El otro día fuí a cortarme el pelo. Prosaico ¿verdad? Pues no creáis. Durante 33 años nunca me he tenido que preocupar de esa circunstancia. Mi padre, peluquero profesional, se encargaba de tal menester y con un resultado excelente. No es responsabilidad suya mi incipiente alopecia. Pero ya no puede ser. Ya no es posible

