Dicen, cuentan, comentan, que un destacado alcalde de un gran municipio de Almería anda pidiendo a gritos ser delegado de la Junta. Lo de “a gritos” es un decir, igual que me van a permitir que defina lo que está ocurriendo con esto de los delegados provinciales como un “chou”, que dirían mis compatriotas. Cómo si no se entiende que, de forma insistente, la Junta de Andalucía, por boca de su Gobierno, reitere vez tras vez que las delegaciones siguen trabajando como hasta ahora y que sus funcionarios –Almería es muy pequeña y al final nos conocemos todos– digan justo lo contrario.
Curiosamente, es al final la realidad tangible la que da o quita razones. Y curiosamente, alguien cercano al Gobierno me dijo, hace ya un tiempo, que esto de los delegados no saldría adelante hasta que el PSOE no solucionara sus diatribas internas. Vamos, el periodo de congresos en el que está metido de cabeza y del que saldrá en pocos días. Ayer, los propios socialistas reconocían que esto sería así durante una rueda de prensa. Es más, ya en privado, me comentaba una fuente cercana a los propios socialistas, que no habrá nombramientos, al menos, hasta el próximo 17 de julio. He apuntado la fecha en la agenda. Si es así, me tocará invitar a un chérigan de atún a mi fuente.

