La arquitectura nos lleva de viaje a través de nuestras contradicciones. Desde el Paralelo, en un sombrío funicular, llegamos al Castillo de Montjuic, como un acantilado sobre el mar donde los elementos de disuasión han sido suplantados por una ficción de jardines y senderos; y, de allí, por un camino entre arboledas descubrimos un edificio

