¿Y ahora qué?

Griñán (d) felicita a Rubalcaba tras los resultados. / Foto: Julio Muñoz (Efe)

Cuando uno apuesta, puede ganar o puede perder. Si pierde, tendrá que seguir sobreviviendo con algo menos de dinero en el bolsillo. Y si gana, cosas del azar, las monedillas de más le darán más sonoridad a los pasos. Lo mismo ocurre con las apuestas políticas. El PSOE andaluz, y el almeriense, la rama oficialista, apostó por Carme Chacón. El aparato, que no el partido en Almería. Lo trasladan así las simples cuentas. A pesar del apoyo de la “amplia mayoría” de los delegados a la catalana, según indicó el propio José Luis Sánchez Teruel, secretario general de los socialistas almerienses, los números no salen. Sólo hace falta charlar con algunos de los 23 almerienses que se desplazó al Hotel Renacimiento sevillano con derecho a voto -de varias corrientes, no sólo de la oficialista- para observar que en Almería la “amplia mayoría” estuvo con la limitada mayoría (apenas 22 votos por encima) que apoyó a Rubalcaba. Y no sólo los siete de la lista alternativa que liderara Joaquín Jiménez, sino muchos más, también en la lista oficialista.

Curiosamente, esta vez Almería apostó de facto al caballo ganador. Pero oficialmente se quedó con los perdedores pro-Chacón. Igual que en el 35 Congreso, en el que el aparato trasladó abiertamente -y entonces sí por amplia mayoría- su apoyo en favor de José Bono, perdedor por 9 votos.

Lo de los números es interesante, porque muestra estrategias de partido, las del fontanería orgánica. Y estos dejan entrever un PSOE que no ha solventado la división interna que le llevara a la celebración de un congreso extraordinario el verano. Un socialismo, el almeriense, lleno de familias que fluctúan en su apoyo, que no ha alcanzado la estabilidad orgánica. Lo peor, sin embargo, para un partido que se enfrenta a una dura reválida en poco más de un mes, es que esta debilidad interna parece haberse contagiado con virulencia a otras provincias. Por ejemplo Cádiz, donde el oficialismo pierde peso frente a unos críticos que fueron mayoría en la delegación al Congreso Federal. O en Jaén… O incluso en Málaga, según trasladan fuentes socialistas. Y eso augura ahora conflictos para la elaboración de las listas para las elecciones autonómicas. Así las cosas ¿ahora qué?

Lo primero y más urgente es salvar los muebles. El 25-M está muy cerca. Y las encuestas dan los datos que dan. Los socialistas andaluces buscarán seguir en el Gobierno, aunque sea a costa de pactar con Izquierda Unida, única opción que, según las cifras de los últimos barómetros de opinión permitirían a Griñán seguir en el Palacio de San Telmo. El escollo que tienen por delante es grande. Primero por los sondeos de opinión. Y luego porque antes tendrá que intentar salir sin daños a su línea de flotación de los bravos mares de la elaboración de listas electorales.

Y después… habrá que esperar a los resultados del 25-M. Si los socialistas siguen en el Gobierno, Griñán, ahora presidente del PSOE a pesar de todo, podría obtener una reválida interna que cambiara un juego de mayorías que se ha demostrado muy débil. Y si pierde… si pierde la debilidad interna puede ser letal. No sólo para la Ejecutiva, a la que ahora se vislumbran corrientes críticas no sólo en provincias puntuales, sino en muchas agrupaciones provinciales. También para un partido que se ha alejado del discurso socialdemócrata, al que la crisis de la izquierda tradicional ha llevado a una situación muy delicada y al que los últimos resultados electorales ha dejado en su posición más débil de la reciente historia democrática.

Las lecturas del 38 Congreso son múltiples. Pero desde luego, en el caso andaluz son sólo el primer paso de lo que podría venir dentro de pocas semanas. Al menos si las encuestas están en lo cierto.

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