Podemos ser parte del problema o parte de la solución, incluso podemos desintegrarnos en el paisaje. El conflicto es tan natural como el hambre o el deseo de disfrutar de la belleza. Tan cierto como que casi todas las soluciones derivan por las aguas del tiempo hasta surgir convertidas en jóvenes problemas. Quizá por eso hay cada vez más personas que se instalan de alquiler en el problema, con sus ramificaciones infinitas, sus consecuencias calladas y ocultas, en el problema cuya solución o causa siempre está en otros, en un “ellos” invisible como el magma ardiente que vibra bajo la tierra.
(La ¿solución? en un click)

