Cada día tiene sus sabores. Parecen los mismos a fuerza de repetirse, pero cuando el intervalo se altera nuestro sentido del gusto se afila, como un bisturí reciente recorriendo la piel. La duda sabe a metal, como la sangre. Su paso por boca es rápido, pero en el estómago se deshace en golpes y traqueteos.

