Los conductores novatos tenemos cosas buenas, pero la verdad es que la mayoría son malas.
Desconocemos, por ejemplo, que una calle transitable de noche puede ser, a la mañana siguiente, una calle sin salida.
Sería largo explicarlo pero anoche, cuando llegué desde Madrid (vía Sevilla) para asistir al 12 congreso regional del PP, intenté hacerme el valiente y llagar al primero de los hoteles de este fin de semana tan popular.
El hotel no tenía pérdida, según me dijeron en la agencia de viajes: está al lado de La Mezquita.
Callejear por calles estrechas, ideadas por judíos o árabes que nunca inmaginaron la existencia de los Megane y, mucho menos, de los novatos cuarentones, es una cosa y lo que me tocó anoche, otra muy distinta (ver foto).
Llegado un momento dije, ‘aquí me quedo’, no por chulería ni por cansancio sino, sencillamente, porque no sabía qué hacer para salir del lio.
Tan grave era el asunto que recé para que viniera la grúa y se lo llevara a un lugar donde yo pudiera sacarlo mejor. ‘Tranquilo, que aquí la grúa no cabe’, me dijo una vecina que tal vez lee las mentes ajenas.
Dicen que por la mañana las cosas se ven de otra manera yo, al menos en este caso, las ví mucho peor.
‘¡Cómo salgo yo de aquí!, San Cristóbal mío!’.
Me acordé de mi amiga Mercedes que cuando tiene que colgar un cuadro en su casa o hacer cualquier chapuza le dice al marido: ‘Hay que llamar a un ‘hombre”. El marido, querido amigo mio, y yo jamás hemos visto un episodio de Bricomania. Somos hombres, pero más de máquina de escribir que de andamio.
Así nos va.
Pero los milagros existen.
Un ‘hombre’ (un ángel añadiría yo) cayó en la misma tela de araña que yo, por una mala indicación.
Este ‘hombre’, al que le debo el placer de haber escuchado en directo la intervención de Ana Mato en el congreso del PP-A, se apiadó de mí y me sacó el coche marcha atrás.
Se me olvidó pedirle el nombre, pero en su furgoneta se leía ‘Construcciones y reparaciones Fernando Jiménez’. Un ángel.
