Retomar la confianza

Abrir estos días los periódicos debe de generar desasosiego en una sociedad en la que la economía está como está, en la que el paro está como está y en la que la gente anda con el espíritu alicaído, con la moral por los suelos y con pocas expectativas de mejora. Fíjese en su entorno. Hablar de futuro se convierte en algunas ocasiones en un tabú, porque hacerlo es volver a sumirse en la incertidumbre a la que el entorno induce incluso a aquellos que no ven peligrar su puesto de trabajo. Así las cosas, corre uno al kiosko a por el diario por las mañanas y se encuentra en portada investigaciones por corrupción (presunta hasta que no haya sentencia judicial, por supuesto) como las que estos días son noticia en Andalucía, Valencia o Baleares y se le viene el mundo abajo a quienes aún confían en la política. Quienes rigen los designios de nuestra sociedad, aquellos que deben de liderar, en quienes deposita la ciudadanía su confianza para que le saque de la crisis, los encargados de hacer de cabezas visibles, quienes deberían de actuar de un modo ejemplarizante, en el banquillo o camino de hacerlo.

Esta situación genera desasosiego en una sociedad que se siente vilipendiada y que llega incluso a creer como generalizado eso de meter la mano en la saca. Nada más lejos de la realidad. A los que son bien pensados -e incluso a aquellos que no lo son- no les puede caber en la cabeza que la corrupción sea algo general. No puede serlo. Pero ya se sabe, la mujer del César no sólo tiene que ser casta, sino también parecerlo. Y en esto, la responsabilidad es básicamente política.

Desde hace décadas hay un clamor social en favor de una Ley de Transparencia y de Acceso a la Información Pública que no llega y que ya está en vigor en países como México. Lo han exigido en Las Cortes algunos grupos políticos como Izquierda Unida. Lo vienen reclamando colectivos sociales y profesionales (como la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, la FAPE, que volvía a reclamarlo ayer mismo en un manifiesto sobre la crisis del periodismo, pero esto son otros ‘López’). E incluso llegó a haber un compromiso gubernamental por parte del anterior presidente, Zapatero, que el adelanto electoral le impidió ejecutar.

Ahora, Mariano Rajoy tiene ese compromiso. Y cuanto antes, mejor. No es sostenible ni racionalmente comprensible que un periodista pregunte en el Congreso que cuánto se gasta la Cámara en vuelos para los parlamentarios y que se niege esa información. Eso le ocurría a varios medios recientemente. No hace días, pero sí algunos pocos meses. La sociedad no es idiota, sabe perfectamente que un diputado tiene que ir a Madrid al Congreso. Es necesario, justo, básico y lógico. Y también que, obviamente, eso le cuesta dinero al contribuyente. Pero de ahí a que se ‘esconda’ una información que es de interés público y que se paga con presupuestos públicos… Es sólo un ejemplo que se puede extrapolar a todos los ámbitos. ¿Cuántos kilómetros ha recorrido el coche oficial del alcalde de tal pueblo? ¿Cuánto se ha gastado en comida y protocolo la Consejería de tal área? Sólo eliminando cualquier rescoldo de oscurantismo se puede llegar a barrer todo rincón de sospecha

¿Entonces, a qué esperan? Son los propios políticos los que deberían de luchar por dignificar su tarea. La política es una labor digna y necesaria. Pero la dignidad viene de la mano de la confianza. Y sin transparencia absoluta, no hay confianza que valga.

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