No puedo negarlo. Ha sido un jarro de agua fría. Como ayer decían muchas familias de represaliados por el franquismo, “tanto para esto”. Literalmente Garzón ha puesto un caramelo en la boca de un niño que nunca imaginó el sabor dulce del azúcar para, después de contarle sus beneficos, su rico sabor, la maravillosa experiencia

