Permítanme que les cuente una anécdota: Rafael, insigne pinto italiano -no confundir con la Tortuga Ninja-, paseaba a menudo por Urbino, su pueblo natal, buscando nuevas caras que pintar. El tipo, que no era tonto, se iba a por las más guapas del barrio y les decía: “Bellísima donna, ¿podría un servidorini capturare su linda

