El miércoles se celebró el día del libro. No deja de ser un día triste. Como algunos aniversarios de boda. Hay matrimonios que llevan años sin besarse y celebran el hecho de llevar veinticinco años soportándose. Como si el amor cupiera en un solo día. Un día que es una excusa para olvidar sin que nos duela la conciencia. Nos pasamos semanas organizando el cumpleaños de nuestros hijos y no somos capaces, muchas veces, de dedicar diez minutos al día para hablar con ellos de lo más importante, es decir, las tonterías de cada día. Esas tonterías en las que está la vida. Si leyéramos durante otros diez minutos cada día, además de unos minutos de descanso tendríamos un tema más para hablar con nuestros hijos, nuestra pareja o nuestros amigos. En muchos casos la celebración del día del libro es un acto de hipocresía. Hay muchos libreros, bibliotecarios, editores, encuadernadores, gestores culturales, profesores, artistas y políticos que no leen. Todos ellos celebran el día del libro. Además un libro es un simple objeto, igual que un bolígrafo, unas zapatillas para correr o un reproductor de música. Aunque es cierto que es un objeto muy seductor, igual que un sujetador o una cama. Lo importante son las dosis de felicidad que sepamos encontrar en las cosas, el porcentaje de materia que seamos capaces de hacer inmaterial, que seamos capaces de convertir en sentimientos, sueños, recuerdos, alegría, conocimientos, risa, excitación, tranquilidad. Desconfío de todos aquellos que desconfían de los nuevos formatos de lectura, porque a los que nos gusta leer, nos gusta leer como sea. Nos gustan las hileras de letras que nos cuentan historias, encuadernadas o abiertas sobre un monitor luminoso. Y otra cosa: Cervantes y Shakespeare no murieron el mismo día, se trata de una broma del calendario gregoriano. Shakespeare murió el tres de mayo de 1616. Es curioso ese interés nuestro en celebrar las muertes. Es curioso ese interés en celebrar lo que nos gustaría hacer y no hacemos. Mi consejo es que olviden el día del libro. Saquen siempre que puedan el tiempo que puedan para leer. Compren libros o pídanlos prestados, para eso están los amigos y las bibliotecas. Lean todo lo que puedan, pero no pierdan su tiempo con un libro que no les guste. Lean libros y periódicos, internet y blogs, revistas y tebeos, folletos y menús, en el móvil o en el ordenador, en papel o en cristal, lean o escuchen. Y dediquen el 23 de abril, día del libro, a descansar de leer… si es que para entonces, después de un año leyendo, pueden dejar de leer un solo día.
Y ya que estamos con los libros, ¿qué mejor que hablar de amor?: El amor es silencio y sin oxígeno, muere.

