El sol rebota lento sobre las acequias de tierra, resecas y acartonadas, que corren pastosas por las paratas de melocotoneros arrugados y pálidos. El valle es una sábana mojada con lunares de fuerte sabor a viento, las choperas empapadas de colores dorados bailan una danza cansina y el verdor ingenuo y fresco de los ribazos

