.
Hace pocos días, Josep Antoni Duran i Lleida, diputado electo por CiU en el Congreso, afirmaba que en Andalucía se recibía un PER ”para pasar una mañana o toda la jornada en el bar del pueblo”. Y eso le costó la reprobación a sus palabras por parte del Parlamento de Andalucía. Ayer, el presidente de la Junta, José Antonio Griñán (PSOE) con motivo del premio a una foto del primer trasplantado de cara por un equipo del hospital Virgen del Rocío, mencionó: “Esta es la imagen de lo que es Andalucía y no la que se ve cuando se mira desde lo alto de un caballo”. Ahí se quedó la cosa. ¿Habrá reprobación parlamentaria? Permítanme que yo lo dude.

