Aplausos que escuecen

El patio no está como para tonterías. Ayer, después de un acto organizado por el Diario IDEAL para presentar un cuadernillo especial de iniciativas para el avance económico y empresarial -que en tiempos de crisis, es un proyecto irrenunciable- conseguí arrastrar a un par de compañeros de faena a tomarnos un cherigancillo por las calles de Almería. Nos sentamos en la terraza y al lado mío escucho una airada conversación en la que pusieron a algunos políticos con nombre y apellidos verdes, como hoja de perejil. El camarero viene, toma la comanda y también escucha la conversación. Inevitablemente la comentó con nosotros dejándonos una frase suelta para enmarcar. “La gente está muy quemada, y no es para menos”.

El chico de la bandeja hacía sin saberlo periodismo del bueno, del de la calle. Había estado aspirando frases sueltas, conversaciones de barra y café mientras que los parroquianos pasan las hojas de un aceitoso periódico. Vamos, había hecho un sondeo demoscópico de esos que no fallan. Y su resumen es claro: más ‘quemaos’ que los palos de un churrero.

El IVA molesta, porque al fin y al cabo lo pagamos todos por igual. Yo me puedo comer una barra de pan, pero un rico no se come cien, así que pasa por ser uno de los impuestos menos progresivos de cuantos existen. También molesta, y mucho, a los empleados públicos, experimentar en su salario una bajada del 5,7% por perder una paga extraordinaria que muchos habían destinado a saldar el IBI de su vivienda o el seguro de su coche. Y también escuece que a los parados, el eslabón más débil de la cadena, se le rebaje su percepción por desempleo a partir del sexto mes “para animar la búsqueda activa de trabajo”. No lo digo yo, lo dijo el presidente del Gobierno en un discurso cargado de perlas de esas que llevan a la gente a soltar blasfemias al pasar las hojas del diario.

Pero lo que más escoció no fueron los discursos, sino lo que los siguió: el aplauso a unas medidas duras y difíciles (por utilizar apelativos que no salen de mi boca, sino de los propios representantes del PP). Y claro, también alguna frase suelta que se pudo escuchar en el hemiciclo y que me niego a reproducir por ecologismo verbal y sanidad democrática.

La cosa está chunga. Los recortes han a parar directamente a la clase media. Y los sonoros aplausos del Congreso no acompasan lo que deberían de ser caras de funeral: el exigir esfuerzos sobrehumanos a una población asolada por el paro y por la depresión generalizada ante un futuro en el que las esperanzas son, por decirlo de una manera suave, muy limitadas. Esa frase, “la gente está quemada”, es un diagnóstico que deberían asumir, traducir y diagnosticar quienes toman las decisiones. Porque la gente espera que sus gobernantes les defiendan, que se dejen la piel por mejorarles la vida, no que aplaudan su extenuación.

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  • josepr

    Estoy totalmente de acuerdo con este articulo que has escrito.
    me parece una falta de respeto con la que esta callendo lo de los aplausos y lo del comentario que hizo la Sª DIPUTADA.

Ideal.es

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