El quince, queridos amigos blogueros, me tomo unos días de descanso, no quiero enervar a nadie si digo vacaciones, no podré colgar en este balcón abierto mis humildes pensamientos, ni mis impresiones pero os prometo volver, a primeros de octubre, con un buen ramillete de nuevas experiencias, de nuevos pensamientos que tenderé al sol para
Archivado en septiembre, 2008
Sin título
Más platos El vino es otro de los grandes deleites de este pueblo, sí; el caldo de su uva moscatel, venerado en toda la comarca, era, digo era porque ya ha perdido su rancio abolengo, un prodigio de sabiduría popular y de sabor. Los tiempos han cambiado y aquella preciosista atención que los ancianos lugareños
choto
Hoy me apetece hablar de la gastronomía de mi pueblo; no son comidas que veamos en los recetarios ilustres, no son manjares de alto tronío, los condimentos y la materia prima utilizada son de andar por casa, nada de excentricidades, la base es la sencillez y los productos arrancados con tanto sudor a la tierra.
veleidades políticas
Algunas tardes de otoño son tersas como la piel de una mujer madura, llena de vida, tal vez alguna arruga pero de una brillantez y lozanía que se hacen irresistibles. Yo he conocido a más de una y me hubiera gustado liarme con ellas pero mi torpe aliño, no sólo el indumentario sino también el
la chirimoya
Septiembre está aquí con su color preferido, con su áspero albero, con el cabello revuelto y de nuevo los chirimoyas turgentes, llamativas, cuelgan de los árboles, espesos, exuberantes, esperando su cogida para refrescar los paladares más exquisitos. Es mi fruta preferida, es un manjar de dioses pero como cada año, casi inevitable, será maltratada, no
retrato de luna
Os dije que os hablaría de ella. No sé de qué raza es, no es pura, no tiene pedigrí, pero es dulce como el caramelo, cariñosa, tierna, pequeña, endeble, de ojos tristes y mirada lánguida, y plagiando a Juan Ramón Jiménez, sólo le falta hablar. El pelo de su cabeza, el lomo lo tiene ralo
el verano se va
El verano se va, dejando una sordina ocre sobre los tesos, insuflando azúcares a los ópalos amarillos de los membrillos, hostigándonos aún con un calor salobre. Siempre me ha gustado este pequeño intervalo que une el final del estío con el inicio del otoño; no es ni uno ni el otro, creo que tiene su
los moscardones
El otoño es tiempo de vendimia, época de avispas. Nunca quise tener parras en el porche, a pesar de que su jugosidad y verdura dan una umbría fresca en verano, turgentes y vistosos racimos, porque estos insectos, vestidos de amarillo y negro, revolotean amenazantes sobre las cabezas y me recuerdan a otros, no menos peligrosa

