Con la excusa de darnos cobijo la arquitectura nos envuelve, nos empaqueta. Unas veces como cartones de cereales y otras como pasteles de hojaldre quebradizos y volátiles o bombones diminutos. Hay fábricas en las que daría gusto vivir, edificios de oficinas en los que es posible hallar la ternura de una playa, pisos construidos para

