Esta noche ha caído el alquiler de esta mirada. Se han roto los espejos del dormitorio igual que rastros de saliva. Tu rímel llovía sobre las sábanas, la lluvia oscurecía tus ojos. Junta a mi garganta te escondiste acurrucada a la luz de las bombillas. La almohada brilla con los trozos esparcidos de mis ojos y hasta el techo se extiende el olor que han ido dejando mis sueños. En el vaso se derrite por la mañana el hielo y brillan hasta el mediodía trozos de naranja como besos olvidados.

