Yo también he leído El Principito, espero no llegar tarde

Es la tercera vez que leo El Principito. No es un juego de palabras con eltercero. La primera fue con catorce años, en verano, por “recomendación” de mi profesora de ciencias sociales. En aquel tiempo las recomendaciones de los profesores eran traducidas por los padres en obligaciones para los hijos. Pero después del verano nos mudamos al sur y la lectura del libro no sirvió para cumplir ningún deber ni sugerencia. Sirvió para que un adolescente de catorce años leyera su tercer o cuarto libro. Digamos que fue eltercero. Lo cual no es poco. Pero el hecho de ser un libro recomendado y la premura de la vida que se abría paso como el viento de levante, hicieron que lo olvidara sin tan siquiera tratar de pensar en él. La segunda vez fue hace unos tres años y lo leí en formato PDF en el ordenador. En el trabajo alguien me recriminó cierta dejación por ignorancia con una frase retadora: “Se nota que no has leído El Principito.Creí entonces que el libro debía tener una filosofía escondida de aplicación empresarial como El arte de la prudencia de Baltasar Gracián o El arte de la guerra de Sun Tzu. Con que trivialidad se emplea la palabra arte. Pero no encontré ninguna idea que me hiciera salir victorioso en aquel duelo profesional. La última vez ha sido esta tarde. Y he de decir que tampoco he entendido mucho, pero me he reído bastante. No sé si será por mi propósito de limpiar de melancolía mis palabras o porque creo que se trata realmente de un libro divertido. Sí, hay ciertos momentos de cierta pena, pero como en cualquier libro de humor. Está lleno de ingenio, un ingenio sutil que el autor utiliza para hacer una crítica fantástica de ciertas manías y defectos del género humano, como la vanidad, el interés por ahorrar tiempo o acumular riquezas sin valor. Con la anécdota del astrónomo al que nadie hace caso hasta que no viste de forma elegante, la visita que recuerda al planeta desierto donde solo el eco le contesta o la historia del mercader de píldoras que aplacan para la sed, son algunos ejemplos divertidos. Pero además de un libro de humor es un gran tratado de filosofía, vamos un libro para pensar y comprender. El rey solitario pronuncia unas palabras en la página cuarenta y ocho que son para enmarcar: “La autoridad reposa, en primer término, sobre la razón”. O las del zorro de la página ochenta y siete: “Un rito es lo que hace que un día sea diferente de los otros”. Es un gran libro, sobre todo porque es un libro pequeño, escrito con precisión. Lo que se me ha hecho difícil es entender a alguien que no para de preguntar y nunca responde.

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