Decía Miguel Delibes que la única patria es la infancia y, aunque el paso de las estaciones la va convirtiendo con suavidad en una habitación oscura en la que caben todos los recuerdos de la felicidad, reales o fantásticos, es la despensa de toda creación, el almacén de los sueños con sonrisa, la alacena en la que se guardan, un poco desordenadas, casi todas las historias, sin más etiquetas que una diapositiva fugaz como un cometa que cruza el firmamento de nuestros ojos cerrados. Dice mi hijo mayor que no existe la inspiración, pero sí existen las musas

