En tu seno, ahora tolerante y bullicioso, la historia, te ofreció como coso de cruentas corridas de toros, escenario de exaltados autos de fe, hoguera donde se quemaron numerosos e importantes manuscritos. Tienes un pasado bastante convulso. Eres una plaza de agitación, de cafés y romanzas, tus fachadas conservan, con bastante pulcritud, una fisonomía homogénea
Archivado en febrero, 2009
¿amor?
Fue un amor fugaz, visto y no visto, lo mismo que vino se fue. ¡No!, la primera premisa es cierta, la segunda no. Llegó raudo como el relámpago en una noche oscura y, aunque pronto se marchó, me quemó el alma, dejó un rastro abrasador su corta estancia. Fue efímero pero su huella aún perdura.
Remanso
En la tarde ondulante De la soledad del campo, Sobre tu alma estampo Sosiego dulce y calmante. Remanso de los pastores Entre ovillos ovalados. Quietud de los oradores En los conventos cerrados. Lejano viene hacia mí, Tu frágil soplo de amor De tus labios carmesí Sorbo con ansia calor. La noche lenta regresa Y entre
la maldición de los bacas
Sé en qué lugar y en qué circunstancias escuché esta extraña e increíble historia que voy a contar pero no vienen a cuento. Este relato que ha llegado a nuestros días, sin necesidad de periódicos, ni a través de la red, como ahora, sino de boca en boca, de padres a hijos, de generación en
albinus
“Érase una vez un hombre llamado Albinus, que vivía en Berlín, Alemania. Era rico, respetable y feliz. Un día abandonó a su mujer por una amante joven, amó, no fue amado; y su vida acabó en un desastre…” Albinus, harapiento, desvalido, casi pisando el dintel de la muerte, recostado en un banco de un parque
el mareo
Los vasos crepitaron en las mesas como las cepas de la vid lo hacen cuando son abrazadas por el fuego en la chimenea, en una noche cruda de invierno, los gritos decrépitos salieron de las gargantas puntiagudos, el horror levantó una polvareda opaca que se extendió por la terraza como una sábana grisácea. Nadie sabía
Río Genil
Ayer versos, hoy un paseo por este río tan nuestro Real y Guanón son riachuelos fríos y agrestes que muy poca gente conoce. Estos dos infantes se unen en las faldas de la gran sierra, portando cada uno las lágrimas heladas de los dos colosos, Mulhacén y Veleta, y llegan a Granada, llamándose Genil, donde
quiero bajarte la luna
no son días de rosas, hay mucha espina en el camino, pero como hoy toca cuaversos, aquí cuelgo este pequeño poema como gota de miel que endulce , al menos este día, amigos. Quiero bajarte la luna, Sí, la luna morada Que en las cintas de la tuna Sube a tu balconada. La que escondida
hay que hacer algo
¿Qué está pasando?, ¿Cómo es posible que tengan tanta cara los empresarios españoles?, ¿por qué tanto cierre?, ¿dónde están las plusvalías de los años pasados? No caben componendas trabajadores, no se puede echar un zurcido a la estructura económica actual y que todo siga igual. Tenemos que forzar un nuevo sistema, debemos buscar una nueva
un día con lastimero
Un clarín de rigor me grietea la dormida armonía, un rejón helado hace saltar la alarma de la tardía modorra en la que me encerró el cansancio, el terco insomnio. Los ojos ensangrentados de Helios otean ya, desde las cumbres de los tesos, las laderas frontales, los llanos salteados de maíz descuajado, las copas de

