Martín Favelis

Lo reconozco. Quiero a ese hombre. No sé si será su porte, su pelirroja barba, su acento ultramarino, su ironía genética o su afecto natural. Quizás el recuerdo de aquel jamón. No sé. Pero quiero a ese hombre. Y ayer tuve ocasión de poder compartir en estas calles del foro un abrazo, unas risas y unas canciones de rock hebreo con el singular Martín Favelis. Aún con olor a saque en su aliento y su mano incorrupta por haber apretado la de Sánchez Dragó, Martín y yo nos dimos el correspondiente abrazo en la puerta del cuartel general del Ejército del Aire, en Moncloa, con la placa del Caudillo por testigo y un arco de la victoria mirando de soslayo. Quién coño puede dar más.

Debo decir que me hizo mucha ilusión poder hablar con él en Madrid. Todo era muy extraño. La última vez que estuvimos juntos me hizo un entrañable regalo y nos tomábamos unas cervezas mientras embaucaba a todos los reunidos con la fuerza de su verbo.

Ayer hablamos de proyectos, de cursos de verano, de objetivos a medio plazo, de puertas que se abren, de otras que se cierran, y todo ello sin dejar de reír. Hasta el final. Música en hebreo para poner una nota dedespedida divertida y, claro está, la vacilada de un argentino tremendo: bajar la ventanilla y saludar a una tipa que conocía, así, de repente, como por las buenas. Un genio, sin duda.

Un saludo desde mi jardín

Bomarzo Favelisiano

El trasunto del jardín se da una vuelta por las tripas de Madrid. Pincha aquí.

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