El tiempo ha roído las estrellas de nuestro hotel hasta dejar romas sus puntas. Los vastos salones y vestíbulos, de una enormidad desalmada, contrastan con las habitaciones, diseñadas con tacaña exactitud, sin sorpresas, sin novedad en el frente. Tienen lo justo, teniendo en cuenta lo necesario en otro tiempo, porque la moqueta desvaída vivió su

